Subir el salario mínimo es un suicidio

El Gobierno de coalición que conforman PSOE y Podemos viven en un estado de alta tensión permanente debido a los constantes tiras y aflojas que protagonizan sus diferentes ministros y, aunque la decisión final recae en Pedro Sánchez, lo cierto es que, hasta el momento, Pablo Iglesias ha logrado sacar adelante buena parte de sus demandas, especialmente en materia económica, a pesar del rechazo frontal de algunos de los pesos pesados del Ejecutivo, como es el caso de Nadia Calviño, María Jesús Montero o José Luis Ábalos.

La ausencia de convicciones y principios ideológicos que profesa Sánchez, cuyo principal rasgo es su desmedida ambición de poder, hace que poco o nada le importen las nefastas consecuencias que traerá consigo implementar parte del programa de Podemos.

El penúltimo choque acontecido en el seno del Gobierno tiene su origen en la subida del salario mínimo. La rama comunista, con Iglesias y su ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, al frente, presionan para elevar, una vez más, el SMI, usando como excusa la revalorización de las pensiones y de los sueldos públicos, fijada en el 0,9% para 2021.

Pero el PSOE se resiste porque, según alegan, no es el momento adecuado para incrementar el coste laboral de las empresas.

Una dificultad para generar empleo

La cuestión es que el salario mínimo es un error en sí mismo, motivo por el cual o bien no existe en muchos países ricos o bien se introducen alternativas y excepciones para esquivar su estricta aplicación. Intervenir precios siempre acaba mal y los sueldos no son una excepción.

Fijar un umbral mínimo por debajo del cual se prohíbe contratar no sólo destruye empleo, sino que dificulta enormemente la creación de nuevos puestos de trabajo, perjudicando, además, a la población más débil, como los jóvenes, los parados de larga duración y los trabajadores con escasa cualificación.

El nivel salarial depende, en última instancia, de la productividad. A mayor productividad, más sueldo.

El problema surge cuando el precio real de lo que produce el trabajador en cuestión, que no es más que lo que están dispuestos a pagar los consumidores por su servicio, se sitúa por debajo del SMI que establece de forma arbitraria un político, ya que en tal caso la empresa perderá dinero y, por tanto, acabará prescindiendo de ese puesto.

50.000 personas afectadas por la subida del SMI

Esta es la razón por la que el Gobierno no fija el SMI en 2.000, 3.000 ó 4.000 euros al mes. Es consciente de que una subida de ese calibre se traduciría inmediatamente en despidos masivos y un ingente mercado negro. No afectaría en nada a los que cobran por encima de esas cantidad, pero sí, y mucho, a los que están por debajo.

Tras las históricas subidas aplicadas en los últimos años, próximas al 30%, el salario mínimo en España es de 950 euros al mes. Eso significa que las personas cuyo trabajo no valga esa umbral están condenadas al paro o a la precariedad más absoluta.

Las primeras estimaciones disponibles, como la de la AIReF, concluyen que la elevación del SMI a 900 euros en 2019 destruyó entre 19.000 y 33.000 empleos, siendo los jóvenes y las regiones con sueldos más bajos los más perjudicados.

Si a ese impacto se suma la subida aprobada en 2020, es muy posible que más de 50.000 personas se hayan visto perjudicadas directamente por esta medida.

La previsible victoria de los expertos en miseria

Y si fue negativo en 2019, cuando la economía española aún crecía, hacerlo ahora, en medio de la mayor crisis económica desde la Guerra Civil y con decenas de miles de empresas quebradas o al borde del cierre, supone un absoluto suicidio.

Tanto es así que hasta el PSOE, artífice de los irresponsables aumentos previos, lo ve con malos ojos.

El problema, sin embargo, es que Sánchez hará únicamente lo que favorezca sus propios intereses y, ante tal tesitura, dado que necesita aprobar como sea los Presupuestos de 2021, es muy posible que acabe cediendo de nuevo a las insensateces de Podemos, expertos en generar hambre y miseria allí donde sus ideas se han terminado imponiendo, si las presiones de Iglesias continúan.