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El departamento de Governación vive un enfrentamiento interno, con Josefina Valls, la mujer del consejero Baiget, que se lava las manos y no activa el proceso

Manel Manchón

Economía Digital

Los líos del gobierno de Carles Puigdemont lo dejan, por ahora, sin urnas para el 1-O. EFE/Marta Pérez

Barcelona, 28 de junio de 2017 (06:55 CET)

Sí, pero no. Se acelera, pero nadie quiere asumir responsabilidades directas. Ese es el problema ahora en el seno del Govern, por lo menos en los departamentos que deben tomar decisiones. La bronca interna en el Govern, por tanto, impide la compra de urnas, con un bloqueo en el departamento de Governación, que dirige la consejera Meritxell Borràs, y que ya tiene una querella por haber iniciado el proceso de homologación de empresas para adquirir las urnas para el referéndum del 1 de octubre.

La portavoz del Govern, Neus Munté, aseguró, tras conocerse que el Govern había declarado desierto el concurso para comprar las urnas, que se trata sólo de una decisión debida a la poca solvencia de las empresas que se habían presentado, lo que nos la deja en un buen lugar. “De acuerdo con la ley de contratos, las empresas no han podido acreditar los mínimos necesarios para ganar el concurso”, afirmó.

En Governación todo son recelos, nadie quiere tomar decisiones y las urnas sin comprar

Pero el problema es otro. El departamento de Governación vive todo el proceso de organización del referéndum con temor. Lo que se ha producido es un enfrentamiento interno, con un malestar creciente entre altos funcionarios y cargos de confianza de Governación que se dirige hacia la directora de servicios del departamento, Josefina Valls, que, según apuntan varias fuentes, se ha distanciado del asunto de la compra de urnas, y no ha participado en las mesas de contratación. Tampoco se muestra dispuesta a entrar en otras cuestiones sobre la organización del referéndum. Valls es la mujer del consejero de Empresa, Jordi Baiget, también muy discreto durante todo el proceso soberanista.

Es decir, existe en el seno del Govern un freno de mano, que se va activando, y que, en estos casos, corresponde a dirigentes del Pdecat. El presidente Carles Puigdemont no deja de tirar del carro, con una determinación total, pero, internamente, las cosas se deben activar, y no parece que esa sea la tónica. Ha ocurrido con otros asuntos, como el voto por correo para los catalanes en el extranjero, con afirmaciones cruzadas entre la consejera Borràs y el consejero de Relaciones Institucionales, Raül Romeva, sobre quién debe hacerse responsable de activar ese voto.

Borràs tiene dudas, que se evidencian también con las declaraciones cruzadas con Romeva

El discurso oficial es otro. Es que todo sigue adelante, con toda la buena voluntad que le pone la portavoz del Govern, Neus Munté. Según Munté, “habrá urnas el 1 de octubre, la determinación de comprar urnas se mantiene intacta. También la idea de que Puigdemont se explique en el Congreso, para dar cuenta de “por qué se ha llegado hasta aquí”.

Los consejeros de Esquerra, el propio vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, y la dirección del partido mantienen un perfil discreto, dispuestos a llegar hasta el final con el referéndum, pero observando con atención todos los pasos de su socio, el Pdecat, y del propio Gobierno que preside Mariano Rajoy. Todo se deja ahora para el 4 de julio, cuando Puigdemont y Junqueras, en el Teatre Nacional de Catalunya –una obra que supuso la culminación del proyecto nacionalista de Jordi Pujol-- ofrezcan las “garantías” del referéndum, con detalles sobre cómo se podrá ejercer el voto. Pero detrás del escenario, las diferencias aumentan, los recelos son grandes, y nadie tiene “garantías” de qué se puede llegar a celebrar el 1 de octubre.

La CUP se declara "perpleja" y carga contra los "pusilánimes" que no compran urnas

Quien no ha querido esperar ni un segundo es la CUP. La formación anticapitalista no tiene manías. Retirará su apoyo parlamentario a Puigdemont si no se celebra el referéndum, con lo que mandará un mensaje diáfano para que se convoquen elecciones de inmediato. La presidenta del grupo parlamentario de la CUP, Mireia Boya, fue contundente. “Sólo podemos mostrar nuestra más absoluta perplejidad”, aseguró, respecto a ese bloqueo en la compra de las urnas. “Por el procedimiento que sea pero debe comprar urnas y decir que son para el referéndum, basta de pusilánimes que buscan subterfugios, nos da igual como las compre, es su trabajo”, constató Boya, que pidió “urnas clásicas, homologables a nivel internacional”.

El cabreo de la CUP fue tan grande que provocó una reunión de todo el bloque soberanista en el Palau de la Generalitat, con Puigdemont tratando de calmar las aguas.

Las próximas semanas serán intensas, porque en el seno del Govern no todos ven las cosas de la misma forma. Por ello han comenzado a surgir ideas para que esa compra de las urnas sea firmada por todo el Ejecutivo. En cualquier caso, ahora la pieza a la que se le acusa de todos los males es Josefina Valls, aunque ella pueda responder, en realidad, a otras indicaciones de sus superiores.  

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