El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, a quien Rajoy y Sánchez esperan hasta el último momento para que convoque elecciones. EFE/Alberto Estévez

Rajoy y Sánchez ejecutan un 155 ‘lento’ a la espera de Puigdemont

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El gobierno y los socialistas acuerdan aplicar el 155 de forma lenta, y negocian cómo suspenderlo si Puigdemont convoca elecciones en el último momento

Manel Manchón

Economía Digital

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, a quien Rajoy y Sánchez esperan hasta el último momento para que convoque elecciones. EFE/Alberto Estévez

27 de octubre de 2017 (04:55 CET)

Carles Puigdemont anunció este jueves una convocatoria de elecciones, pero no la ejecutó. La presión de Esquerra Republicana y de todo el bloque soberanista le llevó a desdecirse. Y quien ejecutará la aplicación del artículo 155 de la Constitución será el Gobierno, conjuntamente con el PSOE, tras llegar a un acuerdo en la comisión del Senado para modificar el redactado inicial, con enmiendas que van en tres direcciones: la primera, la voluntad de ejecutar un 155 “lento”, proporcional y en función de los pasos que dé el Gobierno catalán; la segunda con la idea de no intervenir en los medios públicos de comunicación de la Generalitat; y la tercera es la más decisiva, la posible suspensión del 155 si Puigdemont acaba convocando elecciones.

¿Se descarta? No, los equipos del Gobierno, capitaneados por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y de Pedro Sánchez, con una importante negociación por parte de Miquel Iceta, mantienen la posibilidad de que Puigdemont acabe convocando elecciones autonómicas.

La vicepresidenta del Gobierno está en esa línea. También Rajoy, que sabe de la complejidad de poner en marcha un articulo desconocido, que nunca se ha aplicado y que supone, en la práctica, la suspensión del autogobierno de Cataluña. Los negociadores en el Senado del PP y del PSOE ultimaban esa enmienda que no se recoge en el texto ya redactado, sino que se introduciría en la mañana de este viernes en el plenario. El PP, sin embargo, exigía en las últimas horas de la noche de este jueves que se introdujera un firme compromiso para “volver a la legalidad”, además de convocar elecciones.

Los republicanos se cargaron la posibilidad de la convocatoria electoral de Puigdemont

En el otro lado estará Puigdemont. Mantiene su potestad de convocar, pero las cosas han cambiado desde su primer anuncio en la mañana de este jueves. Sin poder imponerse a Esquerra, que ejerció una terrible presión, con auténticos atentados verbales por parte, por ejemplo, del diputado Gabriel Rufían –elecciones por “155 monedas de plata”, Puigdemont no supo liderar una opción que podía haber desatascado todo el conflicto. Aludió a la “falta de garantías” por parte del Gobierno para retirar el 155, pero lo que pesó es la feroz presión de los republicanos y de las entidades soberanistas, que hace tiempo que se han convertido en una roca que nadie se atreve a mover. También pidió que la Fiscalía moderara sus pasos, que Jordi Cuixart y Jordi Sànchez fueran liberados, y que la Policía, instalada en los barcos en el Puerto de Barcelona, abandonaran la ciudad.

Puigdemont, incapaz de asumir su responsabilidad, la cedió al Parlament, para que este viernes acabe votando distintas resoluciones, entre ellas la declaración de independencia. Eso provocó, sin embargo, la dimisión de un primer miembro del Govern, el consejero de Empresa, Santi Vila, que ya había dado muestras de que no toleraría una DUI, como avanzó Economía Digital.

Las llamadas han sido constantes, con un encuentro en la noche del jueves entre Puigdemont y Miquel Iceta, para buscar una última grieta. Esos contactos se sucederán hasta el final, con la esperanza de que una convocatoria electorial podría reconducirlas las cosas en el Senado.

La votación de la DUI en el Parlament no está asegurada, Forcadell no quiere

Rajoy y Sánchez esperan a Puigdemont. El texto no se cerrará hasta el último momento en el plenario de la cámara alta, con esa enmienda que se irá cocinando hasta que se confirme que Puigdemont da un paso.

En caso contrario, el Parlament irá avanzando, a lo largo de la sesión de este viernes, para declarar la independencia, sin que se sepa, todavía, si acabará o no en una votación. La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, no está por la labor, y los letrados han dejado claro a los diputados que la votación tendrá consecuencias judiciales severas. Pero el propio grupo de Junts pel Sí ha pedido a los alcaldes soberanistas que acudan al Parlament, con sus varas de mando, con la idea de celebrar una jornada que se considera, una vez más, histórica.

Rajoy ha convocado a su consejo de ministros para la misma tarde de este viernes. Y ejecutará lo que apruebe el plenario del Senado, con o sin enmienda de suspensión. Podría ocurrir, según fuentes del Senado, que se llegara a una “supervisión” de la Generalitat, sin acabar de intervenirla. Pero eso sería entendido como una agresión para el soberanismo, con lo que se podría iniciar un periodo de una enorme inestabilidad.

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