El campo valenciano mira al espacio para anticiparse a las plagas

AVA-ASAJA y la Universitat de València ensayan con satélites, drones e inteligencia artificial para detectar plagas como el cotonet en los cultivos

Imagen: Envato

Los satélites pueden detectar que algo no va bien en los cultivos antes de que el agricultor vea las consecuencias en la cosecha. Esa es una de las líneas de investigación que se están desarrollando en la Finca Sinyet de AVA-ASAJA, donde investigadores de la Universitat de València trabajan para llevar la teledetección e inteligencia artificial al campo.

El objetivo es utilizar la información que captan los satélites junto con datos obtenidos de drones y sensores sobre el terreno para seguir la evolución de las plantaciones, localizar problemas y estudiar si detrás de ellos puede haber una plaga.

La teledetección, en la que se basan los estudios, consiste en obtener información sobre el cultivo sin necesidad de examinarlo directamente. Los sensores instalados en los satélites analizan cómo reflejan la luz las plantas para obtener información sobre su estado. Luego, con la inteligencia artificial se analizan los datos y se identifican patrones.

Una de las investigaciones que se llevan a cabo en Sinyent se centra precisamente en los cítricos. En el marco del proyecto Agroalnext, la alianza entre ambas entidades han desarrollado un algoritmo para la detección temprana de plagas como el cotonet

Imagen: Envato

El cotonet no se trata de un problema menor. Venido desde Sudáfrica, se detectó por primera vez en España en 2009, en Benifairó de les Valls. Doce años después, en agosto de 2021, la Generalitat declaró oficialmente la existencia de la plaga en las comarcas citrícolas de la Comunidad y aprobó medidas para tratar de contenerla. 

El sistema no consiste en que un satélite pueda identificar directamente un insecto desde el espacio. Lo que busca son cambios en la respuesta de la vegetación que puedan indicar que la planta está sometida a algún tipo de estrés. Esas señales se comparan y analizan mediante modelos que permiten localizar zonas que pueden requerir una revisión más detallada por parte de los agricultores.

Aunque el desarrollo de este modelo en los cítricos resulta más complejo que en otro tipo de cultivos. Al tratarse de árboles, con estructura más compleja que otros cultivos, como el cereal, se debe tener en cuenta cuestiones como la orientación de las hileras, la posición del sol o el ángulo con el que el satélite observa el campo

Factores en este tipo de cultivos, como la sombra que producen las copas de los árboles o los espacios entre las plantas, pueden afectar a las señales que recibe el sensor y, por tanto, al modelo. De ahí que la importancia de las algoritmos y la identificación de patrones sea clave en el proceso.

El trigo, bajo vigilancia del satélite

La Finca Sinyent también está sirviendo como campo de pruebas en la mejora de la fertilización de la siembra. En una parcela de trigo se han aplicado distintos niveles en la aplicación del abono para comprobar cómo responde el cultivo en cada caso.

Los investigadores diseñaron las parcelas de forma que coincidieran con los píxeles de las imágenes del satélite Planet. Cada píxel corresponde a una pequeña superficie del terreno, de modo que esta disposición permite comparar lo que ocurre en cada parcela con los datos que el satélite obtiene desde el espacio. 

Imagen: Envato

Esta línea de trabajo está vinculada a NASA Harvest, el programa de agricultura de la NASA que también utiliza imágenes de satélite, inteligencia artificial y otras fuentes de datos para mejorar el seguimiento de los cultivos y las estimaciones de producción agrícola. 

La observación desde el espacio permite así obtener información de grandes superficies que sería mucho más difícil recopilar únicamente mediante inspecciones sobre el terreno.

Cabe aclarar que el interés de estos estudios van más allá de detectar plagas. La combinación de imágenes y datos también pueden servir para identificar zonas con poca fertilidad antes de sembrar, seguir el desarrollo de los cultivos o anticipar el uso de recursos como el agua o los fertilizantes.

Con ello, se busca que el agricultor, sobre el terreno, pueda actuar antes de que los problemas sean visibles, además de poder optimizar los recursos de manera más eficiente.

El presidente de AVA-ASAJA, Cristóbal Aguado, defiende que la innovación se ha convertido en una necesidad para garantizar el futuro de las explotaciones. La organización considera que la colaboración entre agricultores y centros de investigación puede ayudar a desarrollar herramientas adaptadas a problemas como las nuevas plagas, las condiciones climáticas extremas o la escasez de recursos. 

“La innovación ya no es una opción, sino una necesidad para garantizar el futuro de nuestras explotaciones”, señala Aguado.

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