Merlin encuentra inquilino para Lisboa y negocia más potencia para la Gigafactoría de IA
Merlin trabaja con el Gobierno luso para hacer compatible un alquiler privado con el proyecto de la gigafactoría europea
El CEO de Merlin Properties, Ismael Clemente.
Merlin Properties ha despejado una de las principales incógnitas sobre su proyecto de centros de datos en Lisboa. La compañía ya cuenta con un cliente privado para ocupar el campus portugués, aunque mantiene abiertas las negociaciones con el Gobierno luso para que ese mismo desarrollo pueda albergar también la futura Gigafactoría de IA impulsada por el Ejecutivo.
El principal obstáculo no es comercial, sino energético: la disponibilidad de potencia eléctrica suficiente para compatibilizar ambas iniciativas.
El consejero delegado de la socimi, Ismael Clemente, explicó durante la presentación de resultados ante analistas que Merlin continúa comprometida con convertirse en la sede del proyecto portugués de inteligencia artificial, pero dejó claro que la compañía no depende exclusivamente de esa iniciativa para rentabilizar su inversión en Lisboa.
«Seguimos comprometidos a proporcionar un hogar a la Gigafactoría portuguesa«, afirmó el directivo, antes de explicar que la empresa está trabajando para que el proyecto público y el acuerdo alcanzado con un cliente privado puedan converger en un único desarrollo.
Las declaraciones llegan después de que varios analistas preguntaran por el cambio de clasificación del activo de Lisboa, que ahora figura íntegramente en fase de negociación. La duda era si esas conversaciones respondían únicamente a la Gigafactoría de IA o si Merlin mantenía negociaciones paralelas para alquilar el campus.
La respuesta de Clemente fue contundente. La compañía dispone de un acuerdo con un cliente privado y está intentando hacerlo compatible con el proyecto estratégico promovido por el Gobierno portugués.
El ejecutivo explicó que ambas operaciones podrían terminar convirtiéndose en una sola si las conversaciones prosperan. «Con el tiempo podría ser lo mismo y una sola cosa», señaló durante la conferencia, dando a entender que la aspiración de Merlin pasa por integrar tanto las necesidades del cliente privado como las del proyecto público en un mismo campus de centros de datos.
La clave de esa integración reside en la capacidad eléctrica. Clemente detalló que la empresa está solicitando un incremento de potencia a la autoridad responsable de la red nacional portuguesa para poder ampliar el suministro disponible en el complejo.
Según explicó, la idea consiste en asignar en el futuro parte de esa nueva capacidad eléctrica al proyecto público de la Gigafactoría, mientras el cliente privado desarrolla inicialmente su actividad en el campus. Esa fórmula permitiría satisfacer las necesidades de ambas partes sin necesidad de desarrollar infraestructuras independientes.
El directivo evitó ofrecer plazos sobre cuándo podría resolverse esa negociación, aunque insistió en que existen distintas alternativas para alcanzar un acuerdo satisfactorio. «Hay varias formas de conseguirlo y eso es precisamente lo que estamos intentando», resumió.

Las declaraciones también despejan otra cuestión relevante para el mercado: el riesgo comercial del proyecto portugués. Durante la ronda de preguntas, un analista planteó expresamente qué ocurriría si finalmente la Gigafactoría de IA no llegara a materializarse y preguntó si Merlin disponía igualmente de un contrato para seguir adelante con el desarrollo del campus.
La respuesta volvió a ser inequívoca. «Sí. Es exactamente como dices», respondió Clemente antes de confirmar que la compañía cuenta con «un acuerdo privado con un cliente privado». Con esa afirmación, el consejero delegado dejó claro que el desarrollo de Lisboa no depende exclusivamente del éxito del proyecto impulsado por el Gobierno portugués.
Merlin reduce riesgos en Portugal
En la práctica, la estrategia de Merlin pasa por reducir el riesgo de ejecución del activo mediante un cliente privado ya identificado, mientras mantiene abierta la puerta a incorporar posteriormente la Gigafactoría nacional si consigue la potencia eléctrica adicional que necesita el campus.
El mensaje supone un cambio respecto a la percepción que existía hasta ahora sobre el proyecto portugués. Hasta la fecha, gran parte del interés inversor se centraba en la posibilidad de que Lisboa acogiera la futura infraestructura estratégica de inteligencia artificial del país.

Sin embargo, las explicaciones ofrecidas por Clemente muestran que Merlin ha avanzado de forma paralela en la comercialización del activo y que ya dispone de una demanda privada capaz de sostener el desarrollo incluso si la iniciativa pública se retrasara o terminara modificándose.
De este modo, el principal frente de negociación deja de ser la búsqueda de un inquilino y pasa a concentrarse en la disponibilidad de energía. La obtención de más capacidad eléctrica permitirá determinar si el campus portugués puede albergar simultáneamente el proyecto privado y la Gigafactoría de IA, una operación que, según el propio consejero delegado, podría acabar convirtiéndose «en una sola cosa«.