La planta de Celsa en Castellbisbal (Barcelona).

Los bancos refinanciaron a Celsa conscientes de que escondía pérdidas

stop

Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell y Abanca alargaron los vencimientos de la empresa de la familia Rubiralta por el temor a no recuperar el dinero

Barcelona, 10 de febrero de 2018 (04:55 CET)

Ernst & Young (EY) emitió la alerta: a pesar de estar anotándose beneficios en las últimas cuentas, Celsa Group debería apuntarse más de 800 millones de euros en pérdidas por créditos que jamás va a recuperar. De contabilizarlos correctamente, según el auditor, el balance de la empresa de la familia Rubiralta saltaría por los aires justo después de refinanciar su abultada deuda con la banca. La realidad es que las entidades no tenían más remedio.

Banco Santander, BBVA, Caixabank, Banc Sabadell y Abanca firmaron el pasado 1 de noviembre la revisión de un pasivo que alcanzaba los 2.673 millones de euros. Rebajaba los pagos a 1.425 millones de euros hasta 2022 y aparcaba los 1.248 millones restantes hasta el año 2023, cuando se deberán abonar íntegramente en una sola transacción.

Apenas quince días después de firmar la refinanciación, el auditor avisó: “En el contexto actual, solamente 247 millones de las inversiones financieras en las filiales Aceros para la Construcción SANervacero SA Celsa Atlantic SL podrán ser recuperados”. Por el camino quedarán 836 millones de euros que “deberían ser deteriorados íntegramente”. Es decir, contabilizados como pérdidas.

La alternativa de los bancos a la refinanciación de Celsa podía llevarles a terminar aceptando quitas

No obstante, los bancos ya habían desmenuzado las cuentas y, tras ocho años de negociaciones, conocían al dedillo la alerta, de la que Ernst & Young ya había avisado en ejercicios anteriores.

El acuerdo no contemplaba ninguna quita y fue aprobado prácticamente por unanimidad: el 99,5% de la deuda se mostró favorable. No obstante, las últimas cuentas que presentó el gigante siderúrgico contaban con el ejercicio de ingeniería que sacudía el resultado final.

Las entidades no tenían más remedio, pues la otra opción era no refinanciar, lo que podía llevar a la empresa a plantearse una situación concursal. En este caso, los bancos terminarían aceptando quitas. Con la refinanciación firmada con los Rubiralta, el déficit sigue intacto a pesar de que los 1.248 millones a pagar en 2023 sean catalogados como “deuda no sostenible” y probablemente deban volver a revisarse.

Las filiales de Celsa

El pacto entre la banca y Celsa logró salvar todas las filiales del grupo. Acreedores como Banco Santander eran partidarios de vender partes de la empresa, pero la postura de BBVA y Caixabank se impuso pese a la abultada deuda.

Ernst & Young no duda en señalar que algunas sociedades del grupo no disponen de la solvencia necesaria para devolver las inversiones financieras afrontadas por la matriz para rescatarlas.

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad