Santander y Blackstone amplían su alianza para construir centros de datos en España
La sociedad Canvives, vehículo de Banco Santander y Blackstone, amplía su objeto social para adentrarse en el negocio de la infraestructura digital
Montaje realizado por Economía Digital.
La alianza entre Banco Santander y el gigante estadounidense Blackstone, han ampliado el objeto social de Inversiones Inmobiliarias Canvives para incluir el desarrollo y construcción de centros de datos, según recoge el BORME.
Canvives no es una sociedad cualquiera. Es la entidad que custodia legalmente una parte significativa de la cartera de inmuebles y suelos que el Banco Popular acumuló antes de su resolución y posterior absorción por el Santander.
En el reparto de ese legado, Blackstone se quedó con cerca del 90% y el Santander con el 10%, constituyendo el Proyecto Quasar, uno de los mayores traspasos de activos inmobiliarios de la historia reciente de España.
La gestión operativa de esa cartera recayó en Aliseda, la plataforma inmobiliaria controlada por Blackstone, que desde entonces ha ido desinvirtiendo, alquilando y reposicionando los activos según las condiciones del mercado.

Hasta ahora, Canvives se circunscribía al negocio inmobiliario tradicional: compraventa, arrendamiento y promoción de pisos, naves y suelos. El cambio registrado en el BORME abre un capítulo completamente nuevo.
La explicación a este giro hay que buscarla en la confluencia de dos tendencias que están redibujando el mapa de la inversión en España. Por un lado, la explosión de la demanda de infraestructura digital impulsada por la inteligencia artificial generativa, que ha disparado la necesidad de centros de procesamiento de datos en toda Europa.
Por otro, la acumulación en manos de Aliseda de una cartera de suelos industriales y activos inmobiliarios —muchos de ellos en ubicaciones estratégicas— que, en el contexto actual, valen considerablemente más transformados en infraestructura tecnológica que mantenidos como simples solares o naves vacías.
El razonamiento es directo: los activos que hace unos años eran considerados problemáticos o de difícil salida encuentran ahora una segunda vida como plataformas para alojar los servidores que hacen funcionar la inteligencia artificial en España y en el resto del continente. Santander y Blackstone han detectado esa ventana de oportunidad y están actuando con rapidez.
Esta operación no surge de la nada. En octubre del año pasado, este periódico ya informó de que Aliseda, la gestora compartida por Blackstone y Santander, había registrado también una ampliación similar de su objeto social en el BORME, incorporando el negocio de centros de datos a su actividad.
La modificación de Canvives es, en este sentido, una segunda pata de la misma estrategia: no basta con que la gestora tenga capacidad legal para operar en este ámbito; también es necesario que las sociedades propietarias de los activos puedan recibir y desarrollar este tipo de proyectos.

El ejemplo más ambicioso de esta hoja de ruta es el denominado Proyecto Rhodes, que contempla la construcción de ocho centros de datos en el municipio zaragozano de Calatorao.
La inversión estimada para esta iniciativa asciende a 11.805 millones de euros y se ejecutará en dos fases, con la primera prevista para arrancar en el segundo trimestre de 2026. El complejo se levantará sobre una superficie de 223 hectáreas y contará con una subestación eléctrica de 650 megavatios, una capacidad energética que da la medida de la envergadura de lo que se está proyectando.
Aliseda ya dio un primer paso en Calatorao en junio de 2024, cuando reactivó el ambicioso proyecto del polígono industrial privado Europa-Puerta Sur.
A través de su sociedad Calanza Inmueble, adquirió cinco fincas municipales que suman más de 161.000 metros cuadrados, con una superficie edificable de cerca de 111.000 metros cuadrados, por un importe de dos millones de euros. Una inversión modesta en términos relativos, pero clave para asegurarse la posición en el terreno.
El movimiento de Blackstone y Santander se produce en un contexto en el que Aragón, y Zaragoza en particular, se ha convertido en uno de los territorios más codiciados de Europa para la instalación de infraestructura digital. Las inversiones comprometidas en la región ya rozan los 40.000 millones de euros, una cifra que sitúa a esta comunidad autónoma en el centro del mapa de la inversión tecnológica continental.
Banco Santander y Blackstone, a por el premio gordo
Lo que está ocurriendo con Canvives y con Aliseda es, en el fondo, la historia de cómo una crisis bancaria de primera magnitud —la caída del Popular en 2017— puede acabar convirtiéndose, casi una década después, en uno de los mayores catalizadores de infraestructura digital del país.
Para Blackstone, que ya opera en el negocio de centros de datos a escala global a través de su filial QTS, la operación española supone reforzar una apuesta estratégica que viene ejecutando desde hace años en otros mercados.
Para el Banco Santander, significa transformar un legado incómodo en una inversión con proyección de futuro.