Un español detenido en EE UU por el ICE y deportado: «Ha sido horrible, pensé que me metían en Alcatraz»

Un español detenido por el ICE y deportado de Estados Unidos cuenta su experiencia. "Todavía hay días que me despierto y pienso que estoy allí".

Detenido por el ICE. ICE

Detenido por el ICE. ICE

«Ha sido horrible, pensé que me metían en Alcatraz. Todavía hay días que me despierto y pienso que sigo estando allí», cuenta Roberto Paredes (nombre ficticio), un español que a finales del pasado año fue detenido en Nueva Jersey (Estados Unidos) por el ICE y deportado del país, tras pasar varias semanas retenido en uno de los centros del organismo impulsado por la Administración de Donald Trump.

Este diario ha acordado mantener en el anonimato la identidad del español retenido, que llegó a España procedente de Latinoamérica a los cuatro años. «Solo tengo pasaporte español», comenta.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés) es la agencia encargada de cumplir las leyes de inmigración de Estados Unidos, creada tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Interior de uno de los centros del ICE en Estados Unidos. ICE

La Administración Trump ha elevado los fondos con los que cuenta el organismo superando los 100.000 millones de dólares hasta 2029, y ha duplicado la plantilla, 22.000 oficiales, en su cruzada por expulsar del país al mayor número posible de inmigrantes en situación irregular.

El ICE dispone de más de 200 centros de detención. En uno de ellos estuvo retenido durante semanas Roberto Paredes. Su relato parece el de un prisionero de guerra.

Llegada a Estados Unidos

Roberto Paredes cuenta que viajó por vez primera a Estados Unidos siendo muy joven, desde España, con el objetivo de visitar a unos familiares en Miami. «Era muy joven, tenía muchas inquietudes, quería viajar, conocer, emprender…».

«El viaje a Miami se canceló y me tuve que quedar en Nueva York, solo. Así que me puse a trabajar; gané en una semana lo que ganaba en España en un mes, y decidí quedarme», recuerda.

A pesar de no tener papeles en regla, Paredes se las apañó para vivir en Nueva Jersey trabajando como repartidor, en casas, en jardinería, albañilería…

«No vi un STOP por unas obras que cubrían la señal y me paró la Policía»

«A los dos meses tenía mi coche, era trabajar todo el día, más de 15 horas para poder pagar un apartamento compartido; pagando 100 dólares puedes tener un seguro social y una identificación como residente, son papeles falsos, pero en muchos trabajos los aceptan como buenos», explica.

Hace dos años regresó a España. «Necesitaba un respiro, allí no hay más remedio que trabajar doce horas diarias como poco; acabé por tener mi propio apartamento pagando 1.800 dólares al mes, pero necesitaba hacer un paréntesis».

A los pocos meses de haber regresado a España decidió volver a Estados Unidos. Al haber permanecido en el país tanto tiempo en situación ilegal tenía prohibida la entrada, así que optó por hacerlo de forma irregular.

«Lo hice a través de Canadá, pagando unos 4.000 dólares a unos coyotes [personas que intermedian en el transporte de inmigrantes irregulares para pasar la frontera]; estuve caminando dos horas para alcanzar la frontera, luego me metieron en un coche y me dejaron en Nueva Jersey», recuerda.

«Compré unos papeles falsos para poder trabajar en un restaurante; entonces, hace algo más de un año, todo empezó a tensarse con Trump«. A pesar de todo, Paredes no estaba inquieto. «Tenía coche, novia, apartamento, trabajo, estaba en Nueva York, no me preocupaba», indica.

Oficiales del ICE en una detención. ICE

Pero una tarde noche que salió con el coche -«para hacer un delivery, en mi tiempo libre trabajaba también en aplicaciones de mensajería»- fue detenido por la policía.

«No vi un STOP por unas obras que cubrían la señal y me pararon, y yo no tenía una de las licencias; me llevaron a comisaría para identificarme. No estaba asustado, simplemente me faltaba un papel, tenía el carnet de conducir».

Pero entonces, tras dos horas en comisaría, aparecieron los agentes del ICE. «Me enseñaron la placa, me dijeron que estaba como ilegal y que me iban a detener; ahí empezó todo».

De la ‘hielera’ al centro del ICE

Roberto Paredes fue trasladado de comisaría a la Cárcel Federal de Nueva York, la misma donde ha estado detenido el dictador venezolano Nicolás Maduro.

«Me encadenaron muñecas, cintura y piernas; me registré como español y me ofrecieron apelar o la deportación, me hicieron fotos y me tomaron las huellas; después te metieron en un cuarto que se conoce como ‘la hielera’, por el frío que hace, está todo el tiempo saliendo un chorro de aire frío».

Identificación de detenidos por el ICE. ICE

Cuatro días después pudo recibir la visita de su novia. «Tuve que hacer horas de espera para poder verle; hacía mucho frío en la calle y había muchas mujeres y niños esperando para poder visitar a sus familiares», recuerda su pareja, con la que también ha contactado este diario. «No paraban de entrar furgonetas con detenidos«.

Tras pasar cinco o seis días retenido en Nueva Jersey, Roberto Paredes fue trasladado a un centro del ICE, en otro Estado. «Te levantan y te dicen que te vas, pero no sabes a dónde, no te lo dicen; otra vez encadenado fuertemente, las muñecas, la cintura, las piernas, te meten en una furgoneta con otros detenidos».

«Estuve dos días encadenado, hicimos unos cuatro viajes en avión, todos los detenidos de un avión a otro, encadenados, en hileras; nos dejaban en las hieleras y ahí nos juntábamos unos con otros para pasar el menor frío posible, y al día siguiente otra vez a un avión, a un autobús, todo el día encadenados».

«En las ‘hieleras’ dormíamos unos encima de otros del frío que hacía»

«Solo nos daban al día un pan con una loncha de queso y una botella de agua; no pude ni hacer una llamada para avisar a mi novia de que me trasladaban. En una de las hieleras en las que nos retuvieron hacía tanto frío que comenzamos todos a golpear las paredes, era imposible estar del frío que hacía, dormíamos unos encima de otros«.

En plenas fechas navideñas, Roberto Paredes no pudo, dice, comunicarse con nadie durante cuatro días. Hasta que cerca del día de Nochebuena pudo hacer la primera llamada.

«Nos metieron en un búnker, en un centro del ICE, en otro Estado a cientos de kilómetros de Nueva Jersey; nos vistieron con distintos uniformes, color azul si no habías cometido delito alguno, que era el que llevaba yo; naranja y amarillo si habías cometido algún delito; y color rojo los que estaban acusados de asesinatos, violaciones; no se juntaban unos con otros».

Oficial del ICE revisando documentación. ICE

«Me encontré mejor en el centro de detención del ICE, las hieleras por las que había pasado eran peores, pude llamar a mi novia y desearle Feliz Navidad», cuenta.

Pero a los pocos días «la gente empezó a enfermar, había gripe y nos la contagiábamos unos a otros, no hay ventilación natural, en los barracones hay polvo y humedad».

«Yo también enfermé, me fui poniendo cada vez peor, hasta tener fiebre y vómitos, había gente con la cara hinchada, oyes a la gente toser todo el día y toda la noche, nunca apagan las luces, 24 horas las luces encendidas; al tercer día de estar malo ya casi no podía ni andar, me quedé en el patio tumbado, pedí a un guardia medicina: Cuando te desmayes te sacamos, me dijo. Al final me dieron un ibuprofemo».

Los retenidos en los centros del ICE están en barracones, en literas. Hay baños y una televisión. Las luces no se apagan nunca.

«La gente dormía con los gorros puestos para cubrirse los ojos; hubo dos semanas que no salimos al exterior ningún día, porque nevaba o hacía mucho frío; salir al patio dependía de la decisión de los guardias, y si un día no les apetecía no te sacaban, para estar solo media hora fuera al día».

«Había un señor en silla de ruedas, tenía la rodilla como una pelota, no tenía fuerzas para nada… Entre todos tratábamos de ayudarnos y de darnos ánimos, pero había días que no se aguantaba».

Los detenidos pueden adquirir en los centros del ICE un cepillo y pasta de dientes, sobres de sopas, unas bolsitas de arroz y agua caliente. «Era todo incomible, una vez a la semana daban pollo, entonces juntábamos entre varios el arroz y el pollo y hacíamos una sopa».

Sin posibilidad de apelar

En el centro del ICE en el que estuvo Paredes «había gente que llevaba ahí seis meses metida, personas que caminaban como zombies». En teoría los detenidos pueden apelar la orden de deportación.

«Yo no tenía ninguna excusa para apelar. Pero había gente que lleva diez años viviendo en Estados Unidos, que tenía hijos en casa, que estaban en Estados Unidos porque en sus países estaban amenazados de muerte y no podían regresar, que aseguraban tener el visado en regla… Pero de 300 casos que ví, solo uno pudo sacar adelante la apelación, a los demás se la denegaron», asegura.

Detención del ICE en California. ICE

«Hubo un chico ecuatoriano cuyos padres eran estadounidenses, tenía visa de estudiante, pero le faltaba un papel, y le deportaron, lo tenía todo para ganar el caso y ni siquiera», lamenta. «Rechazan todas las apelaciones, y si insistes te tiras en el centro de detención seis meses, hasta que al final igualmente te deportan».

«Había gente que cuando llegaba pensaba que iba a ser cuestión de días, que tenia los papeles en regla y que estaban seguros que atenderían sus apelaciones… Pero si piensas eso enloqueces; yo me convencí de que no saldría tan rápido de allí».

La Embajada entra en acción

Al mes y medio de estar en el centro del ICE, Roberto Paredes contactó con su madre en España y le pidió que llamara a la Embajada española en Washington.

Los funcionarios españoles le recomendaron solicitar la deportación inmediata. «Para mí fue un alivio la intervención de la Embajada, ahora les doy las gracias, salí de allí gracias a ellos y a mi madre«.

Pero a pesar de las gestiones de la Embajada, Paredes no tenía información precisa sobre su caso. «No tuve juicio alguno, preguntaba y no me respondían, hasta que un día me llegó documentación de la Embajada; un agente del ICE me dijo que iban a pedir al juez que no fuera llamado a la Corte, para agilizar mi deportación».

No obstante, pasaron dos semanas hasta que en una lista en la que a diario se publican los nombres de los que van a ser deportados apareció el suyo.

Traslado en autobús de detenidos por el ICE. ICE

«Otra vez me metieron en un avión, encadenado, todos en hilera, pasamos un domingo entero encadenados, con un sandwich y una botella de agua. Estuve desde las doce de la noche hasta la una de la tarde del día siguiente metido en un autobús«.

«En los aeropuertos civiles, cuando llegábamos los detenidos por el ICE, nos quitaban los grilletes de la cintura y las piernas, y nos dejaban solo los de las muñecas, para que la gente no viera cómo nos trataban».

Especialmente doloroso, comenta Roberto Paredes, era el caso de los cubanos.

«Nadie quiere quedarse en los centros del ICE, solo los que tienen la ilusión de ganar su apelación», dice. «Los cubanos que había fueron agrupados y metidos en un avión para ser deportados a su país; pero al llegar, Cuba no les permitió bajarse del avión, y los volvieron a meter en el ICE; eso les ocurrió varias veces».

«Pensé que me metían en Alcatraz»

Desde que salió del centro del ICE hasta que regresó a España, Paredes y otros retenidos por el ICE que iban a ser deportados fueron trasladados en varias ocasiones de un Estado a otro, en avión y autobús.

Del aeropuerto de Miami les introdujeron en un autobús, siempre encadenados. «Uno parecido a esos de las películas americanas, amarillo, como de colegio».

Traslado detenidos en avión. ICE

Entre los detenidos por el ICE «se comentaba que el peor centro era el de Alcatraz, que si nos parecían malas las condiciones del centro en el que estábamos, tendríamos que ver las de Alcatraz; contaban que allí no hay derechos de ningún tipo, que la gente dormía en tiendas de campaña, que no hay posibilidad de llamar, que si llamas por teléfono y te dan datos para apuntar no puedes hacerlo porque no te dan ni un lápiz».

La Administración Trump levantó el pasado año, en menos de dos semanas, el centro penitenciario del ICE conocido como Alligator Alcatraz, en una antigua pista de aterrizaje situada en los extensos humedales al oeste de Miami, rodeado de caimanes y pitones, con capacidad para albergar hasta 5.000 inmigrantes detenidos.

El autobús que llevaba a Paredes, supuestamente a algún aeropuerto desde el que volar a España, con otro grupo de personas, salió de Miami y se desvió por una zona pantanosa.

En él viajaba también un preso del ICE de Alcatraz «vestido solo con una bata quirúrgica, sin parar de temblar, daba miedo«, recuerda. «Comencé a ver por las ventanas señales de zona militar, todo pantanoso… Hasta que veo un cartel de dirección a Alcatraz».

El autobús se detuvo en el centro Alligator Alcatraz. «Ahí me quebré, me puse a llorar, más que en niguna otra ocasión; nos bajaron a todos del autobús, pensé que me metían en Alcatraz«.

Un detenido por el ICE subiendo a un avión. ICE

Pero los guardias volvieron a subir a Paredes al autobús, junto a otros pocos retenidos que también iban a ser deportados a países europeos, en dirección a un aeropuerto desde el que finalmente voló a España.

Roberto Paredes mantiene contacto con otras personas que han sido detenidas por el ICE y deportadas de Estados Unidos. «Les he dicho que me habían propuesto contar mi historia en un medio y me han animado a hacerlo, es bueno que se sepa lo que está ocurriendo allí«, dice.

Este diario se ha puesto en contacto con el ICE, con la Embajada española en Washington y con el Ministerio de Asuntos Exteriores, para trasladar la misma consulta: ¿Cuántos españoles han sido retenidos por el ICE y deportados de Estados Unidos?

Desde el gabinete de comunicación del ICE se requirió a este diario identificar a Roberto Paredes, lo que no se ha hecho, y no se ha respondido a la cuestión trasladada. La Embajada española en Washington ha respondido diciendo que, «lamentablemente» la información solicitada «no está disponible y no podemos ayudarle en este asunto».

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