La plantilla de Correos estalla en esta localidad y denuncian la sobrecarga de trabajo
Los sindicatos advierten de que no se puede exigir un servicio de calidad cuando no se dota a la oficina del personal necesario para prestarlo
Archivo – Trabajadora de Correos
La plantilla de Correos en Ponferrada ha vuelto a salir a la calle para denunciar una situación que consideran insostenible por la falta de personal y por el deterioro que esa carencia está provocando en el servicio postal.
Los trabajadores aseguran que la oficina y las secciones de reparto funcionan con efectivos muy por debajo de lo necesario, hasta el punto de que solo una docena de carteros tiene que atender 33 rutas, una cifra que, según explican, hace imposible mantener un ritmo normal de trabajo y cumplir con los tiempos de entrega con garantías.
El conflicto se arrastra desde hace semanas y ha desembocado en protestas repetidas frente a la sede de Correos en la ciudad, donde la plantilla insiste en que la empresa no está cubriendo jubilaciones, bajas ni vacaciones, lo que agrava aún más la presión sobre quienes siguen en activo.

Los trabajadores denuncian que la acumulación de envíos provoca retrasos de varios días en la distribución de cartas, notificaciones administrativas y paquetería, una situación especialmente delicada en una localidad donde muchos trámites siguen dependiendo del correo físico.
A ello se suma una carga de estrés que, según describen, se ha convertido en parte del día a día de los carteros, obligados a asumir recorridos imposibles y a reorganizar constantemente su trabajo para intentar sacar adelante repartos que no se pueden cubrir con los medios actuales.
La sensación entre los empleados es que la empresa ha normalizado una situación de déficit estructural que ya no puede resolverse con parches puntuales.
El servicio de Correos saturado en la localidad
La plantilla lleva tiempo advirtiendo de que el servicio postal en la comarca está funcionando bajo mínimos y de que el deterioro se arrastra desde hace meses sin una respuesta suficiente por parte de la dirección.
Los sindicatos que respaldan las movilizaciones sostienen que el problema no es coyuntural, sino consecuencia de una política de recortes y de una negativa a reforzar las plantillas de manera estable.
Desde su punto de vista, la empresa recurre a soluciones temporales y contrataciones muy breves mientras mantiene sin cubrir vacantes esenciales, lo que termina por cronificar el problema y trasladar la tensión tanto a los trabajadores como a los ciudadanos.
Uno de los elementos que más preocupa a la representación laboral es el impacto que esta situación tiene sobre un servicio que sigue siendo esencial, especialmente en zonas donde Correos cumple una función que va mucho más allá del simple reparto.
En Ponferrada y en buena parte del Bierzo, la postal sigue siendo una herramienta imprescindible para notificaciones de la Administración, gestiones bancarias, paquetería comercial y comunicaciones privadas que no pueden demorarse indefinidamente.
Cuando el reparto se ralentiza, el problema no es solo organizativo, sino también social y económico. Los trabajadores advierten de que si no se actúa con rapidez, el retraso se seguirá acumulando y la calidad del servicio se resentirá todavía más, con un deterioro que puede acabar afectando de forma directa a vecinos, empresas y organismos públicos.
La plantilla también pone el foco en el desgaste humano que genera esta situación. Los carteros denuncian una sobrecarga laboral cada vez más difícil de sostener, con jornadas que se alargan, rutas que se solapan y una presión constante para intentar llegar a todo.
Ese esfuerzo, explican, se traduce en un nivel de estrés muy alto y en un desgaste físico que se nota especialmente en una plantilla envejecida y con pocos refuerzos.
La falta de descanso real, la imposibilidad de cubrir ausencias y la sensación de estar trabajando siempre al límite han alimentado un malestar que ahora se expresa públicamente en forma de protestas.
Los sindicatos advierten de que no se puede exigir un servicio de calidad cuando no se dota a la oficina del personal necesario para prestarlo.