La vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, durante el pleno en el que se aprobó la prórroga del estado de alarma hasta el próximo 11 de abril. EFE/Mariscal POOL

El déficit de 2019 deja en evidencia a Sánchez y Calviño ante la UE

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El dato del 2,7% de déficit de 2019 diluye el esfuerzo en los últimos años de España para reconducir sus finanzas en plena negociación de los coronabonos

Cristina Triana

Economía Digital

La vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, durante el pleno en el que se aprobó la prórroga del estado de alarma hasta el próximo 11 de abril. EFE/Mariscal POOL

Madrid, 01 de abril de 2020 (04:55 CET)

El dato de déficit español de 2019 (2,7% sobre el PIB) desluce la justificada petición de que Europa dé un paso adelante y ceda a las peticiones españolas y de otros ocho países (FranciaItaliaIrlandaLuxemburgoBélgicaPortugalGrecia y Eslovenia) para crear un instrumento que permita repartir el coste de las medidas económicas extraordinarias que se están adoptando para combatir el coronavirus, los famosos coronabonos.

Aunque Holanda ha reconocido su enorme falta de empatía con nuestro país durante su intervención en el Consejo Europeo de la semana pasada, que suscitó las críticas de Portugal, las cuentas públicas españolas ya habían comenzado a estropearse antes de la alerta sanitaria; dando tristemente argumentos a los países que nos culpan a las economías mediterráneas de tender a desviarnos de la pulcritud presupuestaria. El gobierno socialista, de hecho, ya había comenzado a presionar a Bruselas para conseguir más margen de déficit, alejándose notablemente de los objetivos previsto en el arranque de 2019.

De acuerdo con datos del INE, el déficit alcanzó los 33.223 millones el año pasado, superando el del ejercicio anterior, que fue de 30.495 millones, y alcanzando el nivel del 2,7% del PIB. Si se confirma este dato, el déficit habría crecido por primera vez desde 2012, rompiendo la racha de contracción acumuladas por el PP, y se habría quedado bastante lejos de los objetivos previos, como los enviados a Bruselas el pasado mes de octubre, en los que todavía se defendía cerrar el año con un déficit del 2% y un crecimiento del PIB del 2,1% (una décima por debajo del dato final).

El techo del gasto aprobado a finales de febrero, apenas 15 días antes de la declaración del estado de alarma, ya contemplaba unos objetivos de déficit más flexibles. La nueva senda ni contemplaba la posibilidad de que un empate entre ingresos y gastos para la economía española en los próximos tres años. Sí un déficit descendente, pero que en 2023 será del 0,9% y que habría que defender ante la Comisión Europea.

Déficit por deuda: misión imposible con el coronavirus y sin coronabonos

Economía explicaba este martes que la desviación del déficit en 2019 "es el resultado de un incremento del 3,8% de los ingresos de las Administraciones Públicas en 2019 frente a un aumento del gasto del 4,1%". No obstante, se negó a reconocer el incumplimiento de compromisos, e insistió en que el Pacto de Estabilidad europeo permite déficits del 3%, una vez que España ha salido del Procedimiento de déficit excesivo (lo hizo el año pasado heredando las políticas económicas del Partido Popular).

Calviño ha ido implementando en los últimos meses el mensaje de que se debía flexibilizar el déficit, insistiendo en que un mayor gasto, que permita políticas sociales, es compatible con una reducción de la deuda. El endeudamiento (que no la deuda) sí que ha retrocedido en 2019 y se ha convertido en un must a seguir por las agencias de rating. Sin embargo, los efectos del coronavirus previsiblemente romperán esa tendencia si es el Estado español el que deba financiarse para asumir el coste de las medidas y podrían dejar la deuda española bastante por encima del 100 por 100 de nuestra economía el menos durante este año.

Objetivos más ambiciosos

Más allá del alegato político del gobierno socialista -cuyo tira y afloja reciente con Bruselas no es el mejor comienzo- España sí que ha hecho un enorme esfuerzo presupuestario que se debería poner en valor a la hora de valorar herramientas adicionales de apoyo financiero que condicionen menos que un rescate la capacidad de gestión del Gobierno.

Desde 2012, año en el que se rescató al sistema financiero, España ha reducido del 10,74% al 2,7% su déficit, con un endeudamiento también a la baja en los últimos ejercicios (véase gráfico). Esta evolución, muestra el esfuerzo real del país en los últimos años para reconducir sus finanzas pública y que reforzaría la argumentación de que Europa debe dar un paso al frente que demuestre su solidaridad, con una mutualización de la deuda.

Sin esa medida, la salida de la crisis de países como España será mucho más negativa que la de otros países, como Alemania, que tiene capacidad para endeudarse a tipos de interés más reducidos sin tener que recurrir a significativas subidas de impuestos.

El peor escenario posible para apuntalar la recuperación sería una subida masiva de impuestos, en un escenario de mayor desempleo. A pesar del doble discurso del Gobierno hacia los empresarios -con el juego del poli bueno de Nadia Calviño y del malo de Yolanda Díaz-, la reactivación económica dependerá de que las empresas mantengan la contratación, ya que parece improbable que el Estado tenga capacidad para absorber el incremento del paro que tenemos por delante. 

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