Fume de carozo
Los partidos que se presentan a las elecciones generales adelantadas, velan sus armas y todavía usan los métodos de movilización clásicos por antiguos, un remedo ‘kitsch’ del zarandeo político
Cartel electoral de Unidas Podemos para las elecciones generales
Vuelve lo vintage, pero recauchutado. El todavía parece que lejano 29 de noviembre, mantiene un ruido de fondo inquietante. Mientras tanto, los partidos que se presentan a las elecciones generales sanchezmente adelantadas, velan sus armas y todavía usan los métodos de movilización clásicos por antiguos, un remedo kitsch del zarandeo político. La imagen de campaña de Irene Montero, con camisa azul (pero, ¡alguien en Podemos no se ha dado cuenta!), nombre único, Irene, in crescendo, como Franco vitoreado en la Plaza de Oriente y los lemas, pan, casa y trabajo, al modo de los ¡Una, grande y libre! de la Falange, son tics inevitables propios de una primaria fundación impositiva. Por ser finos…
Pan, amor y fantasía
Las trilogías es lo que tienen, que, si no empiezan bien, siguen mal y acaban peor, pues que pierden; y mucho. Luigi Comencini, director italiano dirigió tres comedias en los años cincuenta del pasado siglo bajo el título conjunto de “Paz, amor y fantasía”, compuesto el terceto por “Pan, amor y fantasía” (1953), “Pan, amor y celos” (1954) y “Pan, amor y…” (1955). Más que guiones de película italiana trifásica, parece la historia de Podemos por fases; perdón Unidas Podemos.
Como en el cartel de Irene, la presencia protagónica en dos de los tres films de Ginna Lollobrigida resulta arrolladora; el tercero, cuenta con una racial Sophia Loren. Pelo negro al viento, boca sensual y sonrisa abierta (ahí, lo sentimos, ganan la Lollo y la Loren, por rotundas) con recato en la vestimenta, el cartel es un alegato del culto a la lideresa. Se baraja, incluso, poner su sugestivo rostro en las papeletas, como si de un catálogo de Dentix se tratase. Por cierto, cadena de clínicas dentales quebrada con todas sus sucursales cerradas. Premonitorio. Eso sí, el logo, escondido no sabemos si detrás del busto o del nombre. In crescendo.
A Fume de carozo
Volvamos a los duetos, mucho más propio de Podemos, evitando los tercetos, por imposibles: Unidas Podemos, Izquierda Unida y Movimiento Sumar, el trio que no pudo ser; ese sueño húmedo de dos mujeres y un hombre, que solo pudo estar en la mente de Antonio Maillo. Lo dicho, imposible. Y eso que las tres agrupaciones políticas hacen gala de algo en común, como En Comú Podem, el que faltaba para el cuarteto; debe ser lo único: Unidad y Agregación. ¡Pues va a ser que no! Con todo el trabajo que se había tomado Rufián, que hasta lo puso por escrito: “Cómo ganar a los fachas”. Pues desunidos, como no, y como siempre. Con un símil balompédico, del agrado de Rufián, negociamos como nunca y perdimos como siempre.
Y de eso va una expresión tan gallega como la de “Fume de carozo”, de una dualista polisemia, que más bien debiera nombrase como duosemia, tal y como le ocurre también al poliamor, más propio de un trio que de una pareja. Precedido de una a, “A fume de carozo” como sintagma adverbial representa la velocidad, dado que nuestra atrasada mente imagina la prisa expelida con gases de efecto invernadero. Cosas de no decidirse por un eléctrico. Sin dicho precedente, nos referimos a la a, no a los coches de combustión, el sintagma nominal “Fume de carozo” significa en gallego lo que pasa cuando se echa la parte interna de las mazorcas de maíz al fuego: que arden, sin llama, pero, eso sí, produciendo una gran cantidad de humo, por cierto, de una negritud, con perdón, de tinte muy intenso. Y más que tintar, el humo del carozo, mancha, pero mucho.
La dualidad significativa, en este caso, afecta, como en toda polisemia, a un origen compartido referente a lo volátil: la prisa, mala consejera, y la humareda, en este caso, sin fuego. Puro artificio sin brillo, vamos, dicho en modo étnico, “o de sempre” en la izquierda.
Haz que pasen
Pero, una vez más, esta situación la va a salvar el PSOE. O, por lo menos, rescatará la opción zurda. Todo ello, gracias a su nueva divisa: nada de humos, mejor, humores, más clásico, más lúbrico incluso, gracias… al amor. Su nuevo lema apela al sentimiento, al pericardio que une más, a “La fuerza del amor” que todo lo arrastra y todo lo arrolla. Sobre todo, a su izquierda.
Es lo que tienen los adverbios, que definen las frases, sobre todo los de tiempo. “Me quieres. Si, TODAVÍA te quiero”; anuncia preocupación. “Ahora, SI”, “Ahora, Gobierno. Ahora España”. Si es ahora, es que antes no lo era. De cajón. ¡Pero que fascista es la semántica!
Si lo vintage está de moda en política, abracémoslo ya sin rubor y tomemos como válidas y propias aquellas legendarias palabras del caudillo, “Estamos al borde del abismo. Pero ¡Ni un paso atrás!”. Con lemas tipo “Haz que pase”, que bien valdría para el PP, pero con final en plural, que “pasen”, también afincado en la polisemia, Alberto, de corazón te lo digo, si de esta no va, háztelo mirar. O contrata a Ivan Redondo, si no se te ofreció ya.