Cosecha roja

El fragmentado panorama político patrio exigirá, por orden, pactos, consensos, posicionamientos y propuestas originales y, cómo no, frontalmente encontradas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez – Jesús Hellín / Europa Press

Abierta finalmente la veda, toca velar armas. El fragmentado panorama político patrio (otra vez las tres inevitables ps tan nuestras), exigirá, por orden, pactos, consensos, posicionamientos y propuestas originales y, cómo no, frontalmente encontradas. Lo que sí parece es que el ya cansino “y tú más”, no va resultar un argumento para convencer al electorado.

Una novela negra

“Cosecha roja” es la inicial obra del primer creador de la denominada como “novela negra”. Después de la elegancia de los detectives clásicos, con Sherlock Holmes a la cabeza y el Dupín de Poe como antecedente, se alumbró como propia una tendencia al realismo en la narrativa policial norteamericana, más centrada en el tratamiento del asesinato como una de las malas artes y el relato criminalístico aposentado en el duro ambiente delicuencial, henchido de maleantes, forajidos y mujeres fatales acompañando. Sus dos maestros reconocidos, serían Raymond Chandler, autor de la denominación hard-boiled (la roman noir francesa), y Dashiel Hammett, autor de la mencionada “Cosecha roja”.

Muy centrado el subgénero en los aspectos más evidentes del crimen, tales como el miedo, la violencia, la injusticia o la corrupción, los principales relatos suelen tener un trasfondo de tratamiento de los grandes vicios y las insondables debilidades humanas, sostenido en descripciones naturalistas y en el carácter rudo y perverso de sus homicidas. Frente a estos, unos detectives sagaces desprendidos de ropajes extraordinarios que los convierten en héroes más humanos que los investigadores clásicos. En el caso de “Cosecha Roja”, frente a lo que pudiera pensarse en un principio al comienzo de su lectura, el tema, que no el argumento, gira alrededor de la manipulación, el manejo interesado y la maquinación ejercidos mediante un propósito de eliminación. El agente de la Continental, el sabueso de la obra, así, sin nombre, acabará resolviendo el caso enfrentando entre si a los cuatro mafiosos responsables de la muerte del hijo de su millonario contratador, quien tenía la misión de limpiar la ciudad de malhechores, ciudad llamada en un principio Poisonville (Ciudad Ponzoñosa). El resultado será una provocada aniquilación final de los cuatro desalmados con intestina astucia.

El regreso de lo de siempre

Cuando comienzan las cábalas sobre el suceder político, a menos de dos meses de las elecciones, suelen surgir los vaticinadores y los arúspices sobre el resultado, cuajados los pareceres de los lugares de costumbre, lo que denominamos utilizando el común como tópicos. Dos de los más recurrentes, sobre todo actualmente aplicado al panorama político patrio (sí, sí, las inevitables tres ps) son el liderazgo y la dicotomía unión/desunión a diestra y siniestra.

A la derecha siempre se le atribuye, cuando el liderazgo no es contundente, incluso adornado con algún atributo de masculinidad evidente como el bigote, ausencia de dictado férreo. Frente al bigote, la barba, no sabemos muy bien la razón, no ofrece contundencia; las patillas, últimamente, sí. La izquierda es más proclive al barbilampismo, salvo, curiosamente, en el trópico utópico. Como la cara es el espejo del alma, pues eso, también va a cara descubierta. Y en el PP, la cara descubierta lo es tanto que carece de pelaje, sobre todo por Madrid.

Otro tópico recurrente lo supone la desunión de la izquierda. Lo es y es tan gráfico, como que resulta obligado para esta armar un Frankenstein tan complejo como singular. Quizás se deba a que la igualdad, su bandera clásica, admite tantas variantes como miembros; y miembras, ya se sabe, todos/as somos iguales, aunque algunos/as son más iguales que otros/as. ¡Puuuf!

Al suelo que vienen los nuestros

El panorama actual se nos antoja diferente. El liderazgo contundente de Sánchez, forjado a golpe de “de frente y al lado o enfrente y con la frente”, personificada la testuz en Puente, se va a ver seriamente lesionado por los innumerables contras que, ahora sí, lo acosan a él, familia incluida. Pero una posible divergencia interna sobre el férreo liderazgo único en la izquierda todavía gobernante vaticinamos que no se va a saber aprovechar por la derecha anhelante de gobernar como sí supo orquestar el agente de la Continental para acabar con los cuatro mafiosos. Como bien argumenta sentencioso, “lo que hay que hacer, hay que hacerlo”.

Sánchez tendrá que lidiar tanto dentro como fuera de su partido, y no parece tarea sencilla sino más bien ardua y que conllevará un enorme desgaste. Parte del posible triunfo de la derecha en las próximas elecciones se moverá en la capacidad de saber inocular el virus de la discordia en el supuesto plácido erial socialista, sometido a una aparente férrea disciplina, aunque en sordo disenso… hasta ahora lo de sordo. Que el electorado se lo Page. De los otros partidos, en temas de liderazgo, ni hablar.

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