A ver si fue Marruecos quien ganó el Mundial

Sabido es que la mejor manera de detectar el ánimo engañoso cultivado en mentiras es dejar argumentar al falaz hasta que se enrede. Eso sí, si se hace con gracejo, la mentira puede convertirse en elemento ilustrativo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 9 de septiembre de 2026, en Madrid (España)

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 9 de septiembre de 2026, en Madrid (España) – Eduardo Parra / Europa Press

En los tiempos del tweet (ya castellanizado como tuit, esto es, una piada), pareciera que el conceptismo triunfase sobre el culteranismo. Lejos ya de las justas literarias del siglo XVII entre el conceptista Quevedo frente al culterano Góngora, remedamos diariamente a Baltasar Gracián, de médula conceptista, quien ya determinó que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

¡Oh, Feijóo!

El texto original del aragonés autor del Oráculo manual y arte de prudencia proseguía con “Y aún lo malo, si poco, no tan malo”. Todo en monodosis, ahora que los envases de este tipo los va a prohibir la Unión Europea, entretenida en cuestiones estratégicas de alcance mundial, dejando para el futuro la pugna sobre las unidades de cuatro ruedas. Tener visión, que se dice.

Una ¿influencer? española este verano continuó con mucho acierto la tradición heredada de nuestro Siglo de Oro sobre tirar por la escueto. Con una ínfima expresión, compuesta únicamente por dos palabras entre admiraciones, consiguió concretar lo ocurrido en el mundial de futbol de este verano. También con evidente ansia ante la más que posible inmortalidad de la expresión, pretendió, incluso, patentar la autoría y evitar un uso indebido y poco controlado del acertado dueto.

Sabido es que la mejor manera de detectar el ánimo engañoso cultivado en mentiras es dejar argumentar al falaz hasta que se enrede. Eso sí, si se hace con gracejo, la mentira puede convertirse en elemento ilustrativo; cuando menos en expresión y contundencia en su emisión, puede, incluso, lograr que se obtenga una piada, apócope extra académico de mentira piadosa.

Asistimos en el Congreso a un combate fratricida sostenido en una política de expresión culterana, alambicada y florida, en la que el lenguaje adquiere tintes de batalla de maneras, una suerte de “farmear aura”, donde el contenido es lo de menos, en beneficio de provocar el asombro y la estima por la originalidad basada en un estilo burlón, desabrido y presto al encontronazo burlesco.

Política balompédica

No contento con una laaarga intervención autoexculpatoria en la comparecencia con motivo del mero “incidente” de Ceuta cercana en el inicio a las dos horas, donde la mayor parte consistió en una confrontación farmeada auramente contra todo el resto del hemiciclo, el todavía presidente del Gobierno se permitió atacar al líder de la oposición recordando y tildando de cómica una declaración suya sobre el próximo mundial de futbol. Como era previsible, Sánchez se atribuyó con plural mayestático el triunfo actual y aprovechó el supuesto debate para arponear a Feijóo con su propio tridente. No fue la actitud de la todavía ministra de Defensa la que habría que haber hecho notar con posterioridad a la laaarga presentación sanchista ensalzatoria, cómo no, de sus logros, sino la cara de asombro y perplejidad ante la supuesta broma denigratoria de todo un presidente del Gobierno al representante del partido más votado en las elecciones últimas, ejemplo de conceptismo expresivo. Bien pudiera haberse acompañado el susurrado y escueto “y ¿qué pasa?” respondido por Feijóo, con un “¡manda huevos!”, trasmutable ayusamente con posterioridad en un “¡me gustan los huevos!”.

Cortesía parlamentaria

Seamos conceptistas ante tanto culteranismo parlamentario, en línea con los tiempos. En la magnífica y extensa, muy culterana eso sí, biografía de Churchill escrita por su opositor parlamentario Roy Jenkins, su versión española fue prologada por don Manuel Fraga, el hombre que quiso ser Churchill. Dicho prólogo acaba y culmina con una frase para esculpir en mármol, sino fundir en bronce: “Porque la verdadera política es eso: debate serio, oposición leal, trascendencia patriótica, realismo con sentido del humor. Hora es de ver que somos capaces de intentarlo”. Como en los silogismos, no cumpliéndose la primera premisa, imposible aplicar un razonar correcto. Para hacer uso de un último parlamentario sentido del humor se precisa, previamente, un debate serio, lealtad, sentimiento patrio y realismo. No hubo ni intento. 

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