Exoesqueleto o piloto automático
PISA 2025 y la investigación sobre la «rendición cognitiva» apuntan en la misma direc-ción: lo que marca la diferencia no es cuánto se usa la IA, sino cómo se usa
La inteligencia artificial puede hacernos extraordinariamente capaces. También puede volvernos dependientes de respuestas que no comprendemos. Y la diferencia entre una cosa y otra rara vez está en la herramienta: está en cómo la usamos.
Una imagen ayuda a verlo. La IA puede funcionar como un exoesqueleto cognitivo, que amplía nuestra capacidad para analizar, aprender, crear y resolver problemas sin sustituir nuestro criterio. O puede funcionar como un piloto automático sin supervisión: aceptamos sus respuestas sin contrastarlas y delegamos decisiones sin comprender sus consecuencias. La tecnología es la misma. El resultado, no.

La rendición cognitiva
Cuando la delegación se convierte en dependencia aparece lo que Steven D. Shaw y Gideon Nave, investigadores de la Wharton School, han llamado cognitive surrender, que podemos traducir como rendición cognitiva: adoptar lo que produce la IA con un escrutinio mínimo, dejando de lado tanto la intuición como la reflexión propia.
Su estudio, con tres experimentos y 1.372 participantes, lo describe así: las personas consultaron a la IA en más de la mitad de los casos y su acierto pasó a depender del de la máquina. Además, su confianza crecía incluso cuando la IA se equivocaba. El riesgo no es equivocarse: es equivocarse convencido.
Lo que dice PISA 2025
La OCDE publicó el 8 de septiembre los resultados de PISA 2025, con datos de más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías. Los estudiantes que usan la IA para tareas escolares concretas, como resumir textos, redactar o hacer una primera búsqueda de información, obtienen puntuaciones más bajas en ciencias que quienes no la usan para esas tareas.
Pero el informe muestra también la otra cara. Quienes la usan con regularidad y con fines generales, y además tienen en la escuela oportunidades de desarrollar su alfabetización en IA, tienden a obtener puntuaciones ligeramente superiores en ciencias. Son asociaciones, no pruebas de causalidad. Aun así, la dirección es clara: la cuestión no es usar más IA, sino aprender a usarla mejor.
Lo que vale para un aula vale para una empresa. Un equipo que usa la IA sin saber dónde falla no trabaja más rápido: se equivoca más rápido.
Criterio y pensamiento lento
A esa otra forma de usarla la llamamos IA con Criterio: utilizar la inteligencia artificial como amplificador del juicio humano, no como su sustituto, preservando la autonomía, el pensamiento crítico y la responsabilidad de quien decide.
Llevarlo a la práctica exige un método, y aquí resulta útil una idea conocida. Daniel Kahneman popularizó en Pensar rápido, pensar despacio la distinción entre un pensamiento rápido e intuitivo y otro lento y deliberado. Shaw y Nave proponen que la IA añade un tercer modo, un razonamiento externo capaz de complementar a los otros dos o de desplazarlos. Lo que llamamos Slow AI es la disciplina de devolver al pensamiento lento las decisiones que importan.
No significa trabajar más despacio. Significa decidir, tarea a tarea, entre cuatro opciones:
Acelerar, cuando la tarea es reversible, de bajo impacto y su resultado se comprueba de un vistazo: un primer borrador interno o el resumen de una reunión que alguien va a revisar.
Verificar, cuando el resultado se va a usar como dato, cita o argumento ante terceros.
Supervisar, cuando la decisión afecta a personas o tiene consecuencias difíciles de deshacer: seleccionar, evaluar, conceder o denegar.
No usarla, cuando el valor está en el propio proceso de pensar, o cuando no se puede comprobar el resultado ni asumir el error.
Lo que pide la norma
El Reglamento Europeo de IA apunta en la misma dirección. Su artículo 4 obliga a proveedores y responsables del despliegue de sistemas de IA, y su redacción vigente dice así: «Los proveedores y responsables del despliegue de sistemas de IA adoptarán medidas para apoyar la promoción de la alfabetización en materia de IA de su personal y demás personas que se encarguen en su nombre del funcionamiento y la utilización de sistemas de IA, teniendo en cuenta sus conocimientos técnicos, su experiencia, su educación y su formación, así como el contexto previsto de uso de los sistemas de IA y las personas o los colectivos de personas en que se van a utilizar dichos sistemas. Esta obligación no exige que los proveedores o los responsables del despliegue garanticen un nivel específico de alfabetización en materia de IA de ninguna persona en particular».
Es una obligación de medios: la norma pide actuar, pero cumplirla no basta por sí solo para que la IA se use bien. Hace falta que las personas sepan dónde falla la herramienta, que los puestos se rediseñen para aprovechar el tiempo que libera y que alguien responda de lo que produce. Sin alfabetización, reskilling y gobernanza, la inteligencia artificial no es una ventaja: es un riesgo.

El verdadero progreso no consiste en dejar de pensar, sino en ampliar nuestra capacidad para hacerlo.
Preguntas frecuentes
¿Slow AI significa usar menos inteligencia artificial?
No. Significa usarla donde aporta valor y con la supervisión que exige cada decisión. Hay tareas en las que conviene acelerar y otras en las que conviene verificar, supervisar o no usarla.
¿El artículo 4 obliga a documentar la formación?
No de forma literal. El precepto obliga a adoptar medidas, pero no impone un formato documental ni un modo de conservar evidencias. Documentar qué medidas se adoptaron, para quién y cuándo es, eso sí, la forma más sencilla de poder demostrarlo si alguien lo pregunta.
¿Por dónde empieza una empresa?
Por saber en qué tareas usa hoy la IA y asignar a cada una su casilla: acelerar, verificar, supervisar o no usar. Ese inventario, que cabe en una hoja, ya separa lo que puede ir rápido de lo que necesita criterio. Porque sin alfabetización, reskilling y gobernanza, la IA no es una ventaja: es un riesgo.
Fuentes
OCDE (2026), PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students, OECD Publishing, París. doi.org/10.1787/73451bc5-en
Shaw, S. D. y Nave, G. (2026), Thinking—Fast, Slow, and Artificial: How AI is Reshaping Human Reasoning and the Rise of Cognitive Surrender, Wharton School Research Paper. papers.ssrn.com/abstract=6097646
Reglamento (UE) 2024/1689, artículo 4, en la redacción dada por el Reglamento (UE) 2026/1744. data.europa.eu/eli/reg/2026/1744/oj