Un nuevo enfoque de la economía

Discurso íntegro pronunciado por el catedrático emérito Fernando González Laxe, expresidente de la Xunta, con motivo de la entrega de la Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Economía, otorgada en el Casino de Madrid por el Consejo General de Economistas de España

Fernando González Laxe, expresidente de la Xunta, recibe la Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Economía de manos de Miguel Ángel Vázquez Taín, presidente del Consejo General de Economistas de España

Fernando González Laxe, expresidente de la Xunta, recibe la Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Economía de manos de Miguel Ángel Vázquez Taín, presidente del Consejo General de Economistas de España

Autoridades, decano presidente del Consejo General de Economistas, decanos de los distintos Colegios Territoriales, señoras y Señores; benqueridos amigos….

Mis primeras palabras son para agradecer a los que me propusieron, decidieron y aprobaron mi designación para la condecoración impuesta. El galardón me enorgullece y me honra por proceder no solo del Consejo General de Economistas, sino por su significado. Por eso, me siento muy contento y lleno de felicidad.

Formar parte de las personas que anteriormente lo recibieron no hace más que aumentar mi responsabilidad y compromiso con mi profesión y con la difusión de los principios y valores de la economía. Sobre todo, pensando que entre los galardonados se encuentran mi primer profesor de Economía (Juan Ramón Cuadrado), el presidente del tribunal de mi tesis doctoral (José Luis Sampedro), el vocal de mi tribunal de Cátedra (Vitorio Valle) y quien siempre me animó a estudiar los aspectos marítimos (Ramón Tamames).   

Son, pues, momentos de emoción personal; y pretendo contagiároslos con los sentimientos que brotan de mi cabeza.

Llevo más de 50 años escuchando a distintos premiados que subrayaban tanto las aportaciones individuales llevadas a cabo por ellos mismos como los compromisos desarrollados a favor de la sociedad en su conjunto. En casi todos los discursos las palabras más reiteradas fueron esfuerzo, talento, dedicación, compromiso, responsabilidad, solidaridad y, finalmente, transferencia de conocimiento.

Estas pautas dan cuenta del potencial humano que genera España; así como del nivel de asunción y toma de conciencia en las posibilidades existentes sobre el porvenir que tiene nuestro país.

El dinamismo de un país se ve reflejado no solo por el número de personas que nacen o que habitan en un espacio geográfico; ni por su grado de formar equipos; sino por su compromiso en definir objetivos y alcanzar resultados notables en aquellas áreas más necesarias.

Aquí radica la esencia de un país y de una sociedad.

Es bien sabido que los retos actuales solo pueden ser abordados desde un mayor nivel de colaboración mutua entre todos, más que cada uno tirando por su lado. Así, por ejemplo,

  1. sabemos que debemos seguir apostando por una modernización económica, institucional y social;
  2. todos concordamos en el compromiso de afrontar Corredores de Transportes que aumenten nuestra conectividad interna e internacional,
  3. seguro que estamos de acuerdo en fomentar e impulsar el uso de las tecnologías avanzadas, para evitar una marginación y un retraso en la incorporación hacia una nueva sociedad post-industrial;
  4. creo que non tenemos dudas en afrontar la defensa de un patrimonio histórico y de los legados culturales existentes y disímiles;
  5. difícilmente deberían existir distancias entre nosotros en lo que concierne a la defensa de la biodiversidad; y en la aplicación de acciones a favor de la sostenibilidad ambiental y la mitigación de riesgos,
  6. coincidimos en que el problema de la vivienda non solo existe, sino que es preocupante,
  7. y, finalmente, para no excederme, demandamos unos servicios públicos universales, gratuitos y eficientes que impidan situaciones de pobreza y de exclusión; así como que se fomente la igualdad de oportunidades.

Afrontar estas tareas exige reforzar las capacidades de diálogo y la voluntad de entendimiento. De ahí que, continua y reiteradamente, busque generar una “atmósfera global positiva”, como diría Marshall para conseguir esos fines propuestos.

En suma, reivindico “actuar contra la polarización extrema; contra aquellos que alientan la crispación y contra los que ponen obstáculos permanentes y obstruyen las labores comunes”; y, en consecuencia, “estoy a favor de los acuerdos y consensos en las normas básicas y en el desarrollo de la lealtad institucional”.

Tal pronunciamiento no quiere decir un abandono de las posiciones propias, particulares y de los principios y sistema de valores definidos y aceptados por cada uno de nosotros; sino de buscar vías de entendimiento entre pensamientos dispares y diferentes.

Por eso, pido y reclamo “amplias dosis de serenidad”; y, como se dice en Galicia, de “acougamento”.

Eso mismo viene de reivindicar el premio Nobel de Economía, Daren Acemoglou, en el último Global Summit, apuntando que el desarrollo social y económico de un país, región o ciudad requiere de un buen funcionamiento de las instituciones; en la medida que son ellas quienes desarrollan un papel básico, determinante e influyente.  

Soy un profesor universitario y, en ocasiones, fui responsable público. Basándome en mi condición de profesor quisiera analizar y auscultar la sociedad en la que habitamos y proponer algunas sugerencias.

Por un lado, vivimos en un mundo con muchas incertidumbres. Por otro lado, asistimos a grandes transformaciones de una sociedad en permanente transición cara a una nueva era, donde los factores de resiliencia son cada vez más relevantes.

Pasamos de un mundo globalizado a uno fracturado en bloques económicos regionalizados; de una economía muy abierta y con escasas restricciones a una nueva situación donde prima el proteccionismo y el nacionalismo económico; de una colaboración multilateral a la predominancia del bilateralismo; y al frente de los principales gobiernos emergen autarquías, con rasgos dictatoriales.

Asimismo, se constatan nuevas preocupaciones, como las derivadas de la falta de acuerdos para afrontar el cambio climático y las necesidades de abordar compromisos en las políticas de defensa. Y sobrevuelan grandes dudas vinculadas el desarrollo e implementación de la IA; a los componentes éticos de la sociedad y a los derechos de propiedad intelectual. En suma, un mundo incierto y volátil.

Bajo estas circunstancias considero que es preciso seguir algunos de estos siete mandamientos.

Primero, identificar lo esencial. O sea, concentrar esfuerzos en un objetivo, porque la dispersión de esfuerzos resulta una das mayores amenazas para el éxito.

Segundo, apostar por el talento. Es decir, el ingenio supera a la fuerza. Cuando los recursos materiales son limitados, la creatividad puede llegar a compensar cualquier carencia.

Tercero, delegar con sabiduría. Buscar equipos cohesionados para optimizar al máximo el talento existente y poderlo incorporar.

Cuarto, medir el retorno de los recursos. Las victorias no se miden por la extensión del campo ganado, sino por la eficacia de las acciones llevadas a cabo.

Quinto, prepararse para lo inesperado. Las condiciones del terreno pueden variar rápidamente, y debemos estar preparados para adaptarnos a las nuevas circunstancias y entornos.

Sexto, liderar con ejemplo. Muchos líderes estragan recursos, y eso se transmite a lo largo y ancho de la organización.

Séptimo, fomentar la colaboración. La fuerza reside en la unidad. Implica fomentar la cooperación, transparencia e empoderamiento.

De seguir estos mandamientos aumentaríamos nuestra fortaleza, cumpliríamos objetivos y no tendríamos que andar cerrando brechas y corrigiendo parches históricos.

Soy optimista y, por lo tanto, creo en una España de las autonomías con capacidad de respuesta.

Apuesto por el progreso y el bienestar común. Reivindico la colaboración mutua y recíproca entre todos nosotros. E invito a todos a compartir esta propuesta.

Tan solo una reflexión más, y finalizo.

Me atrevo, en este acto, a plantear un nuevo enfoque de la economía. Esta vez, siguiendo los colores; es decir, definiendo los objetivos en función de las tonalidades.

De esta forma, se aprecian diez formas distintas de enfoques en torno a los fines y objetivos económicos.

  1. Economía verde, aquella que se centra en el respeto al medio ambiente; y sus objetivos consisten en reducir los riesgos medioambientales y garantizar la mayor sostenibilidad posible.
  2. Economía azul, la que muestra interés en la relevancia de los mares y los océanos junto a la preservación de los recursos allí ubicados.
  3. Economía amarilla, la que incluye las actividades relacionadas con la tecnología y la ciencia.
  4. Economía roja, la que hace referencia al consumo de bienes no siempre necesarios; o sea, refleja un claro aumento de la propensión al consumismo.
  5. Economía naranja, la que estudia la propiedad intelectual y las cuestiones relacionadas con el arte y la cultura.
  6. Economía gris, la que incluye las actividades relacionadas con los impuestos y las revisiones fiscales.
  7. Economía negra, la que se refiere a las actividades ilícitas, no reglamentadas, el terrorismo y las drogas.
  8. Economía violeta, aquella que menciona los objetivos relacionados con la igualdad de género.
  9. Economía blanca, la que considera como objetivo principal las actividades relacionadas con la salud, medicamentos y tratamientos que mejoren nuestra salud y calidad de vida.
  10. Economía plateada, la que hace referencia y tiene como objeto a las personas mayores y con edades no vinculadas a trabajos constantes y relacionadas con la actividad económica.

Acabo ya.

Podrán comprender que soy deudor de muchas personas.  Muchas de ellas me ayudaron y guiaron; otras me dieron consejos relevantes; y, un tercer grupo, me impulsó a tomar decisiones.

Como no es cuestión de citarlas, a todos ellos y a todas ellas, mi eterna gratitud. Y, como me dijo, hace tiempo, un buen amigo: Sempre voso

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