Bar Cañete, local de moda

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C/ Unió, 17 www.antiguobarorgia.com 93-270-34-58

17 de agosto de 2012 (14:41 CET)

El Bar Cañete es más un restaurante que un bar, aunque se llame así. La diferencia con un local clásico de comidas está en que hay pocas mesas, un par de ellas a la entrada y otras tantas al fondo, al final de la larga barra. Y también en que la mayor parte de los platos son platillos y tapas.

Abrió sus puertas a lo grande en septiembre del 2010 y desde entonces no ha dejado de estar en la cresta de la ola y de llenar a diario. Toda Barcelona ha pasado ya por el local, desde Sandro Rosell y Pep Guardiola -por separado, claro- hasta Narcís Serra, al que también le gustan las novedades. El hecho de estar a unos centenares de metros del Liceu y que permanezca abierto hasta la una de la madrugada tiene bastante que ver con el lustre de algunos de sus clientes.


Por su decoración resulta difícil ubicarle en alguna de las tendencias en boga. Al fondo tiene un patio con macetas colgadas en la pared, al estilo andaluz, pero lo primero que encuentras en la entrada es un pequeño mostrador con los postres del día y con un amplio surtido de quesos, con un aire como de bistrot. La cocina está a la vista, tras la barra.

El ambiente desenfadado que dan las barras repletas de clientela y que en este caso acentúa el alma de la casa, José María Parrado –inconfundible por el sombrero que siempre lleva- contrasta con una uniformidad de los camareros, vestidos de chaqueta blanca con hombreras. Una buena parte de ellos son gente de larga trayectoria en otros establecimientos de la ciudad.

El fuerte de Cañete son las tapas. Un paseo por la geografía española quizá con más presencia del sur: desde las anchoas del norte y el madrileño bocadillo de calamares a las ortiguillas rebozadas –para quien le gusten los sabores fuertes-, las difíciles tortitas de camarones –que no siempre les salen bien- y la pringá.

La carta es amplísima y está organizada de forma original: para picar, frituras, huevos, platos clásicos, platillos y diez postres, entre ellos la excelente degustación de quesos artesanales. También tienen la tortilla del día y el arroz del día, que en este caso no es un platillo, sino una ración absolutamente normal, más propia de un restaurante que de un bar. Para mi gusto, la oferta estrella es el filete, tanto el de vaca vieja como el de atún con lubina salvaje. También recomendaría los chanquetes con huevo frito y los boquerones a la andaluza. Y para acabar, el milhojas de crema.

La oferta de vinos no es tan amplia, pero está bien seleccionada, más que suficiente. Seguramente la cambiarán para incluir más variedad cuando amplíen el local. Los propietarios andan dándole vueltas a la compra de un bajo colindante para montar un par de comedores donde los buenos clientes puedan celebrar encuentros un poco más formales.

Diría que lo que mejor liga con la mayor parte de los platos de Cañete es la cerveza. Usan Moritz y la tiran muy correctamente. Tienen un surtidor de lager y otro de Epidor. En lugar de mezclarlas desde el barril, como hace el Vaso de Oro, aquí la sirven combinada en la copa si al parroquiano quiere darle un poco más de cuerpo.

Como ya puede deducirse de lo dicho, la cuenta del Cañete tampoco es la de un bar. Fácilmente puede acercarse a los 50 euros.
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