Dos siglos de glamour

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Con 170 años de historia, Santa Eulalia encara el futuro desafiando la crisis

Fachada del establecimiento de Santa Eulàlia en Barcelona

23 de marzo de 2013 (10:52 CET)

Es una de las pocas tiendas en el mundo que puede presumir de haber permanecido a la vanguardia de la moda durante 170 años. Lleva en pie desde 1848 y se ha ganado a pulso un destacadísimo lugar en el ranking de los comercios multimarca de lujo de Europa. A la altura del Colette en París, Browns en Londres, del 10 Corso Como en Milán o del Ekseption en Madrid.

Fue Domingo Taberner Prim quien abrió la primera tienda Santa Eulalia en el Pla de la Boquería. En 1894 entró como socio Lorenzo Sans Vidal, cuyos descendientes han seguido con la propiedad y gestión de la empresa.

La firma llegó a su máximo esplendor en 1926, cuando el tándem Luís Sans-Pedro Formosa hizo de Santa Eulalia uno de los grandes nombres de la alta costura internacional. Los pases de sus colecciones marcaron un hito importante, no solo en la alta sociedad, sino entre las numerosas modistas que cada temporada acudían al evento para adquirir las glasillas y patrones de los modelos.

La euforia sobrevivió a la guerra y llegó hasta finales de los años 60, cuando con el cambio de usos y costumbres, Santa Eulalia fue una de las primeras empresas en reciclarse al prêt-à-porter. Inició así la venta por toda España de sus propios modelos confeccionados a tallas y de los tejidos.

Hace dos años, después de tantos trajes a medida, arriesgadas apuestas por las mejores firmas internacionales, cambios de emplazamiento e incontables horas de entrega por y para la moda, Luis Sans --biznieto de uno de los fundadores de la empresa y actual propietario de la misma--, volvió a reinventarse.

“Cuando Pontegadea, la inmobiliaria del Grupo Inditex compró el edificio del nº 93 del Paseo de Gracia, en cuyos bajos estaba Santa Eulalia desde 1944 en régimen de alquiler, nos vimos obligados a trasladarnos a un local provisional”, recuerda Luís Sans . “Se demolió todo el edificio excepto la fachada, pero desde el primer momento se comprometieron a mantenernos aquí una vez finalizadas las obras”, agrega.

La madre de Amancio Ortega, una de aquellas modistas que acudía a los desfiles de Santa Eulalia y valoraba sus creaciones, ha sido el motivo de que  no sea un Máximo Dutti o un Zara la firma que ocupe hoy el local de 2.000 metros cuadrados, bajo los lujosos pisos de 590 metros cuadrados que están todavía vacíos.

Respetar la herencia del pasado

En el 2011, tras una reforma que costó 6 millones de euros, Santa Eulalia reabrió sus puertas. Y lo hizo convertida en una espectacular templo consagrado a la moda de lujo, con interiorismo firmado por William Sofield, el gran gurú de Tom Ford en Manhattan, Gucci, Bottega Veneta, Yves Saint Laurent o Boucheron.

“La nueva tienda es un espacio vanguardista que no olvida la tradición”, dice Luís Sans. “Hemos recuperado mobiliario, detalles decorativos y elementos de todas la etapas de la firma, desde el ascensor de los años 20, a sillas y mostradores Art Decó, los probadores y la imponente escalera de roble de la anterior tienda de Paseo de Gracia.”

El café, con su terraza ajardinada, es un punto de encuentro para fashion victims. Y el taller de sastrería y camisería a medida, el sancta sanctorum de la casa. Aquí, 18 sastres y oficiales cortan, cosen y prueban trajes, que requerirán hasta 42 horas de trabajo, para hombres exigentes que desean elegir las formas, los pequeños detalles y sobre todo, el tejido de su vestuario.

Entre ellos, el Rey Juan Carlos y Juan Antonio Samarach, que lució un traje confeccionado en estos talleres durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos. O Emilio Botín, presidente del Banco Santander, que suele optar por trajes gris oscuro, marengo o azul marino, camisas blanco o azul claro hechas a medida, y su inamovible corbata roja.

Carmen Cervera, Isabel Presley, Nieves Álvarez, Susana Gallardo o Cristina Valls Taberner, descendiente del fundador de la firma, son algunas de las numerosas clientas que, temporada tras temporada, confían en Santa Eulalia para renovar sus armarios.

Sandra Domínguez, la esposa de Luís Sans, es la encargada de elegir para ellas lo más trendy entre los diseñadores internacionales de primera línea. Los pantalones de seda de Isabel Marat, las mini faldas de Phillip Lim, o la cazadora de ante de Carven, son algunos de los imprescindibles para esta primavera.

Con una plantilla de 70 empleados y una base de clientes 70% locales y 30% extranjeros, Santa Eulalia invierte en sus compras más de cuatro millones de euros por temporada. Al negocio, facturan 15 millones de euros anuales. No parece afectarle la recesión. “La crisis produce un efecto reloj de arena – dice Luis Sans – sufren los de en medio, pero las tiendas de lujo y las de bajo coste se mantienen. Es cierto que ha disminuido la clientela local, pero la caída de esas ventas se ha visto compensada con la espectacular afluencia de turistas de países emergentes, especialmente rusos y chinos”.
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