El Corral del Rey o la evocación del pasado

stop

www.corraldelreytrujilloPlazuela Corral del Rey, 2Trujillo (10200)972-32-30-71

El comedor principal del Corral del Rey, en Trujillo

03 de abril de 2015 (12:00 CET)

Para decidirse por un restaurante en tierras extremeñas tienes dos opciones. Uno de esos lugares que evocan tradición y naturalidad, esos que se adornan con nombres como mesón, horno, asador, figón; o bien otro con decoración más moderna, menos rural. Los dos modelos están bien representados en la mayor parte de los pueblos de la región.

Ya adelanto mis conclusiones: hay más diferencia en la presentación/decoración que en los platos, porque en los dos se rinde culto a los productos de la tierra y en ambos también hay muestras de evolución; de una evolución que no siempre enriquece, que es de lo que se trata.

Además, tanto si comes de taberna como si lo haces en algo más actual tienes muchas posibilidades de acertar, siempre que te informes previamente y mantengas los ojos abiertos.

https://www.economiadigital.es/uploads/s1/33/80/50/detalle-2-del-corral-38050.jpg?t=1427912628En la bonita ciudad de Trujillo, muy cerca de la estatua ecuestre de Pizarro el conquistador, al otro lado de la plaza Mayor está el Corral del Rey, un asador cuyo nombre ya es sugerente. La guía Michelin de este año lo recomienda, mientras que la Repsol también lo incluye en su selección.

Está en el lugar que hace tres o cuatro siglos ocupaban los corrales de la mansión de los marqueses de Piedras Altas. Por eso la ambientación trata de emular aquellas épocas: sillas con asiento de enea, mesas de madera, paredes encaladas con algunos tramos de ladrillo y de piedra vistos; las cortinas, incluso los apliques de la luz, todo orientado a que te sientas como si estuvieras en el S. XVII, pero con más comodidad, claro.

Pese a la decoración y a su ubicación en la zona más turística de la ciudad, el Corral es de los locales de Trujillo donde más comidas de negocios se celebran. Tiene tres comedores, uno de ellos especialmente adecuado para esos menesteres. También tiene una barra para el tapeo.

La oferta es amplia y está montada en torno a los productos más genuinamente extremeños. He de decir que aquí comí el mejor jamón de mi periplo de una semana por la región.

Además de la relación de tapas, platos y postres, el Corral propone tres menús: el de la casa, a 23 euros; el de degustación, a 70 para dos personas; y el de tapas, a 60 para "dos o tres personas". Optamos por el segundo.

Antes, unas cañas Mahou, excelentemente tiradas. Tanto, que repetimos sabedores como éramos de que el menú incluía una botella de 3/8 de un tinto ribera con el que nos quedaríamos cortos.

Primero, el jamón excelente, como queda dicho. Después, una buena torta del Casar acompañada de pasas y mermelada de frutos rojos. Una combinación prescindible desde mi punto de vista, y más aún al inicio de la comida. El queso estaba muy bien y no necesitaba nada.

Luego, una ensalada de pimientos asados, dulces y sabrosísimos; con cebolla y un poco de ajo: el zorongollo extremeño.

A continuación, nos trajeron un sorbete de limón a modo de bajativo, como en los grandes banquetes de antaño. También innecesario, aunque entiendo que haya gente a quien le encaje.

El entrecot, que llegó con patatas cocidas sazonadas con pimentón de la Vera y tomates, estaba riquísimo. La grasa le había transmitido un sabor estupendo.

El postre fue lo que más me recordó al siglo XVII: un bizcocho borracho de miel y cubierto de crema. ¡Qué crimen! Y el café, de la marca Delta, lo más flojo: muy poco espeso, diluido.

El vino que llevaba el menú, el Carramimbre Roble, es un ribera modesto, pero resultón. Y como apunta su nombre, ha visto la barrica de lejos.

La carta de vinos es breve y clásica. Es un buen sitio para tomar un Habla del Silencio, un producto de la tierra, que el Corral vende a 23 euros, frente a los 12 de bodega. En el resto de la oferta, el restaurante tiende a triplicar los precios, un error lamentable.   

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad