Luis de Guindos: Just do it

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Luis de Guindos podría ganar ganar la presidencia del Eurogrupo y desbancar a la incompetencia de sus precedesores

Daguerro Luis de Guindos

12 de julio de 2015 (00:00 CET)

¡Hazlo ya! De Luis de Guindos esperamos un paso al frente para desbancar al iletrado Jeroen Dijsselbloem, encarnación de la etapa más oscura del Eurogrupo. Dijsselbloem sustituyó a Jean Claude Juncker (hoy presidente de la Comisión) que atravesó el cargo sin gloria y con mucha pena después de tragarse a más de un centenar de empresas multinacionales en la opacidad de la noche luxemburguesa. Se comió la caja entera de los donuts; contribuyó a evaporar centenares de millones de euros y ahora le exige a Grecia una subida del IVA, en bienes de primera necesidad y en sectores como la electricidad. Junker es un falsario; Dijsselbloem, un incompetente.

Si sale presidente del Eurogrupo, nuestro ministro subirá el listón sin dificultad. Pero antes debe ganar en la votación de mañana lunes 13 de julio. Él propone que los 19 ministros del euro voten al nuevo presidente del organismo y revelen su voto en el mismo momento; una especie de mano alzada. Guindos viene de una génesis vocacionalmente anglosajona, con amarres en la City de Londres, la cueva de Alí Babá. Sin embargo, hasta ahora, ha demostrado que puede combatir el mal precisamente porque lo conoce. En 2008, cuando se produjo la quiebra de Lehman Brothers, él era el director en España de aquella marca de infausto recuerdo. Metió sus cosas en la caja de cartón y salto con su gente a Nomura otro banco de Inversión, esta vez japonés.

Pronto entendió que aquel incendio no dejaría matorrales sin calcinar. Y a los pocos días abandonó Nomura para acercarse a la política. Mariano Rajoy preparaba su asalto a Moncloa y lo acogió con los brazos abiertos. Se agazapó. Dejó pasar el temporal hasta que, prietas las filas, compareció para ganar las generales de 2011. Guindos es bueno en el manejo de los mercados. Fue secretario de Estado con Rodrigo Rato, antes de la conversión del ex vicepresidente a la magia del negocio manga por hombro. Domina el arte de convertir las apariencias en realidades. Y para demostrarlo, ahí está el cuadro macro de nuestra economía devastada y de su inopinado mérito: la solvencia del bono español.

Guindos pertenece al cuerpo de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado; el rastro de Rojo, Boyer, Navarro, Barea, Solchaga, Solbes y algunos más. Pertenece a la alta función pública que a menudo glosó Fuentes Quintana, el sabio de Carrión de los Condes. Aprendió a mantener las apariencias ante los hombres de negro del FMI, que han vuelto a tragar. El milagro español es pura estadística. Pero todos sabemos que la red institucional de nuestro aparato productivo está corroída por contratos basura, líneas de crédito bloqueadas, refinanciaciones sin fin, etc. Parece además que un cuadro limpio es compatible con los 50.000 niños desnutridos descubiertos por Carmena en Madrid. Reconocer los desequilibrios sociales no debería ser ninguna deshonra, pero el ministro es circunspecto, no tiene el don de la palabra. Teme que el disfraz le despoje de su ardid. Es muy veloz en la ejecución y sabe que la arquitectura de la apariencia es una máquina instantánea; no perdura.

La estética del PP no le va. A Guindos, el nuevo logo de su partido –con la P de imitación Podemos a la vista- no le hace ningún favor, aunque la gaviota carroñera sea ahora un charrán de vuelo alto. En el Eurogrupo nunca se quita la corbata a diferencia de los miembros del grupito electoral de Jorge Moragas y del jovial Pablo Casado, un mentiroso compulsivo que acusa a los griegos de robar en supermercados y asaltar gasolineras. Guindos es hombre de traje austero y la corbata furiosa. Se mantiene lejos del hipster, Yanis Varoufakis, y distante respecto a la lana fría de Tskalotos, el marxista de origen nobiliario. Ni lo uno ni lo otro; Europa pide un señor pulidito de cuello blanco, muy versado, leído y políglota. Y Guindos lo borda. Solo le puede traicionar su propia prisa por salir del coto Monclovita en el que siempre ha sido una nota discordante, junto con el lúcido canciller García-Margallo.

Ahora le toca saltar a la presidencia del Eurogrupo. No lo hará sin sacarse de encima a caspa de Rajoy, un gregario de Merkel, la canciller con un silicio bajo el dobladillo de la liga de sus medias con una leyenda escrita que dice: "pagar y sufrir". A Guindos lo apoya Schäuble, que ya son ganas. Pero, por lo visto, el taimado Dijsselbloem quiere repetir en la presidencia con el soporte del Benelux y sin olvidar que ¡él también es socialista! A pocas horas de la votación, el muy impostor les dice a Valls y Matteo Renzi, "soy de los vuestros".

Si en la Cumbre de hoy en Bruselas se firma el armisticio griego, mañana le tocará a Guindos saltar al cenote sobre el vacío. ¡Just do it!

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