Neichel, el francés de Barcelona

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C/ Beltrán i Gózpide, 1-5 www.neichel.es 93 203 84 08

16 de septiembre de 2011 (09:56 CET)

Fue el primer cocinero de éxito de El Bulli, donde consiguió una estrella Michelin después de transformar lo que había sido un chiringuito de playa en un local admirado dentro y fuera de España. Sería luego su discípulo Ferran Adrià quien lo situaría en el firmamento gastronómico mundial. Desde su traslado a Barcelona, Jean-Louis Neichel practicó lo que mejor sabe hacer: una cocina inspirada en su Alsacia natal y en el Mediterráneo; muy elegante, con excelente materia prima y con un toque de distinción.


Es uno de los locales preferidos de los gourmets de la ciudad, donde acuden también muchas empresas para hacer almuerzos de trabajo en alguno de sus salones y todo aquel que quiere conocer uno de los mejores locales de Barcelona.

La afición de Neichel por la pintura es ostensible. No solo vende acuarelas con fines benéficos: decora platos y mesas. Pinta una esquina del mantel con una aceitera Marquina, un salero abierto y unos limones; alrededor, unos granos de pimienta y anís estrellado aromático. Como si fuera otro de sus cuadros en un lado de la mesa. Ha inundado el techo del pasillo que separa el comedor de la cocina con cucharas y objetos semejantes a huevos de avestruz colgados, una imagen que evoca ciertos escenarios dalinianos del Alt Empordà.

El establecimiento ocupa la planta baja de un típico edificio de viviendas de Pedralbes, en una zona de la ciudad donde los arquitectos no reservan espacio para los locales comerciales. Las vidrieras del restaurante están protegidas de las miradas de los vecinos por unos espesos parterres y algunos árboles frutales. AC Hoteles adquirió hace cuatro años el inmueble donde está el restaurante y transformó lo que eran unos apartamentos en hotel de 50 suites, cuya piscina queda ahora junto a la puerta de entrada de Neichel, de forma que sus clientes pueden utilizar algunas mesas al aire libre para fumar.

La carta es breve porque en realidad lo que ofrece el establecimiento son tres fórmulas de menú degustación -45 euros el petit menú, 75 el sabores y 95 el prestige- con las que el comensal puede hacerse una idea cabal de su cocina. Los años de trabajo en Roses han marcado el estilo de Neichel, que se refleja en la presencia en sus creaciones de productos autóctonos, como las gambas de Palamós, las anchoas, las espardeñas y el foie del Empordà.

Entre los platos más logrados de estos momentos habría que incluir el gazpacho de tomate, con bogavante y sorbete de aguacate. En la deliciosa merluza con vieiras que probé en mi visita de julio había una combinación de sabores que le daban un cierto aire asiático, con berenjena, pimiento y una salsa con unas gotas de soja, un guiño a las nuevas tendencias, aunque el peso fundamental sigue siendo la tradición afrancesada.

La carta de vinos no desmerece, al contrario. Ordenada por procedencias, la presencia francesa es muy importante, como no podía ser de otra forma. Pero tanto entre los franceses como entre los españoles se encuentran botellas a precios razonables, un detalle que no siempre se aprecia en restaurantes incluso de menos categoría.

A lo largo del comedor, decorado con un interiorismo delicado, hay varios aparadores de servicio auxiliar para los camareros sobre los que se exhiben una buena colección de licores, sobre todo coñacs, armañacs y calvados. Los carros de quesos y de postres terminan de conformar un ambiente muy del estilo francés. Es un lugar donde apetece coronar la comida con una buena infusión –ofrece cinco variedades de café y seis de té, selecciones de la prestigiosa casa Sans- y un espirituoso.
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