A fingir que son dos años

PSOE y ERC están tan lejos de romper y provocar un malestar que podría despeñarles, como de proyectarse hacia el futuro y dejar una huella en tanto que estadistas

Pedro Sánchez y Oriol Junqueras comparten la necesidad de colaborar. El primero porque necesita los votos republicanos en el Congreso y el segundo porque, tras la sonora derrota del otoño de 2017, no tiene otro remedio que apostar, no por el entendimiento y el acuerdo sincero sino por encabezar la única vía a la fracasada unilateralidad, el diálogo, aunque el final de la partida coincida con la casilla de salida.

La cuestión, para ambos, es llegar a finales de 2023 sin mayores sobresaltos de los que acarra el día a día del acercamiento y fricción entre contrarios. Su visión es medioplacista. Están tan lejos de romper y provocar un malestar que podría despeñarles, como de proyectarse hacia el futuro y dejar una huella en tanto que estadistas. A fingir, que son dos años. Luego ya veremos.

Muy al revés de lo que dijo el portavoz de ERC en el Congreso, no sería el fracaso de las llamadas y sin embargo inexistentes ‘negociaciones’ sino su éxito lo que facilitaría el acceso de la combinación PP-Vox a La Moncloa. Por eso los socialistas insisten tanto en negar taxativamente el derecho de autodeterminación y la amnistía, que son los dos únicos propósitos declarados de la mesa de diálogo entre gobiernos.

PSOE y ERC quieren llegar a finales de 2023 sin mayores sobresaltos de los que acarra el día a día del acercamiento y fricción entre contrarios

Y por eso mismo los republicanos hacen oídos sordos, y venden a sabiendas de que no anda la moto según la cual van a conseguir por lo menos el primero de los objetivos. Es precisamente por esta hendidura en la vía política de ERC que JxCat introduce su palanca.

La finalidad de los post convergentes y asimilados es doble. Por un lado acumular tanto poder autonómico como lo permitan las circunstancias. Por el otro, desquitarse del sorpasso de sus rivales republicanos y recuperar la hegemonía por primera vez perdida en su propio campo.

De ahí la doblez de sus dirigentes. No es que el partido de nuevo cuño se vaya a dividir. Se trata simplemente de ir afinando la disonante partitura de saborear las delicias de los cargos públicos y a la vez tocar arrebato cual indignada oposición.

Se trata simplemente de ir afinando la disonante partitura de saborear las delicias de los cargos públicos y a la vez tocar arrebato cual indignada oposición.

No hay otra y no la habrá. La razón es muy simple: o eso, o resignarse a hacer seguidismo de la estrategia de ERC. De lo que ahora tratan es de compaginar las invectivas contra el diálogo de Laura Borràs y Elsa Artadi con la consolidación de Jordi Puigneró y Jaume Giró en monaguillos de Pere Aragonès.

Jordi Sànchez se reserva, claro está, el papel de vértice que module los silbidos a ERC por parte de JxCat en su versión opositora al tiempo que recoge y aprovecha las ventajas y las medallas que proporciona una gestión que no resulte desastrosa. Tecnócratas al Govern, escraches como oposición.

Se les ve el latón, pero poco importa, ya que sus rivales y a pesar de todo socios de Esquerra también lucen un latón engañoso, a saber si de peor o de igual calibre. Falsa moneda unilateralista contra falsa moneda de solución política. Empate de ficciones, o si lo prefieren embustes, que sin embargo, si la sangre no llega al río como es de prever, no alejará demasiado a sus respectivas parroquias de las urnas.

«La única alternativa del votante independentista es la CUP»

Total, la única alternativa del votante independentista es la CUP, una opción de protesta inocua dispuesta a acoger a decepcionados que no comulgan para nada con sus iniciativas políticas y sus ideología antisistema. Votantes que, a pesar de su enfado, no quisieran ver como consellers a miembros de partidos no independentistas.

Estabilidad pues en Cataluña, mediante el pacto tácito de conveniencia descrito, no firmado ni explicitado pero aceptado por ambos socios contendientes, que además, en vez de tener el valor de admitirlo, van a coincidir en negarlo cuando convenga.

Y estabilidad en toda España hasta el final de legislatura. En común, una entente cordiale a fin de mantenerse en el poder a base fingir una capacidad de resolver los problemas de la que en su fuero interno no pretenden disponer. No sólo en el terreno aquí analizado sino en todos o casi todos los demás, verbigracia el precio de la electricidad.

Se trata de mantener el equilibro, de vender humo donde no hay combustible

Maquillaje sobre el ajado y fantasmagórico rostro de lo que se vende a sabiendas de que no es real, en lugar de las imprescindibles reformas estructurales o propuestas sinceras de cambio y mejora. Se trata de mantener el equilibro, de vender humo donde no hay combustible, lo que sea antes de arriesgarse a acciones de calado y envergadura que podrían comportar desgaste o pérdida de poder.

Así no iremos a ninguna parte, podrían aducir en beneficio propio si experimentaran la necesidad de justificarse ante el espejo, pero por lo menos no nos hundiremos ni habremos contribuido a que las encalmadas aguas del presente se conviertan el zozobra y marejada.

Xavier Bru de Sala