A mí, que me registren

El presidente del gobierno, en el Congreso, indignó pero no sorprendió

No rindió cuentas por el espionaje de Pegasus. Tal como se preveía. Arremetió contra la derecha,  a ver si se nos queda grabado que la corrupción forma parte del ADN del PP, se sacudió la responsabilidad de los espionajes telefónicos, anunció dos reformas legales para las  que necesita una mayoría que no tiene y se quedó tan ancho. 

No se esperaba nada, en realidad, de Pedro Sánchez en su comparecencia obligada ante el Congreso en donde debía explicar el metaverso de las escuchas. Qué menos para un presidente que presume de ser transparente. Pero no defraudó. Indignó, pero no sorprendió.  Ni a sus socios más exigentes ni a la oposición. No dio detalles de la operación múltiple . Porque, según denunció en su día una Moncloa en apuros para ponerse a la cabeza de la manifestación de víctimas espiadas, hubo dos redes de escuchas. O tres. Según el día.

La legal del CNI que afectó a 18 usuarios, la ilegal que se extendía a a una cuarentena más y la sufrida por el propio presidente del Gobierno y un par de ministros. Una operación de la que probablemente nunca se sabrá nada oficial porque afecta a relaciones externas del gobierno. Un galimatías diseñado de urgencia para difuminar la victimización de los secesionistas espiados. Operación sin éxito.  

Una operación de la que probablemente nunca se sabrá nada oficial porque afecta a relaciones externas del gobierno

No hubiera sido el mismo Sánchez de siempre en el Congreso si no se hubiera entregado a su cruzada principal: culpar a la derecha de todas sus insuficiencias. Por eso, en la comparecencia parlamentaria, se permitió volver a exhumar conversaciones entre el ex comisario Villarejo y la ex dirigente del PP, Dolores de Cospedal, de hace casi diez años.

Pero su objetivo era sacudirse cualquier responsabilidad sobre las escuchas. Por eso se ciñó a los fallos de seguridad ( para justificar el descabezamiento del CNI) y a decir que no se enteraba de los permisos judiciales para hacer seguimientos a personas que podían suponer un peligro para la seguridad del país.  

Sánchez ya está acostumbrado a mentir y que no se le crea

Resultaba difícil de creer que un presidente que se ha encargado de enmendar la plana al Tribunal Supremo, indultando a los condenados por sedición en el procés, que ha favorecido, a través de los votos del PSC, que vaya a incumplirse la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que obliga a impartir el 25% de la enseñanza en castellano en los centros escolares de Cataluña , no estuviera al tanto de los seguimientos del CNI, un organismo que depende del gobierno.

Resultaba difícil creerle. Pero Sánchez ya está acostumbrado a mentir y a que no se le crea. Si se enteró, queda mal con sus socios por haber consentido el espionaje mientras pactaba con ellos.  Si no se enteró deja una imagen lamentable de vulnerabilidad de país. Pero no le importa. Prefirió hacerse el sueco. La opción A podría reconciliarle con ERC. Eso pensó cuando no respondía a las preguntas. 

Sánchez prefiere aparentar su falta de control para congraciarse con ERC

¿Pegasus? A mí, que me registren. ¿Las reclamaciones?  Al maestro armero. Que él es el jefe de todo; sí, incluso a veces ha acariciado la idea de ser el Jefe del Estado, pero ,si vienen mal dadas, la culpa es del PP y del Pegasus, el CNI. Prefiere aparentar su falta de control (para no distanciarse más de sus socios) a pesar de ofrecer una mala imagen de seguridad. Ya no por haber sido espiado ( otros mandatarios también han pasado por ese trance) sino por haber dado un giro copernicano a la política de Estado sobre el Sáhara para someterse a Marruecos.  

Los independentistas tampoco se fían de él. Y siguen insaciables. Se ha ganado al PNV con el anuncio de la nueva ley de secretos oficiales pero no a ERC. “No se puede vivir todos los días de rodillas» le afeaba el presidente del PP, Núñez Feijóo desde la otra orilla del Congreso.  Y en esa posición está Sánchez con ERC sin saber ya qué hacer para recuperar sus favores. Rufián exhibe su desprecio hacia un presidente cada vez más debilitado. Escenificando su indignación como socio espiado.

Pero Sánchez,  se aparta a un lado cada vez que le caen  los reproches para dedicarse a predicar sobre el  diálogo que no practica. Los socios creyendo que les toma por idiotas. Si el gobierno indultó a los nueve presos del procés después de haber intervenido sus teléfonos ¿cómo sale de ésta? Está atrapado en la red de la negociación con unos socios a los que espiaba porque no eran de fiar. 

La sentencia de Santiago Abascal sobre la falta de credibilidad del presidente se ha extendido a todo el hemiciclo. ¿De verdad cree que puede aguantar lo que le queda de legislatura diciendo que su gobierno es “ejemplar”? 

Tonia Etxarri