¡Ayuso dimisión! ¡Maricarmen una mansión!

El festival de cine de San Sebastián ha dado esta semana su mejor actuación en la alfombra roja con el cartel que han elegido fotografiarse los activistas

El festival de cine de San Sebastián ha dado esta semana su mejor actuación, y no ha sido dentro de ninguna sala. Ha sido en la alfombra roja, delante de Los Miserables, que ya es una casualidad que el cartel con el que han elegido fotografiarse los activistas sea precisamente ese y no otro. Muy literario todo. Muy simbólico. Muy de quien ha leído el resumen de Víctor Hugo en Wikipedia y se ha quedado con que hay ricos y pobres y que los ricos son malos.

La pancarta lo decía todo: «¡Ayuso dimisión! ¡Maricarmen una mansión!» Sonoro. Rimado. Perfecto para el consumo en redes. El problema es que Maricarmen, que así se llama la señora de 87 años desahuciada de su piso del Retiro después de 71 años, ha dicho esta semana algo que no estaba en el guion: que la culpa de lo que le ha pasado la tiene Pedro Sánchez. La señora ya tiene una edad y sabe perfectamente dónde están las palancas del poder cuando se trata de cambiar una ley. Los del festival, por lo visto, no han llegado a ese capítulo.

La gente del cine es solidaria. Enormemente solidaria. Sobre todo con las causas que les permiten quedar bien en una foto y que no les cuestan nada. Con Maricarmen, que es el personaje perfecto, la anciana frágil frente al sistema, la Paquita de un guion que ya estaba escrito antes de que llegara la policía a ejecutar el desahucio. Lo que no hacen los del cine, ni los activistas de alfombra roja, ni los ministros indignados que aparecieron ante las cámaras como por ensalmo, es solidarizarse con los otros 44 desahuciados que se producen cada día en España. Cuarenta y cuatro. Sin cámaras. Sin pancarta. Sin Sigourney Weaver mirando hacia otro lado con cara de profunda preocupación.

Foto: El Diario Vasco.
Foto: El Diario Vasco.

Tampoco se solidarizan, por cierto, con el otro tipo de desahucio que en este país se llama ocupación y que consiste en que alguien entra en tu casa mientras estás de vacaciones y ya no puedes recuperarla. O en que un propietario lleva años sin cobrar el alquiler, sin poder entrar en su propiedad, y encima tiene que seguir pagando la hipoteca y los suministros. Esos no merecen la pancarta. Esos no son Paquita. Esos son, en la narrativa que el cine español lleva décadas construyendo, el enemigo de clase.

Pero volvamos a los datos, que son tercos. Cataluña, donde gobierna el PSC, que es el PSOE con acento abierto, triplica a Madrid en desahucios por alquiler: sesenta y dos desahucios por cada cien mil habitantes en Cataluña, veintisiete en Madrid. Según las cifras del CGPJ difundidas para 2025, Cataluña registró 5.025 lanzamientos derivados del alquiler y Madrid, 1.931 ¿Han viajado los actores y directores del festival a protestar a Barcelona? ¿Han desplegado pancartas ante el Palau de la Generalitat? No. Porque eso no va en el guion. El guion tiene una sola villana y se llama Ayuso, y cualquier dato que complique esa trama sencilla y familiar es un elemento dramático prescindible.

El fondo del asunto es la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, modificada bajo gobiernos socialistas, que deja sin protección a quien tenga una discapacidad reconocida inferior al 65%. Maricarmen tiene el 50%. Es la diferencia entre quedarse en casa y acabar en el telediario. Esa ley lleva treinta años esperando que alguien la cambie. Sánchez lleva en el gobierno desde 2018. Sus socios, Junts y el PNV, se niegan a cualquier reforma de vivienda que les incomode. Así que la ley sigue como está, la ministra sale a señalar a Ayuso, y los del cine fotografían la pancarta delante de Los Miserables.

Un guion de película infantil para toda la familia con final previsible: Maricarmen sigue sin mansión, la ley sigue sin cambiar, y los cuarenta y cuatro desahucios diarios siguen produciéndose en el más absoluto silencio creativo del séptimo arte español.

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