Cuba en el corazón

Con el ejemplo de Felipe González, llama poderosamente la atención la tibia respuesta de un Gobierno liderado por el PSOE ante el grito de libertad del pueblo cubano

Corría el año 1978, el régimen dictatorial montado por el sátrapa de apellido Franco aún permanecía a los mandos del estado, y un casi desconocido Felipe González, elegido secretario general del PSOE en la clandestinidad solo cuatro años antes, llegaba a Caracas a impartir una conferencia para la fundación Diego Cisneros tras participar en el congreso de la Internacional Socialista celebrado pocos días antes en Vancouver.

En un momento de efervescencia ideológica en toda la izquierda mundial que llevó a radicalizarse incluso a los moderadísimos socialdemócratas suecos y con la transición española arrancando, todas las miradas del mundo estaban posadas sobre este joven abogado sevillano, a quien mucha prensa española e internacional trataba de presentar como un peligroso revolucionario.

Felipe González acababa de viajar tanto a la URSS como a los EEUU, y ante toda esa presión internacional que trataba de calibrar el fondo y las formas del que ya se presentía como futuro presidente del Gobierno de España, rompió todos los esquemas al respetable con una frase que quedará para la historia:

«Yo preferiría que me diesen un navajazo en el vientre, entrando en el metro de Nueva York, a las diez de la noche, antes que vivir treinta años con absoluta tranquilidad y seguridad en Moscú».

González abrazaba de esta forma la mejor y más fecunda socialdemocracia española, la de Pablo Iglesias, Fernando de los Ríos o Julián Besteiro, la que abjuraba y condenaba sin miramientos las dictaduras tuvieran el color que tuvieran, la que le pegó un portazo en las narices a la internacional comunista de Vladimir Ilich Ulianov apostando por el gradualismo, la democracia, la libertad y el pluralismo político, la que de su mano significó el despegue de nuestro país y se presentó ante las naciones desarrolladas occidentales como un país serio, previsible y confiable, asumiendo sus compromisos internacionales tras su ingreso en la Unión Europea y en la OTAN.

«Preferiría que me diesen un navajazo en el vientre en el metro de Nueva York antes que vivir treinta años con absoluta tranquilidad y seguridad en Moscú»

Felipe González

Mucho le debía aquel PSOE de González a la Internacional Socialista, convertida desde el final de la guerra civil y especialmente desde finales de los años 50 en un altavoz de denuncia permanente de las atrocidades del régimen franquista en todos los organismos internacionales además de proporcionar apoyo económico, infraestructura y refugio a sus militantes en su trabajo de derribo de la dictadura.

Un apoyo al que el PSOE respondió tras su llegada al poder integrándose con los principales partidos socialdemócratas mundiales y liderando un grupo de apoyo a los demócratas latinoamericanos que estaban sufriendo la represión de las feroces dictaduras que tomaron el poder en todo el continente hermano tras los cruentos golpes de estado que se sucedieron en aquellos años.

protesta cuba habana
Protestas en la Habana, Cuba. EFE

Con toda esta historia a sus espaldas y el ejemplo de Felipe González, verdadero pulmón de la recuperación de las libertades en muchos de esos países, llama poderosamente la atención la tibia respuesta de un Gobierno liderado por el PSOE ante el grito de libertad que está lanzando el pueblo cubano harto de una dictadura que lleva ya en el poder más de 60 años y que a pesar de sus prometedores comienzos no es ahora mismo más que una máquina de represión masiva sobre sus propios ciudadanos.

La historia del PSOE no merece esto, los miles de militantes que dieron su vida por la democracia no merecen esto, los miles de exiliados socialistas que tuvieron que huir por defender la democracia no merecen esto.

Cuba sigue siendo un pedacito de todos nosotros, de nuestra historia, de nuestros sentimientos, de nuestra deuda moral con todos los que hicieron tanto por nosotros en la hora más oscura de la dictadura franquista y España debería ser, como en otras ocasiones, quien encabezase por esas razones históricas y culturales la respuesta de la Unión Europea quien ayudase a los cubanos a sacar del poder a los dictadores. Una respuesta acorde con el momento y el desafío, una respuesta que ayude a los cubanos a vivir en libertad.

César Calderón