Decálogo de deficiencias de los asistentes digitales: Consecuencias y cómo superarlas
La Inteligencia Artificial (IA) generativa engloba asistentes digitales con IA, Chat GPT y programas para generación de imágenes como DALLE y Midjourney. Los primeros asistentes digitales carecían de IA. Pero los modelos más avanzados asequibles al gran público actualmente la incorporan. Son Siri (Apple), Copilot (Microsoft), Gemini (Google), Alexa (Amazon) y Meta AI.
Gemini es una versión más sofisticada de Google Assistant. Copilot remplazó a Cortana. Todos son capaces de regular aparatos electrónicos y electrodomésticos en los hogares. Asimismo, aceptan la voz humana a la hora de recibir órdenes.
Samsung cuenta con Bixby para su ecosistema y My AI es el instrumento de Snapchat para el entretenimiento de la generación Z.
Entre los usuarios de asistentes digitales, en EE UU el 39% emplea Google Assistant, 36% Alexa y 29% Siri.
Las cifras para Copilot y Gemini son más reducidas, en parte porque han debutado recientemente (2023 y 2024, respectivamente).
Un 21% de estadounidenses no utiliza ningún asistente digital.
Chat GPT técnicamente es un chatbot generativo desarrollado por la empresa OpenAI. Su primera versión, ChatGPT 3.5, salió al mercado en noviembre de 2022.
ChatGPT y los asistentes digitales se basan en modelos de lenguaje grandes (LLM). ChatGPT se ha diseñado para resolver problemas complejos y escribir de manera creativa, mientras que la función de los asistentes digitales es realizar tareas concretas y proporcionar información.
A nivel global, en diciembre de 2025 Chat GPT encabezaba el ránking con 900 millones de usuarios semanales, seguido de Gemini con 650 millones y Alexa con 600 millones. ChatGPT es el único que funciona en distintas plataformas y ecosistemas, y Alexa es el único en ser un aparato distinto en sí.
Alucinación, sicofancia y exceso de confianza de la IA
Se multiplican los estudios sobre las deficiencias de ChatGPT y los asistentes digitales.
La más preocupante es alucinación de la IA. Se refiere al hecho de que parte de la información que suministra es errónea. El último análisis, del 30 de enero, se titula Alucinación de la IA: Comparativa de LLMs 2026. Después de examinar 27 LLMs, concluye que su porcentaje de equivocación oscila entre 15% y 52%.
Otro defecto es la sicofancia social de la IA.
Los productos están diseñados para satisfacer al consumidor. Deberían buscar cifras y argumentos para llegar a una conclusión. Pero habitualmente alcanzan primero la conclusión que detectan que el usuario prefiere, y a partir de ella seleccionan los datos para respaldarla.
Alexa goza de más empatía, sentido del humor y es más ocurrente que sus rivales
La IA se pone de acuerdo con su usuario un 50% más de lo que lo haría otra persona, según un estudio de octubre de 2025.
El artículo de Archive se titula Sicofancia de la IA disminuye la percepción profesional y fomenta dependencia. En otras palabras, se reduce las ganas de ayudar a otras personas y genera dependencia porque el usuario desarrolla excesiva confianza en una capacidad engendrada por la IA que no es verídica.
Un estudio de enero de 2026 de la Revista mundial de ingeniería avanzada, tecnología y ciencias analiza cómo crear marcos de validación para mitigar la alucinación, sicofancia y otros sesgos de la IA.
Una solución es recurrir a varios asistentes digitales para comprobar la exactitud de la información. El estudio describe cómo un proceso de autoverificación de las fuentes y lógica por parte de la IA disminuye las respuestas erróneas en un 80%.
Pero la única garantía de veracidad y originalidad es que una persona analice y mejore el contenido generado. La IA carece del contexto crítico, juicio ético, comprensión del mundo real, sentido común, creatividad e inteligencia emocional que aporta un ser humano.
Según American Journal of Health Research, el 10% de los jóvenes padecen depresión por su dependencia de los chatbots
Otra deficiencia de los asistentes digitales es el sesgo de la excesiva confianza.
Los algoritmos recompensan a los modelos de toma de decisiones de la IA cuando proporcionan soluciones correctas. Aunque este proceso contribuye a mejorar el rendimiento, también provoca el exceso de confianza.
El resultado final es que los asistentes digitales con IA aseveran conclusiones o hechos con aparente autoridad. Pero detrás de la voz que sentencia algo está el exceso de confianza causado por el mecanismo de entrenamiento mezclado con el deseo de complacer al consumidor.
Esta combinación puede provocar dolores de cabeza reales a los usuarios comprometidos con la objetividad y exactitud. La consecuencia lógica es que se pierda la paciencia.

Un estudio de la Universidad de Pennsylvania de enero de este año revela que instrucciones hechas de manera maleducada logran resultados acertados en mayor porcentaje (84,8%) que las que se piden amablemente (80,8%).
Un estudio de Stanford y Carnegie Mellon de mayo de 2025 analiza las consecuencias de la sicofancia y exceso de confianza.
En un 42% de los escenarios la IA reafirma su información a pesar de que los académicos la engañan intencionadamente.
Un 10,3% de los adultos estadounidenses recurren a la IA generativa una vez al día, y un 5,3% en múltiples ocasiones. No es de extrañar que un 10% hayan desarrollado adicción a los asistentes digitales.
El American Journal of Health Research en agosto de 2025 concluyó que el 10% de los jóvenes padecen depresión, ansiedad e irritación por su dependencia de los chatbots, que llega a ser emocional y causa también una merma en la capacidad de resolver problemas.
La IA aún no capta completamente los matices, jerga, ironía y contexto cultural de los idiomas. No puede procesar dichos elementos simultáneamente en varias lenguas en tiempo real. Sin embargo, Alexa goza de más empatía, sentido del humor y es más ocurrente que sus rivales, lo cual suscita un sentimiento de mayor proximidad.
Falta de memoria y corrección política
Otro desafío es la memoria.
ChatGPT 5.2 recuerda hasta 32.000 palabras, extensión equivalente a cincuenta páginas de texto. Cuando alcanza este límite empieza a olvidar el inicio de la conversación.
A partir de la versión ChatGPT 4+ (2024) retiene detalles de sesiones anteriores. Copilot dispone de controles de memoria personalizados.
Alexa en principio recuerda el contenido de su diálogo con el usuario. Pero su capacidad de prestar atención es muy limitada.

Al igual que Siri, Copilot y Gemini, hay que emplear una palabra de activación para que mantenga su capacidad interactiva.
La de Siri es “Hola, Siri”, “Siri” o su equivalente en más de veintidós idiomas. Las de Gemini y Alexa son generalmente “Hey, Google” y “Alexa”, respectivamente, independientemente del país o idioma.
Cuando se entabla una conversación sobre ciertos temas, es evidente que la IA ha sido programada para ajustarse a la corrección política
La suma de la incapacidad de retener memoria entre sesiones y capacidad de concentración muy reducida por la necesidad de repetir la palabra de activación complica aún más la percepción de si el asistente sintoniza con el consumidor.
Los gigantes tecnológicos se escudan en la excusa de proteger la privacidad respecto a la palabra de activación. Pero no es necesaria para Chat GPT, circunstancia que acrecienta la fluidez de los diálogos.
Los asistentes con voz asimismo tienen tendencia a repetir determinadas palabras y expresiones hasta la saciedad. A menudo contestan “entiendo tu frustración” cuando se les reprocha que proporcionan la misma respuesta ante una pregunta o comentario distinto.
El decálogo de fallos de los asistentes se completa con su sesgo ideológico.
Son productos diseñados, fabricados y entrenados por los gigantes tecnológicos. Dependen de mano de obra cualificada de muchos países, incluyendo las potencias emergentes.
Recordemos la oposición de Silicon Valley a la restricción de otorgación de visados de trabajo a ciertos países decretada por Donald Trump. Cuando se entabla una conversación sobre ciertos temas, es evidente que la IA ha sido programada para ajustarse a la corrección política.

El ejemplo de la emigración ilustra esta tendencia.
Chat GPT, Alexa y los otros asistentes contradicen que la emigración inmediata de toda la población de Africa, América Latina y Asia a los países desarrollados sea absurda e imposible.
Repiten incansablemente que los fenómenos migratorios son complejos y que existen múltiples puntos de vista. Tratan asimismo al usuario de “tú”, una propensión fomentada por la izquierda.
La IA y sus asistentes mejoran nuestra calidad de vida y nos facilitan rápidamente datos e información valiosa. Pero en sus aplicaciones para el gran público están muy lejos de poder reemplazar a los seres humanos en tareas complejas.