Si Aragón es nuestro Ohio

La única esperanza del sanchismo es que VOX no sea un partido responsable

Si Aragón es nuestro Ohio, el PSOE tiene las horas contadas. No asistimos a un simple cambio de ciclo autonómico, sino a un síntoma profundo, casi tectónico, de algo que se mueve bajo los pies de la política española. Lo que viene no es suave ni ordenado: nos aguardan los últimos coletazos de un sanchismo que, consciente de su decadencia, actuará a la desesperada y con total desprecio por la democracia y los límites. En este proceso español, dominado por la ambición y la avaricia, la izquierda ha perdido los últimos restos de patriotismo, de honestidad intelectual y de conexión con la realidad ciudadana.

Si Aragón es nuestro Ohio, significa que el Partido Popular se consolida como el gran partido de centro derecha, no solo en España, sino en el contexto europeo. Junto a la CDU alemana, el PP se perfila como una fuerza capaz de ocupar el centro político sin complejos, resistiendo la fragmentación y el desgaste que han sufrido otras derechas tradicionales. La regeneración de nuestra democracia y la recuperación de la clase media pasa por la consolidación y el fortalecimiento del partido de Alberto Núñez Feijóo y un reformismo ambicioso, pero sin estridencias.

Si Aragón es nuestro Ohio, también se confirma que la derecha populista, sin alcanzar las cifras de otros países europeos, ha llegado para quedarse como una fuerza media. VOX no arrasa, pero tampoco desaparece. Se consolida, sobre todo, allí donde la izquierda ha abandonado a la clase trabajadora, al mundo rural y a quienes no encajan en la estética moral del progresismo urbano. No crece a costa del PP, como algunos se empeñan en repetir, sino devorando los restos de una izquierda ideológica y moralmente desnortada.

Si Aragón es nuestro Ohio, la izquierda radical está extinguida. Y con ella su retórica agresiva, su victimismo impostado y sus portavoces de matonismo parlamentario. ¿Será la hora del invento político de Gabriel Rufián? Ese chuleta llorón que no aguantó ni un asalto dialéctico a Feijóo en aquella comparecencia-trampa impuesta en el Congreso en plena campaña. Mucho ruido, mucha pose, pero una fragilidad política e intelectual que queda rápidamente al descubierto cuando se les saca del guion.

Pedro Sánchez apostó todo a la política de bloques, levantando un muro artificial entre españoles. Una estrategia cortoplacista y oportunista. Al desaparecer la socialdemocracia clásica, decidió abrazar sin rubor los postulados del populismo iliberal de izquierdas para sostener un gobierno de retales, cada vez más pequeños y más radicales. No fue una elección ideológica; fue pura supervivencia personal. Y ahora paga (y pagamos) el precio de tanta irresponsabilidad.

Si Aragón es nuestro Ohio, la estrategia de alimentar a VOX para luego presentarse como su némesis empieza a hacer aguas. Detrás de ese pensamiento tan poco ilustrado, estaba la propuesta de la gran regularización de inmigrantes que sus socios podemitas vendieron sin pudor como un “gran reemplazo” electoral. Una jugada cínica, desconectada del sentir popular y, definitivamente, autodestructiva.

La izquierda sociológica ya no es mayoría

Así, el abandono sistemático de la clase trabajadora y de la España rural por parte de la izquierda ha tenido un efecto inesperado para ellos: la derecha populista crece, sí, pero no debilitando al PP, que mantiene o mejora resultados —como en Extremadura—, sino drenando votos directamente de la izquierda. Una jugada maestra… pero en contra de quien la diseñó. En el proceso español, los procesistas sanchistas también parecen especializados en pegarse tiros en el pie.

Si Aragón es nuestro Ohio, la hegemonía cultural en España se ha desplazado definitivamente. La izquierda sociológica ya no es mayoría. El viejo bipartidismo ha muerto, pero no ha sido sustituido por el caos que algunos auguraban. Se configura un nuevo sistema: un Partido Popular ocupando un amplio centro y centro derecha, flanqueado por un populismo sanchista a la izquierda y uno voxista a la derecha.

Quizás el sanchismo se conforme con eso. La peor derrota de la historia del PSOE aragonés, compensada con la esperanza de que VOX genere inestabilidad y desgaste al PP. Como si los apoyos de comunistas y separatistas hubieran traído a España paz, prosperidad o estabilidad institucional.

Alejado cada vez más de la realidad de los españoles, Sánchez se refugiará en su caricatura antitrumpista. Una ironía casi cruel, teniendo en cuenta que es, en formas y métodos, el político más trumpista de España: muros, mentiras y una concepción autoritaria del poder.

Si Aragón es nuestro Ohio, la única esperanza del sanchismo es que VOX no sea un partido responsable. No es una esperanza infundada. Hasta ahora, los de Santiago Abascal han mostrado más aprecio por la antipolítica que por el bien común. Pero incluso esa esperanza empieza a parecer demasiado débil frente a un país que, poco a poco, ha empezado a despertar.

Deja una respuesta