Democracia sin secreto
El mejor planteamiento político es mostrarse sujeto al control del poder legislativo sin estar sujeto a su control
La mejor forma de ocultar una cosa es que esté a la vista de todos. La mejor manera de convencer a los ciudadanos de que una mala acción del Gobierno es beneficiosa para todos es favoreciendo que se consolide la idea de que los servicios secretos de una nación deben operar en la penumbra por el bien de la nación. Y el mejor planteamiento político es mostrarse sujeto al control del poder legislativo sin estar sujeto a su control.
Estas tres formas de actuación política se han manifestado con mayor o menor intensidad a lo largo de la Historia y ahora el Gobierno español busca neutralizar la opinión pública impulsando la idea de estar practicando una democracia sin secretos, al hacer públicos, desclasificándolos, cuarenta documentos del CNI que ya alertaban la organización de convocatorias masivas para entrar en Ceuta . Al hacerlo, el Gobierno no solo muestra unos datos que días antes eran secretos, sino que acciona el mecanismo de mostrar la voluntad de dar a conocer todas las operaciones del Estado al pueblo soberano. Todo debe ser iluminado por la luz que emite la verdad para así derrotar la oscuridad que proyectan los escándalos sobre la opinión pública. Al dejar que los secretos se revelen, se está pidiendo a los cancerberos que vigilan las puertas del infierno no dejar salir ningún mal que las abran. Se promueve así que se llegue a considerar que el núcleo del poder se disolverá gracias al escrutinio público, al despertar de los ciudadanos.
Los 40 informes desclasificados con objeto de disipar cualquier duda sobre la manera de proceder del Gobierno deben ser leídos como pistas que ayudan a acceder al corazón del bosque, donde las criaturas de la noche – espías, investigadores, informadores y analistas – ya no puedan esconderse. La democracia sin secreto puesta en marcha por el Gobierno busca saciar la curiosidad excesiva de los ciudadanos, que ha sido estimulada por la oposición para debilitarlo. Busca celebrar el final de los arcanos y del secreto de Estado sin evaluar que el cálculo político para detener el escándalo está creando otro escándalo a los ojos de otras naciones, que observan cómo se destruye el secreto para beneficiar a un Gobierno. Se desliza la posibilidad de que se llegue a considerar que la desclasificación de los informes solo beneficia al Gobierno y debilita al Estado.
La democracia sin secreto, de este modo, puede ser percibida como la imagen de un equilibrista que, por temor a las alturas, muestra sus habilidades de equilibrio a ras del suelo. La propuesta del Gobierno de que las llaves que permiten acceder a los secretos sean compartidas con los ciudadanos muestra con nitidez por qué el Gobierno no pudo detener la entrada de 70.000 migrantes en Ceuta: no supo gestionar la información secreta de la que solo él disponía para evitar su entrada.