Guía práctica de prospectiva para principiantes

La prospectiva no sirve para adivinar el futuro, sino para fijar los términos del debate en el presente. Eso es lo que importa, marcar la agenda, poner sobre la mesa los temas en los que tú o tu partido gana y otro o su partido pierde.

sanchez redondo
Pedro Sánchez y su exjefe de gabinete en la Moncloa, Iván Redondo, salen del Congreso de los Diputados después de perder la segunda votación de investidura. /EFE/Mariscal

Como intuirás, la prospectiva ni es una sesuda ciencia al alcance de unas pocas mentes brillantes ni tampoco es Panoramix preparando ayahuasca en la marmita, esperando con ansia qué le dicen las formas de vapor que emanan para predecir la voluntad de los dioses.

Aunque sea más divertido imaginarse ese despacho en Moncloa donde fue gestándose ‘España 2050’ como un pequeño plató dirigido por Sandro Rey o Aramís Fuster, la realidad es que los prospectivistas se dedican a esto con una depurada técnica cuyas bases, para principiantes, vamos a explicar aquí.

Utiliza esta guía para prepararte cualquier conversación en casi cualquier parte del mundo en la que vayas a hablar de tendencias, ‘retos y oportunidades’, quo vadis lo que sea, global challenges o agendas para cualquier año futuro que acabe en 0. El futuro ya no es lo que era, pero no te quedes con las ganas de aportar tu granito de arena y sacar tu propio informe de prospectiva con estas nociones básicas.

Primero, de qué va esto

La prospectiva, el ‘conjunto de análisis y estudios realizados con el fin de explorar o de predecir el futuro en una determinada materia’, no sirve para adivinar el futuro. No es como llamar a Rappel a altas horas de la madrugada para que te cuente qué va a ser de ti, sino que sirve para fijar los términos del debate en el presente.

Eso es lo que importa, marcar la agenda, poner sobre la mesa los temas en los que tú o tu partido gana y otro o su partido pierde. El futuro es impredecible, y estudiar las tendencias actuales puede dar pistas, pero la historia es lo suficientemente larga como para enseñarnos que el futuro, como el dinero público para Carmen Calvo, no es de nadie. Si los grandes retos del futuro son el ecologismo, el feminismo o la carne sintética el debate hoy será diferente a si lo son la inmigración, la demografía o la protección social de trabajadores precarios. Y, en consecuencia, habrá opciones políticas que serán ‘de futuro’ y otras ‘de pasado’.

Ve preparando sal y pimienta

El primero de los ingredientes es, claro, la palabrería. Es importante preparar en la encimera una serie de términos con los que luego se salpicará el texto, para que no quede soso, dejando caer más o menos un par por párrafo. Esos términos son fácilmente reconocibles en el propio informe España 2050 o en cualquier paper de un think tank: resiliencia, transformación, estratégico, modernización, cortoplacismo, Corea (del Sur), multidisciplinar, mecanismos, global, multilateral, cohesión, incertidumbre, cambios profundos, tiempos líquidos, globalización, diálogo, cíber, nuevas tecnologías, robotización, etc. No hay prospectiva sin palabrería, sobre todo si paga Iván Redondo.

En general, es importante que todo ocupe un tercio más de lo que podría ocupar, aunque solo sea para poder incluir esta serie de términos vacíos que constituyen la jerga de cualquier documento prospectivo en política.

Invierte algo de pasta

Lo primero que tienes que hacer es abrir Project Syndicate, que es un portal de artículos de opinión internacional al que luego se suscriben algunos medios de todo el mundo para publicar tribunas. Allá podrás saber qué se cuentan Barry Eichengreen, Jeffrey D. Sachs, Joseph E. Stiglitz, Mark Leonard, Joseph S. Nye, Javier Solana, Dani Rodrik o algún exprimer ministro random que pase por allá. No es necesario tampoco que te leas todas las op-ed, vale con que olfatees un poco los temas de los que hablan los ‘pensadores globales’, calibres el estado de opinión y te des cuenta de que, en realidad, casi todos hablan de lo mismo todo el rato.

Date un paseo luego por los principales think tanks del mundo; que son, claro, anglosajones. Mira la web de la Brookings Institution, del Council on Foreign Relations, de Chatham House o de Carnegie Endowment for International Peace. No te pases y no elijas los que sean muy de derechas, porque entonces te mirarán mal.

“Cuando hagas tu propio informe de prospectiva intenta ofrecer alguna conclusión optimista, algún tipo de futuro que le apetezca a alguien. Como total da igual, por lo menos siembra la curiosidad por un futuro mejor.”

Hay un listado muy útil, el Global Go To Think Tank Index Report de la Universidad de Pensilvania, para mirar el top 10. En cada think tank, ve a la pestaña de temas y echa un vistazo, a ver por dónde van los tiros y qué secciones tienen. Te darás cuenta de que, generalmente, las tendencias que luego se identifican en prospectiva suelen coincidir con los temas o secciones que tratan estos centros de referencia.

En tercer lugar, paga alguna suscripción a medios de renombre. Suele bastar con pagar la del New York Times, el Financial Times, el Washington Post, The Economist y, si acaso, Wall Street Journal, pero esta no es obligatoria porque es un poco más de derechas, ya sabes. Si vives en España y vas a hacer prospectiva para un gobierno socialista entonces, claro, El País también. De estos medios hay que mirar las páginas de opinión, buscando a los columnistas de referencia, para luego simplemente repetir las cosas que dicen.

Depende de cuánto tiempo disponible tengas, es bastante recomendable que bucees en YouTube buscando webinarios o charlas de cualquiera de los columnistas, expertos o centros que hayan ido consultando, así te vas familiarizando con los términos, la exposición, la jerga, etc.

Tu propia prospectiva

Una vez hayas hecho todo este trabajo previo y tengas el cerebro bien configurado con códigos, sorpresa, mayoritariamente anglosajones; entonces estás preparado para hacer tu propio informe de prospectiva. Primero, una intro pomposa, al estilo de Iván Redondo. Luego un diagnóstico de situación, con análisis de tendencias -que son, ya sabes, las que has ido leyendo antes- y, lo más importante, tu propio cuadro de escenarios, cisnes negros o cosas de estas de enablers y barriers, que son factores que facilitan o dificultan la implantación o avance de esas tendencias.

El cuadro de escenarios debe contemplar varios futuros posibles, de mejor a peor. Los cisnes negros son sucesos imprevisibles, como el coronavirus. Como son imprevisibles, lo normal es hacer categorías (pandemias, atentados, terrorismo, guerras, etc.) para decir que alguna de esas cosas puede pasar y hay que tener muchos planes y demás. Si te suena la flauta y ocurre, entonces podrás vivir el resto de tu vida del ‘yo ya lo dije’. Si no, que es lo más seguro, tranquilo: nadie espera en realidad que aciertes.

Sorprendentemente, el informe de España 2050 no tiene nada de esto. Ni hay escenarios, ni cisnes negros, ni enablers, ni barriers ni nada de lo que se suele encontrar en cualquier documento de prospectiva.

Un programa electoral

No es que sorprenda demasiado, este Gobierno es tan obvio que ni se ha molestado en camuflar de prospectiva lo que realmente era un programa electoral para el PSOE. Cuando España 2050 sea leído en 2050 seguramente producirá sonrojo, pero es que, como ya hemos visto, no está pensado para eso. Está pensado para hoy, para esta legislatura.

Para ir creando ese caldo de cultivo que prefigure los términos del debate. Si no, por lo menos y aunque fuera por disimular, se podrían haber molestado en hacer estas cosas clásicas de la prospectiva como, al menos, calcular escenarios algo más elaborados que el famoso futuro deseable como un punto negro dentro del abanico de futuros posibles.

Para concluir, como último consejo, cuando hagas tu propio informe de prospectiva intenta ofrecer alguna conclusión optimista, algún tipo de futuro que le apetezca a alguien. Como total da igual, por lo menos siembra la curiosidad por un futuro mejor, y trata de no predecir el declive demográfico, la quiebra del estado del bienestar, el fin de la carne, la desaparición de los bosques o el deshielo definitivo que sepulte Valencia bajo el mar.

No por nada, solo por hacer algo original. A lo mejor, solo con presentar algún tipo de horizonte mejor, ya merece la pena ese informe.

Este artículo corresponde al último número de mEDium que puede adquirirse en este enlace