La CUP, esa fuerza centrista

La sociedad catalana metaboliza con mayor normalidad a la CUP que a Vox hasta el extremo que en Sant Cugat, una de las ciudades con mayor renta per cápita de Cataluña, un partido contrario a la propiedad privada forma parte del Gobierno local

No sorprende pero si es chocante que en la negociación para la formación de la mesa del Parlament y otras instituciones catalanas a renovar fruto de la formación del nuevo gobierno haya un consenso amplio sobre la necesidad de aislar a Vox.

Cuando Pablo Iglesias habla de baja calidad democrática quizás se refiere al sectarismo institucional resultante de la negación del derecho a la representatividad plena de aquellos que han sido elegidos por la voluntad popular.

Junts, ERC, Comunes y la propia CUP no se han puesto frente al espejo y ven en Vox todos los defectos que no ven en ellos mismos. El PSC, que no tiene reparo en recibir el apoyo de Vox en el Congreso para que Pedro Sánchez pueda gestionar los fondos de reconstrucción europeos, en cambio, quiere dejarlo fuera de cualquier capacidad de influencia en el Parlament y está dispuesto a que partidos con menor representación que Vox como son los comunes o la CUP usurpen el lugar que la ciudadanía, les guste o no, ha otorgado a los diputados encabezados por Ignacio Garriga.

Salvador Illa se lamentó durante la campaña del documento firmado por las fuerzas separatistas que excluía a su partido de cualquier pacto de Gobierno, días más tarde él actúa de la misma manera con Vox.

¿Por qué en Cataluña se acepta y se considera a la CUP como una fuerza política sistémica e institucionalizada y en cambio a Vox no?

Es antidemocrático intentar amputar a un partido su capacidad de actuación en las instituciones, pero la cuestión nuclear no es esta, que es demasiado obvia. El tema que debemos abordar es: ¿Por qué en Cataluña se acepta y se considera a la CUP como una fuerza política sistémica e institucionalizada y en cambio a Vox no?

Algunos en Cataluña, que se consideran centristas y se sienten cómodos en la equidistancia, sitúan por igual en los extremos a Vox y la CUP. No es cierto. La CUP es una formación contraria a la propiedad privada, que tiene por objetivo confeso no solo derrocar la monarquía, destruir España e instaurar una república socialista en los denominados Països Catalans (Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, la Franja de Aragón, el Sur de Francia y el Norte de Cerdeña) sino que aspira a la desaparición del sistema capitalista y a la conversión de estos territorios repartidos en tres naciones de la Unión Europea en una Albania del Siglo XXI.

La CUP, el partido más radica de la UE

Para la consecución de sus objetivos políticos antidemocráticos y reaccionarios contemplan el uso de la violencia. Simple y llanamente no hay ningún partido con representación parlamentaria en toda la Unión Europea que tenga una propuesta más radical, irrealizable y lesiva para los derechos y oportunidades de los ciudadanos.    

Vox, es un partido político que comparte grupo en Bruselas con los independentistas flamencos, valedores de Puigdemont. Es una de las muchas contradicciones de la política. Vox tiene como virtud que expone en las instituciones de forma descarnada, huyendo de hablar politiqués, muchas de las preocupaciones de la gente común. Tiene como defecto, como toda fuerza alejada del centro, la presentación de los problemas complejos acompañados de soluciones simplistas, pero Vox no pretende destruir ningún país, ni cargarse ningún sistema, ni expropiar a nadie, ni ampara la violencia.

Vox tiene como virtud que expone en las instituciones de forma descarnada, huyendo de hablar politiqués, muchas de las preocupaciones de la gente común

El fin de este artículo no es realizar un panegírico de Vox sino establecer que el equivalente ideológico a la CUP como fuerza de extrema-extrema izquierda en la extrema  derecha no existe dado que la CUP es un partido revolucionario y Vox un partido reformista.

La pregunta a realizar es: ¿Por qué la sociedad catalana metaboliza con mayor normalidad a la CUP que a Vox hasta el extremo que en Sant Cugat, una de las ciudades con mayor renta per cápita de Cataluña, un partido contrario a la propiedad privada forma parte del Gobierno local?

La respuesta es tristemente simple: no hay diferencia entre los disturbios que tanto celebra la CUP -pero no solo la CUP- de los últimos días y todo lo que viene sucediendo en Cataluña los últimos años. Es más, el vandalismo, el saqueo, la lapidación de policías y la incineración de mobiliario público y bienes privados es consecuencia de lo que ha sucedido desde que se inició el Procés.

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La banalización de las leyes, la negación del estado de derecho, la justificación de la violencia del 3 de octubre y de los CDR conduce a una degradación institucional, a una relativización de todo y a una muy baja autoestima colectiva de la que lo visto en Barcelona es solo una manifestación más.

La mejor forma de que un extremo no tenga voz, no es cortocirtuitarlo cuando accede a las instituciones. Es gobernar desde la moderación, la prudencia y la búsqueda del bien común. En Cataluña la CUP no ha gobernado hasta ahora pero si ha impuesto su relato asumido por Junts, ERC y Comunes.

Cuando uno se monta en su Porsche Cayenne, sale de su chalet de Sant Cugat, se pasa por el Golf vestido de Tommy Hilfiger y con zapatillas Nike y se va a votar a la CUP y justifica o incluso en su fuero interno disfruta con lo que ha pasado en los últimos días, es que hemos llegado a un grado de cinismo y relativismo y sobre todo de inconsciencia que permite excluir a cualquiera. En el Tinell fue el PP, durante la campaña fue Illa, ahora es Vox y nuestro alegre votante de la CUP transitando en Porsche Cayenne no se da cuenta que el siguiente excluido será él.