Quiero ser transgénero   

Los profesores universitarios de Psicología y de Psicología Clínica en la Universidad de Oviedo,  José Errasi y Marino Pérez Álvarez advierten que el cambio corporal sexual remite en un porcentaje mayoritario una vez superado las tormentas de los años de juventud

La biblioteca pública de una ciudad catalana pone a disposición de los usuarios la Guía de lectura LGBTI,  que ofrece una amplia selección de libros, películas, cómics y textos sobre el tema en cuestión. Detengámonos en el transgénero.

El  largo camino

Como era de prever, los títulos de la guía LGBTI remiten a libros o ensayos  favorables al asunto. Es decir -sacando a colación un folleto de la American Psychological Association-, al tema de la identidad de género. En concreto, el transgénero,  cuya identidad, expresión o conducta, no se ajusta  al sexo que la naturaleza le adjudicó al nacer. Una identidad que hace referencia a una experiencia personal sin distinción de género; que se refiere al modo y manera en que la persona se expresa y comunica con los demás, sea con la palabra, el movimiento, el vestido, incluso con modelos alternativos que se alejan de los clichés de lo considerado masculino o femenino.

En la lista de la guía LGBTI aparecen títulos como Lesbianas: discursos y representaciones (Raquel Platero), (H)amor trans (Lucas Platero), Construccions identitàries (Mar C. Llop), Gays y lesbianas. Vida y cultura: un legado universal ( Robert Aldrich y otros), Eines per preveure el teu futur: materials útils per a trans, lesbianes, gais i bisexuals (Funadació Enllaç), Ni falda ni pantalons: educació transversal i atenció a la diversitat (Teresa Hidalgo), Salir del armario (Alfonso Llopart) y un largo etcétera. Nadie puede negar el derecho a la información. Pero, no todo es -con perdón- de color de rosa. O del color con que se mira.

Lee y toma nota si apuestas por lo trans 

La cuestión es la siguiente: ¿por qué la Guía de lectura LGBTI no incluye títulos y ensayos que se muestren críticos con el asunto trans y/o que puedan servir también de orientación a los padres de los trans menores de edad? Se dirá que la guía en cuestión ya incluye algún trabajo al respecto. Cierto. Pero, es de parte.

Así las cosas, ¿por qué no añadir a la lista el trabajo de José Errasi y Marino Pérez Álvarez titulado Nadie nace en un cuerpo equivocado. Éxito y miseria de la identidad de género. ¿Por qué no el de Caroline Eliacheff y Céline Masson con el título La fábrica de los niños transgénero. Cómo proteger a nuestros menores de la moda trans?  

Éxito y miseria de la identidad de género

Los profesores universitarios de Psicología y de Psicología Clínica en la Universidad de Oviedo,  José Errasi y Marino Pérez Álvarez advierten que el cambio corporal sexual remite en un porcentaje mayoritario una vez superado las tormentas de los años de juventud. Cuidado, pues, quienes, apelando a las “entelequias identitarias”, apuesta por un proceso hormonal y quirúrgico en una edad en la que ni siquiera se permite tatuarse el cuerpo. Cuidado, también, porque una vez empezado el proceso de transferencia no es fácil dar marcha atrás “sin pagar un alto precio personal y sanitario”.

Frente a la propaganda del feminismo radical, nuestros psicólogos proponen que se reflexione a largo plazo teniendo en cuenta los conocimientos sobre el aprendizaje y la dinámica de los sentimientos. Cuidado -de nuevo- con ese feminismo radical que usa el trans “como carne de cañón” y “adorno exótico”. Se puede ser diverso sin tergiversar la biología.

Protejan a los menores de la moda trans  

Caroline Eliacheff y Céline Masson -doctora en psiquiatría infantil y psicoanalista, respectivamente- ponen al descubierto el “progresismo” de un feminismo “emancipador” que quiere abolir el binarismo de género legitimando así la sensación de haber nacido en el “cuerpo equivocado”.  El objetivo: hacer creer al niño o a la niña que tiene un problema de identidad sexual en su etapa de inmadurez. La solución del problema: la “autodeterminación” -el cambio- de género que permite elegir el sexo deseado.

Una “transidentidad” ideológica con la cual se pretende solucionar los problemas o el malestar de la juventud. Una “transidentidad” que implementa unos tratamientos hormonales y quirúrgicos que “pueden generar mutilaciones y daños psicológicos irreversibles”. Una “transidentidad” -un binarismo ideológico- que ha devenido un dogma de una determinada subcultura feminista. Una “transidentidad” que no arregla los problemas de la pubertad y la adolescencia. Una autodeterminación de género -una moda- que no soluciona nada y sí acostumbra a conducir al precipicio.

El caso Keira Bell       

Nuestras psiquiatra y psicoanalista resumen el llamado caso Keira Bell que tuvo lugar en la unidad de género pediátrica de la clínica Tavistock de Londres.

A Keira su propia madre le preguntó si quería ser un chico para resolver sus angustias. En la Tavistock a los 16 años le dieron los bloqueadores, a los 17 años la testosterona, a los 20 años le hicieron la mastectomía. Keira narra en su informe que a medida que avanzaba en su transición tomó conciencia de que jamás sería un hombre. Cinco años más tarde decide destransicionar, lo que resulta imposible.

Empieza un proceso contra la Tavistock y la Corte Suprema dictamina que a los 16 años no se puede consentir esos tratamientos. En esta controversia entre estamentos jurídicos y médicos prevalece la importancia que otorga la Corte Suprema a los problemas morales y éticos. En 2020, el Tribunal la clínica por “negligencia médica”. 

Transfeminismo

Para el transfeminismo solo existe la identidad de género –el género no coincidiría con el sexo- que cada cual elige -la autodeterminación de género, afirman- a la carta: ser varón o ser mujer. Cierto es que hay varones y mujeres que padecen la llamada disforia de género. Cierto es también que quienes padecen la disforia tienen derecho a buscar una salida que les permita vivir dignamente.

Pero, también es cierto que el cambio de sexo no puede hacerse a la irresponsable manera de un transfeminismo que ideologiza la cuestión, que convierte lo trans en una suerte de moda o tendencia que seguir, que elabora –quiérase o no- un proyecto de ingeniería social deliberado, que diluye la pareja varón/mujer como si lo masculino y lo femenino no fueran otra cosa que una construcción cultural de obediencia patriarcal, que niega la condición de mujer y de hombre al no reconocer la existencia de ambos sexos.

Habrá que preguntarse si quienes, por convicción o interés, defienden cierto transfeminismo, padecen un defecto de la visión, una cortedad de alcance, una deformación de la imagen. Habrá que recomendar una consulta con el especialista que devuelva las cosas a su lugar.

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