Ser de izquierdas hoy en España
Uno se pregunta, por qué la izquierda no actúa ahora como hace un año y tres meses ante la catástrofe de la Dana en Valencia
Siguiendo a un clásico como Norberto Bobbio (Derecha e izquierda, 1995), la izquierda buscaría la igualdad material para alcanzar así una sociedad en que la libertad formal devenga real al asociarse con un modo de vida digna que satisfaga derechos económicos y sociales como la salud, la educación y el trabajo. La generosidad de Norberto Bobbio se traduce en en una izquierda que sería la única que, realmente, lucharía por un futuro mejor, más digno y más libre para los ciudadanos. En definitiva, una izquierda siempre renovadora y avanzada. Progresista, reza el tópico.
Y en eso que llega Pedro Sánchez al poder y el tópico de la izquierda buena se derrumba como un castillo de naipes. Por dos razones: porque no es buena en sí y porque nunca es culpable. ¿Cómo puede ser buena una izquierda que levanta un Muro para protegerse de la derecha, que todo lo enfanga, que amnistía a sediciosos, que rompe la solidaridad entre las personas y las regiones de la nación, que coloniza las instituciones, que coquetea con autócratas, que incumple la ley y un largo etcétera? Todo ello para mantenerse en el poder a cualquier precio. ¿Cómo puede ser buena una izquierda que no es sino una máquina de culpar de todo a la derecha, a cualquier precio, sea como sea? Así es la izquierda española de hoy. Eso es hoy ser de izquierdas en España. Tomen nota: el problema no es de los políticos, sino de algunos políticos.
El último ejemplo de la autoexculpación exprés de la izquierda PSOE/Pedro Sánchez se percibe en el desgraciado descarrilamiento y choque de trenes en Adamuz. Inocentes por definición. No tienen ninguna responsabilidad. Lo certifica la prensa sincronizada con la Moncloa. ¿El raíl fracturado? ¿Un pésimo mantenimiento? ¿Que los vagones vibran? ¿Una revisión law cost de baja calidad? ¿Una escasa inversión económica? ¿Que han dejado a la intemperie durante un par de horas un tren descarrilado por máxima incompetencia? ¿Que los conductores llevaban meses quejándose y nadie les hizo caso? ¿Que los maquinistas distorsionan la voz en las entrevistas a los medios de comunicación? ¿Las incidencias sin respuesta ni arreglo? ¿Los años que llevamos quejándonos de los problemas -averías, catenarias, deficiencias, retrasos o pasajeros andando por la vía- del servicio ferroviario? ¿Que los directivos de la empresa son unos incompetentes afines a Pedro Sánchez? ¿La corrupción?
Que no, que no. Únicamente son hipótesis. No hay que descartar la fatalidad, o la casualidad, o una cosa rara que pasó, o la mala suerte, o el cambio climático. Todo menos la negligencia o la pésima gestión. Todo menos la ignorancia, la mediocridad, el amiguismo, la ambición de poder. Hay que estar tranquilos, porque el Gobierno ha prometido “dar con la verdad del accidente” y “cuando se conozca la respuesta, con absoluta transparencia y claridad lo pondremos en conocimiento de la opinión pública”. Palabra del Presidente. El regreso a la táctica del apagón de abril de 2025. Tranquilos, porque, además, los ministros nos prometen “transparencia absoluta”. Tranquilos, porque el transporte ferroviario en España es “absolutamente robusto y seguro”. Tranquilos, porque estamos en buenas manos. En sus manos.
Uno se pregunta, por qué la izquierda no actúa ahora como hace un año y tres meses ante la catástrofe de la Dana en Valencia
Sostiene el Gobierno que lo importante ahora son los víctimas. Por eso -una brillante intervención de los sincronizados con el apuntador de turno-, hay que estar unidos -todos: ciudadanos, políticos y partidos- y solidarizarse sin fisuras con las víctimas. En tiempo de luto y desgracia -dicen- no hay que ofender a las víctimas especulando sobre la causa de la catástrofe. ¿Que no se puede hablar del caso amparándose en el luto? Lo contrario es cierto: sí se puede y sí se debe hablar del caso por respeto a las víctimas. ¿Que no hay que politizar el asunto? La izquierda sí politiza cuando puede cargar la culpa a la derecha y no politiza cuando le pueden carga a ella la culpa ¿Ser de izquierdas hoy en España? Ocultar el hecho, dilatar la investigación, tener tapones de conveniencia en el oído, barajar muchas hipótesis para embarrar el asunto. Algún día tenía que pasar. Ya pasó.
¿Por qué Pedro Sánchez rehuye a la gente? ¿Miedo a otro Paiporta? Dice Pedro Sánchez que se explicará en el Congreso. Hay truco: lo hace para neutralizar la comparecencia en el Senado en donde está en minoría. ¿Dónde están CCOO y UGT? A lo suyo: administrando las subvenciones. ¿Yolanda Díaz? Ordenando el armario.
Uno se pregunta, por qué la izquierda no actúa ahora como hace un año y tres meses ante la catástrofe de la Dana en Valencia. ¿Qué hubiera ocurrido si hoy el Gobierno estuviera en manos del PP? ¿Cómo se hubiera comportado un PSOE que únicamente es capaz de autoafirmarse por medio de la negación y/o aniquilación política del otro? ¿Cuántas manifestaciones -”¡Feijóo dimisión!”, “¡Feijóo a prisión”, “Por las vítimas de Adamuz, Justicia”, “Salvemos el pueblo”- se hubieran organizado ya contra los culpables –sin juicio– de la derecha? ¿Quién hubiera organizado dichas manifestaciones ? La fiel infantería de paniaguados, serviles, voceros y otras hierbas.
Visto lo visto, sospecho que Norberto Bobbio hubiera añadido una nota a pie de pagina en su ensayo sobre la derecha y la izquierda caracterizando el septenio negro de Pedro Sánchez, hostil con la oposición liberal, indiferente con la ciudadanía, que incumple sus promesas, atornillado al poder. Ese populismo sonriente y autocrático que nos remite a los años oscuros del siglo pasado.