Una enorme confusión mundial 

Delcy Rodríguez ha entregado la sagrada revolución a Donald Trump para preservarla y mantenerse ella en el poder

En la Antigüedad, cuando Jesús aún no había dado sus primeros pasos, proliferaban los profetas apocalípticos que alertaban de un cataclismo inminente del que surgiría un nuevo comienzo. De este modo, el desastre devendría a su vez reparación y la destrucción producida se convertiría en una oportunidad para construir un nuevo mundo. 

Los profetas del apocalipsis del presente proclaman hoy que debemos estar abiertos a que se cumpla la amenaza de una guerra nuclear, ya sea provocada por Rusia como respuesta a la escalada militar de la Unión Europea en defensa de los intereses ucranianos, o por Irán, que advierte estar en disposición de lograr armamento nuclear y dispuesto, cuando sea posible, a utilizarlo para salvar su agónica revolución.

Se exhorta a los ciudadanos de Venezuela y Groenlandia a mirar con buenos ojos el control de su territorio y de sus recursos naturales en aras de su seguridad y la de sus aliados. Se crean las condiciones políticas, económicas y militares para que Ucrania ceda parte de su territorio, el Donbás, a Rusia.

Se pide a los miembros europeos de la OTAN que inviertan más en armamento, a petición de Estados Unidos, para reforzar la Organización del Tratado del Atlántico Norte y, de este modo, vender armas y tecnología de defensa a los europeos.

Esta vez la destrucción del mundo se producirá por enorme estado de confusión entre las élites políticas y económicas, debido a que ya no es posible saber con certeza a quién pueden beneficiar los conflictos una vez resueltos

A su vez, Estados Unidos amaga con invadir Groenlandia -que pertenece a la OTAN– si no cede a su pretensión de anexionarla por la vía económica. Como respuesta, algunos miembros de la Unión Europea, liderados por Francia, han decidido enviar soldados a Groenlandia para preservar su soberanía, mientras la presidenta del país advierte que, si Estados Unidos decide invadirlo, se pondrá en grave riesgo la existencia misma de la OTAN.  

El círculo abierto y confuso antes expuesto parece cerrarse al observar que tanto ucranianos como los países de la Unión Europea y los latinoamericanos deberán utilizar las armas que en estos momentos están comprando a Estados Unidos para defender sus territorios o apoyar a sus aliados frente a las injerencias y amenazas norteamericanas.

Donald Trump, candidato a la presidencia de Estados Unidos
Donald Trump. Foto: Europa Press

Esta vez la destrucción del mundo no se producirá por disputas entre viejas familias monárquicas europeas, como en la Primera Guerra Mundial, ni por las promesas populistas del nazismo, el comunismo o el fascismo, que derivaron en la barbarie de la Segunda Guerra Mundial, sino por un enorme estado de confusión entre las élites políticas y económicas, debido a que ya no es posible saber con certeza a quién pueden beneficiar los conflictos una vez resueltos, y el hecho de que todos se benefician mientras éstos sigan existiendo. 

Al obsequiar Corina Machado a Donald Trump el premio Nobel -que este aceptó con orgullo como una nueva victoria sobre el viejo mundo- no solo le transfirió un objeto y el valor simbólico y legitimador que atesora, sino que aceptó el salto de la cordura a la locura con la esperanza de ver libre a su pueblo de la opresión del chavismo y situarse en una posición favorable para, a medio plazo, liderar la libertad de los venezolanos con el respaldo de Estados Unidos.

De igual modo, Delcy Rodríguez ha entregado la sagrada revolución a Donald Trump para preservarla y mantenerse ella en el poder. Este enorme estado de confusión lleva a los profetas de hoy  a predecir que esta vez, tras el Apocalipsis, no será posible saber qué nuevo mundo nacerá de sus cenizas. 

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