El mundo en una frase
La idea de condensar en una sola frase una obra o una historia remite inevitablemente al ingenio del escritor Augusto Monterroso, quien logró crear un relato corto
En el año 2013, coincidiendo con los cien años de la publicación de Por el camino de Swann, primer volumen de la extensa obra de Marcel Proust, En busca del tiempo perdido, The Guardian Books invitó a sus lectores a sintetizar y, por lo tanto, a captar el espíritu de la obra -que abarca unas 3.000 páginas- en una sola frase. La ganadora fue: «Un señor se acuesta temprano». Esta formulación irónica define la imagen de un hombre que inicia, gracias a la rutina y al deseado y reparador sueño, un viaje a su pasado, pero también al espíritu del tiempo que le tocó vivir, que vive dentro y fuera de él.
La idea de condensar en una sola frase una obra o una historia remite inevitablemente al ingenio del escritor Augusto Monterroso, quien logró crear un relato corto -cortísimo- que aún hoy cautiva la imaginación de los lectores. El microrrelato de Monterroso es el siguiente: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí», publicado en Obras completas (y otros cuentos).
La fuerza del texto radica en lo que no dice, en lo que expresa en el espacio entre las palabras, en lo que el lector intuye y la brevísima narración no describe. Podemos preguntarnos quién es «él», qué significa el dinosaurio o qué implica despertar. A partir de aquí, todo son especulaciones, extravíos, divagaciones.
Mientras Monterroso nos habla del despertar, los lectores de Proust se sitúan en el instante opuesto: el momento en el que el protagonista, el narrador anónimo que es una proyección del propio Marcel Proust, al inicio de En busca del tiempo perdido, se dispone a dormir. Una estrategia literaria similar aparece en un brevísimo relato de Kafka, titulado Una fábula breve, que dice así:
«¡Ay! —dijo el ratón—, el mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan amplio y yo era feliz de poder ver, al fin, en la lejanía, muros a derecha e izquierda; pero esos muros tan largos comenzaron a cerrarse con tal rapidez, uno detrás de otro, que ya me encuentro en la última habitación, y allí, en el rincón, está la trampa en la que caeré.
-Solo tienes que cambiar de dirección- dijo el gato, y se lo comió».
Hagamos el mismo ejercicio: reducir a una sola frase la situación en la que se encuentra el mundo mientras vemos las consecuencias de la guerra en Gaza y Ucrania, la detención-secuestro de Maduro en Venezuela, el conflicto en el Sahel, el efecto de la inteligencia artificial en el mercado laboral y el descontrol tecnológico, el ascenso del impulso natalista para combatir la inmigración y la migración, los efectos del cambio climático, la puesta en marcha del euro digital -equivalente al efectivo-, la monetización de la atención, la pérdida de la intimidad, el colapso provocado por la desinformación, el problema de la vivienda, el aumento del gasto militar o el exceso de poder de los Estados sobre los ciudadanos.
Hagamos el mismo ejercicio: reducir a una sola frase la situación en la que se encuentra el mundo mientras vemos las consecuencias de la guerra en Gaza y Ucrania, la detención
Pensamos que una frase no alcanza para expresar la incertidumbre en la que estamos inmersos. Pero, si se hace el esfuerzo, si se intenta, muchos no dudarán en acercarse a la visión de Kafka a través de la última frase de su breve relato: «Solo tienes que cambiar de dirección- dijo el gato, y se lo comió». Es decir: no hay salida, o tal vez no hay más direcciones posibles.
Sin embargo, esta interpretación suele descansar en la mirada y la inteligencia de aquellas personas que detentan información, conocimiento y capacidad crítica. No es la misma percepción que tienen del mundo quienes creen -los ingenuos, los ilusos- que las potencias destructoras del mundo no son nada frente al optimismo, el idealismo y los sueños. Son quienes han descubierto que, en el teatro de marionetas del mundo, lo único que cuenta es la amistad, la honestidad, la bondad, la capacidad de ver en las marionetas a hombres y no sus maquinaciones, sus juegos de sombras.
Otra forma de explicar hoy el mundo, tal como lo ven y lo perciben los ingenuos, sería esta: «Solo tienes que cambiar de dirección -dijo el gato, y le ayudó a encontrar una salida».