Vox y la democracia finita     

Se hace necesario combatir con igual ahínco el discurso de Vox como el cansancio político que muchas personas sienten de la política

No hay semana en que las intervenciones de Vox no incendien todos los debates, iniciativas y acuerdos políticos que impulsa el Gobierno de España. La estrategia se centra en provocar la ilusión de la existencia de un enemigo que conspira contra la esencia e integridad de España. Es una antigua estrategia de la que se ha servido siempre el populismo para crecer y tender a subvertir el orden constituido argumentando que es por el bien de la nación y contra los que quieren destruirla.

Vox denuncia a los partidos decadentes, que para ellos son el PSOE y Unidas Podemos, diciendo que están acabados y que necesitan pactar con los enemigos de España para poder subsistir. Todo el mundo es conocedor del alto precio que deberá pagar una sociedad, desde el punto de vista de la convivencia, que no tenga la fuerza ni la motivación suficiente para oponerse al discurso populista que se sustenta en provocar la división civil; sin embargo, podemos constatar que una parte de los ciudadanos tolera y acepta cada vez mejor sus prácticas políticas.  

La adaptación de una parte de la sociedad española al discurso político de Vox debería preocupar a la clase política

La adaptación de una parte de la sociedad española al discurso político de Vox debería preocupar a la clase política. Cuando los ciudadanos pasen de acomodarse al lenguaje político de Vox  a la aceptación de sus postulados políticos no habrá forma posible de evitar que lo voten. Una pregunta debería ser contestada: ¿Cómo es posible que en España se considere que todo el mundo es demócrata cuando es sabido que para muchos la democracia carece aún de significado?

¿Cómo es posible que en España se considere que todo el mundo es demócrata cuando es sabido que para muchos la democracia carece aún de significado?

Lo que la pregunta formula es que es imprescindible aceptar que una parte de la sociedad española considera que en España hay  un exceso democrático, que piensa que toda acción política está afectada  por una visión abierta, plural, diversa y compleja que les genera incomodidad y perplejidad. Se hace necesario combatir con igual ahínco el discurso de Vox como el cansancio político que muchas personas sienten de la política.

Para que la repulsa a Vox sea efectiva y no se convierta solo retórica, y para que tenga consecuencias en la base electoral, habrá que proponerse volver a recuperar la noción de democracia que en los últimos años se ha vaciado de contenido. La historia nos muestra que la mejor forma para contrarrestar los costes sociales que provocan los partidos populistas es abandonar la demagogia y fortalecer los valores de la democracia.  

Fèlix Riera