El congreso del PP beatifica a Rajoy sin amenazas interiores

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El presidente del partido consolida su poder sin que los casos de corrupción ni la sombra de Aznar sacudan su liderazgo

Mariano Rajoy, en la apertura del XVIII congreso del PP. / EFE

11 de febrero de 2017 (05:00 CET)

Mariano Rajoy Brey afronta uno de los momentos más cómodos de su carrera, a pesar de tener menos poder parlamentario y sin disfrutar, por primera vez, de un gobierno sin mayoría absoluta. 

En el congreso que se ha empezado a celebrar este viernes en Madrid no hay ni una sola nube, el sol brilla para él y sólo se discuten asuntos menores de carácter interno. Su liderazgo es más sólido que nunca. Asistimos pues a un acto de marketing y a la exaltación del marianismo político sin ningún peligro que aceche su cesarismo.

Tal vez como símbolo de una época, los primeros procesados de la trama Gürtel han sido condenados este viernes a 13 años de prisión. Pero son reos del aznarismo, de la época en la que la corrupción hizo eclosión en el Partido Popular

Aznar no amenaza al liderazgo de Rajoy

José María Aznar, que ya no es presidente de honor del Partido Popular, tampoco es una amenaza. Ni un solo indicio que apunte a que el ex presidente tenga la mínima intención de organizar una fuerza política a la derecha del PP. Al contrario, la espantada de José María Aznar le concede a Mariano Rajoy una oportunidad para ocupar el centro político con una referencia a su derecha en la que Aznar no atacará para robar electores.

Mariano Rajoy es uno de los pocos presidentes de gobierno europeos que no está amenazado por organizaciones populistas y xenófobas. Ese territorio solo lo pretende ocupar Vox, partido extraparlamentario que no tiene perspectivas de ocupar poder institucional.

La nueva andadura de Rajoy le ha permitido sustraerse del desgaste sufrido por múltiples episodios de corrupción, la mayoría vinculados a la época anterior, y que se pueden empezar a dar por amortizados.

Sin sucesores a la vista

El poder del marianismo no ha apuntado todavía a ningún posible sucesor. El número de mandatos de Mariano Rajoy no está amenazado por las nuevas normas que sí se impondrán en otros niveles de la organización. Mariano, todavía no tiene fecha de caducidad.

Tiene algunos delfines posible. En Galicia está el electrón más libre: Alberto Núñez Feijóo, reelegido presidente de la Xunta y con cuatro años por delante de dedicación autonómica. En Madrid, la todopoderosa Soraya Sáenz de Santamaría ocupa la plenipotenciaria vicepresidenta del Gobierno. Tiene el control de la relación con los medios de comunicación, el CNI, la coordinación del Consejo de Ministro y un ministerio sin cartera y sin nombre, que es la cuestión catalana. Tiene carta blanca para solucionar este asunto y pronto tendrá dinero para tratar de engrasar las voluntades independentistas catalanas. Pero este asunto se empezará a desbrozar cuando se apaguen los fuegos artificiales de este congreso a mayor gloria de Rajoy.

En este congreso no hay tampoco controversias ideológicas u orgánicas de calado. La gestación subrogada no ocupa plaza de importancia y al no haber acuerdo, se aparcará de la forma más elegante posible.

La organización ha consagrado la bicefalía de María Dolores de Cospedal en el Ministerio de Defensa y en la secretaría general del partido. Se articularán muletas para que la política castellano manchega pueda sentirse cómoda y con un peón de brega que maneje el partido. El más probable es Maillo.

El poder de Rajoy se consolida

Nada amenaza con atar el poder de Mariano Rajoy. Ni los mandatos acotados ni las primarias. 

Su imagen institucional ha mejorado notablemente con la investidura de gobierno que le facilitó el PSOE con la abstención. Aunque haya aparecido un cierto atisbo de cansancio o estancamiento en la reciente encuesta del CIS, no hay tensión electoral ni han aparecido todavía los efectos de este congreso. Lo que también ha hecho olvidar el batacazo electoral del 20-D, con la pérdida de 63 escaños que se alivió algo en las elecciones de junio.

La precariedad parlamentaria ha estado acompañada de la posibilidad de una imagen de Rajoy más dialogante, obligado a pactar con la habilidad de atemperar los efectos públicos de sus cesiones obligadas a las exigencias del PSOE.

Mejores relaciones con el socialismo

También Rajoy y el PSOE se han beneficiado mutuamente de una cierta recuperación del bipartidismo, que agradecen los electores en un universo de estancamiento de Ciudadanos, ahora agarrado como gran novedad a los efluvios de las Cortes de Cádiz, y por un Podemos en pleno proceso de implosión narcisista.

Terminado el congreso triunfante de Mariano Rajoy, la urgencia es Cataluña, pendiente ahora de la sentencia a Artur Mas y sus colaboradores. 

Ante el choque de trenes de una convocatoria encubierta en las elecciones autonómicas, no se tienen noticias de la forma en que va a conducir Sáenz de Santamaría la encomienda del presidente para solucionar esa crisis. Hay indicios de que Montoro prepara partidas para aliviar ese proceso. Pero de eso no se va a hablar hasta que termine el congreso.

 

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