El líder del PP en Cataluña, Alejandro Fernández, en el Parlament. EFE/Toni Albir
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Los populares insisten en activar a largo plazo su plan de armar una Navarra Suma a la catalana pese al rechazo de Cs

Barcelona, 14 de agosto de 2019 (04:55 CET)

Inasequible al desaliento, el PP se resiste a renunciar a su intento de crear una versión de Navarra Suma a la catalana, pese al rechazo frontal que hasta ahora ha mostrado Cs ante la idea.

Eso sí, vistas las reticencias, se lo plantea como una operación a largo plazo, admiten fuentes de los populares. Así hay que entender el registro de la marca Cataluña Suma, un movimiento avanzado este martes por Economía Digital y que se enmarca en la insistencia de la dirección del PP que encabeza Pablo Casado en buscar confluencias tras la altísima factura que la atomización del espacio político de la derecha pasó al partido en el intenso ciclo electoral de la pasada primavera

Casado ya tendió sin éxito la mano a Cs antes de las elecciones en busca de candidaturas unitarias, y este mismo martes, su número dos, Teodoro García Egea, insistió en proponer a su líder como “candidato del bloque constitucionalista” para desbloquear la investidura. La búsqueda de acuerdos poselectorales a la que los resultados de las municipales y autonómicas del 26-M han abocado a los populares y a los de Albert Rivera son el modelo sobre el que levantar esa pretendida reunificación de las derechas a la que dice aspirar el PP mientras busca recuperar parte del protagonismo y la base electoral perdidos.

El caso catalán resulta, en ese contexto, crítico para los populares, que en los últimos años han visto su presencia institucional en la comunidad reducida a la mínima expresión. Abocados al grupo mixto en un Parlament en el que apenas cuentan con apenas cuatro diputados, en las municipales salvaron por los pelos su continuidad en el Ayuntamiento de Barcelona.

El de Valls, mal precedente para Cs

Así, ya hace semanas que los populares hacen circular la idea de un Navarra Suma a la catalana en el que empezó a pensarse tras el batacazo del 26-M. También en este caso sin fortuna, hay que añadir. En Cs, volcado en su intento de sustituir al PP como partido referencia del centroderecha, no están por la labor. Su nueva líder en Cataluña, Lorena Roldán, descartó a finales de julio replicar la fórmula navarra ni a nivel nacional ni en versión catalana. “Las condiciones de Navarra son especiales” y “las de Cataluña, aunque tampoco son normales, no son las mismas”, zanjó en una entrevista en EsRadio.

Los de Rivera tienen también un mal y recientísimo precedente de intento de confluencia constitucionalista, cuyas consecuencias aún escuecen en la cúpula del partido naranja: la alianza con Manuel Valls de cara a las municipales en Barcelona. Cs, que tenía cinco concejales, obtuvo siete de la mano de Valls, pero la brecha entre la formación y el ex primer ministro francés se produjo incluso antes de llegar a las urnas, y tras pasar por ellas, se tradujo en una ruptura tras la cual Cs conserva ahora solo cuatro ediles.

Así las cosas, en el PP catalán se asume que  portazo es firme. Pero la dirección de Casado no arroja la toalla. Eso sí, pensando en el largo plazo. De ahí que García Egea registrara también a final de julio la marca, un paso por si a la larga acaba habiendo coalición. En el seno de los populares se descarta aspirar a ningún tipo de entente con los de Rivera antes de las próximas elecciones catalanas, que podrían caer a principios de año si finalmente hay adelanto electoral tras la sentencia del Supremo en la causa del procés.

El PP pone las luces largas

Pero en la cúpula de los populares sí hay quien confía en que la postura de Cs pueda cambiar si, como le pronostica el Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, el CIS catalán, en los próximos comicios al Parlament pasan de primera a tercera fuerza en Cataluña.

Al fin y al cabo, el gran argumento de Casado para aspirar a esa reunificación de la derecha es una simple cuestión aritmética: por separado, cosas de la Ley D’Hondt, hay más votos que acaban resultando estériles y no se traducen en escaños. En las últimas generales, sin ir más lejos, Cs obtuvo en Barcelona cuatro diputados y el PP, uno, mientras que los comunes consiguieron seis con 508.000 votos, casi 20.000 menos de los que sumaban los populares y el partido naranja. Y en Girona, la suma de sus votos les habría bastado para conseguir un escaño, pero fueron por separado y ambas formaciones se quedaron sin representación.

Son cuestiones, claro, que un partido al alza como ha sido Cs en los últimos años puede pasar por alto. Pero no tanto una fuerza estancada o incluso en retroceso, que es lo que la demoscopia le vaticina en Cataluña a los de Rivera. De ahí que el PP se limite por el momento a plantar la semilla. Si brota o no, será otro cantar.

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