Escocia vota ‘no’ a la independencia

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REFERÉNDUM DE INDEPENDENCIA

Alistair Darling, líder de la campaña delñ 'no'./EFE/Stefan Rousseau

19 de septiembre de 2014 (06:47 CET)

Los escoceses partidarios de permanecer en el Reino Unido han hablado. El silencio se desvanece cuando se deposita el voto en la urna.

Escocia ha votado ‘no’ a la independencia. Y lo ha hecho con una participación masiva, por encima del 80%.

El resultado ha sido claro, con un 44,8% a favor de la independencia, por un 55,2% a favor de seguir en el Reino Unido, unos 11 puntos de diferencia, que se traducen en 350.000 votos.

Una de las claves ha sido la ciudad de Aberdeen, que depende en gran medida del petróleo, y de la economía vinculada a la industria de los yacimientos. En esta ciudad el porcentaje ha marcado la pauta: el 59% en contra, y el 41% a favor.

Sobre las 5.30 de la mañana en España, una hora menos en Escocia, la diferencia ha comenzado a decantarse hacia el ‘no’, y no ha dejado de ampliarse hasta un porcentaje cercano a ese 45% a favor, y 55% en contra, 11 puntos de diferencia, que las últimas encuestas no habían reflejado.

Glasgow, por el sí

En Edimburgo, la capital, también ha ganado el ‘no’, --61% en contra, frente al 39% a favor-- mientras que en Glasgow y en Dundee ha sido el ‘sí’ el ganador.

Lo ocurrido en Glasgow es importante, en todo caso. Se trata de la gran ciudad industrial de Escocia, y de uno de los centros industriales históricos del Reino Unido. La población, de origen obrero, muy castigada por las políticas de los conservadores, que arrancan con las decisiones de Margareth Thatcher, han apostado, en gran medida, por la independencia, aunque la diferencia respecto al ‘no’ ha sido estrecha. El 55% ha votado a favor de la independencia, y el 47% lo ha hecho en contra.

Pero la participación ha sido menor, del 75%, a esa media del 80% y del 90% alcanzado en muchas comarcas. La explicación podría ser que esa población, de origen laborista, en parte ha decidido abstenerse, frente a las peticiones de los laboristas por la unión, y el SNP por la independencia. Su escepticismo es alto, ante la situación económica estancada, y los cantos de sirena de los responsables políticos.

Escocia, en todo caso, ganará más autogobierno. Las promesas de los partidos unionistas, entre ellos el primer ministro británico, David Cameron, que se jugaba su carrera política, han sido claras.

Hacia un modelo federal

El líder del SNP, el ministro principal escocés, Alex Salmond, ha reconocido la derrota, pero ha mostrado su satisfacción por la propia celebración del referéndum.

El propio Salmond quería, desde el inicio, una tercera pregunta en el referéndum que Cameron le negó. Pero ahora, curiosamente, verá satisfechas sus demandas.

El Reino Unido permanecerá, precisamente, unido, pero camina hacia un cambio en la relación de poder, que le podría acercar a un país federal.
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