Europa pierde una sonda en Marte

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La Agencia Espacial Europea no sabe si la sonda Schiaparelli aterrizó o se destruyó en la superficie marciana. Su llegada era clave para poder enviar un vehículo de exploración en el 2020

Fotografía de la sonda Schiaparelli y el satélite TGO en su aproximación a Marte. / ESA

Barcelona, 19 de octubre de 2016 (17:52 CET)

¿Qué pasó con la sonda Schiaparelli? Nadie en la Agencia Espacial Europa lo sabe. La pequeña nave realizó un proceso de aterrizaje en la superficie marciana que duró seis minutos, pero algo desconocido pasó, la nave "no se comportó como estaba esperado" según precisan los científicos de la misión, y hace casi 24 horas que no se reciben más señales de vida.

Los datos que la sonda envió al satélite TGO (que sí funciona correctamente orbitando al planeta rojo) permitieron reconstruir el paso a paso de su llegada: las primeras fases del aterrizaje se habrían realizado sin problemas, incluso los paracaídas se abrieron a tiempo. Pero a partir de aquí la lectura de los datos es confusa y no se sabe si pudo aterrizar suavemente o si se estrelló en el polvillo de la superficie marciana.

La sonda de la NASA MRO, que fue enviada a orbitar por encima de la zona de aterrizaje, no recibió ninguna señal de Schiaparelli. Ni tampoco pudo comunicarse la sonda europea Mars Express, que seguirá llamando con paciente insistencia.
 
El proyecto ExoMars pretende averiguar si alguna vez ha existido vida en el planeta rojo. Para ello se ha dividido en dos misiones: el lanzamiento de la sonda Schiaparelli y de un satélite llamado TGO (por Orbitador de Gases Traza), que estudiará la presencia de este tipo de gases, como el metano. En la segunda etapa, para el 2020, se contempla el envío de un vehículo de exploración.

Pero la incertidumbre con la sonda llena de interrogantes a la próxima misión, porque un correcto descenso era clave para enviar un rover que pueda posarse suavemente y explorar la superficie marciana. Desde el 2004, allí se encuentra el rover Curiosity, enviado por la NASA y que sigue enviando información sobre el planeta.

La sonda y el satélite de ExoMars fueron lanzados desde Baikonur (Kazajstán) en marzo, tras once años de trabajo entre la Agencia Espacial Europea (ESA) y Roscosmos, la agencia espacial rusa. El viaje hasta Marte duró siete meses, en los que atravesaron cerca de 900.000 kilómetros.

En búsqueda del origen del metano

La misión tiene un coste de 1.500 millones de euros, de los cuales España ha aportado un 6,7%, donde también han participado empresas como Elecnor Deimos, GMV, Sener, Airbus Defence and Space, Rymsa, Thales Alenia Space España y Crisa.

El objetivo de la misión era conocer si alguna vez hubo vida en Marte. Hace dos años el rover Curiosity había detectado presencia de metano, pero lo extraño es que este gas aparecía y desaparecía por períodos. Esto llamó la atención de la comunidad científica, porque el metano es generado –al menos en la Tierra- por seres vivos, pero también puede emitirse por procesos geológicos. Por ello la idea de la ESA es enviar un vehículo que pueda perforar la superficie y conocer la fuente de emisión del gas.

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