¿Expolio fiscal? La lucha del nacionalismo por las balanzas

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DEBATE SOBERANISTA

09 de febrero de 2014 (16:49 CET)

Noviembre de 2004. Dos profesores publican un libro con el título de L’espoli fiscal. Una asfíxia premeditada. Son Jordi Pons, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona, y Ramon Tremosa, profesor de Teoría Económica de la misma universidad, la UB. El libro lo edita el Institut d’economia i empresa Ignasi Villalonga, de Eliseu Climent, un editor y activista valenciano metido siempre en mil batallas. Y el propio editor agradece “la colaboración del Departament d’Economia de la Generalitat de Catalunya” en el libro.

La paradoja es que el trabajo de Pons y Tremosa, que sería después candidato a las elecciones europeas por CiU, eurodiputado ahora, y posible candidato de nuevo en las elecciones europeas de mayo, no habla en esos términos. Es un trabajo extenso sobre las economías de Catalunya, Valencia y Baleares, con muchos datos, muy elaborado.

Y no se denuncia en ningún momento que los flujos fiscales se puedan considerar de “expolio”. Tal vez fue un magnífico enganche editorial, un título para animar el debate, que dio alas al movimiento independentista, y que le dio proyección pública a Tremosa.

Déficit, sí, e importante

El libro sí explica que esas comunidades, del arco mediterráneo, han aportado más de lo que reciben, y que podría resultar “el principal problema de sus economías”. También se defiende con convicción el método del flujo monetario, y se explica que el déficit fiscal entre 1986 y 1998 fue de entre el 7% y el 8% anual, “perjudicando con incidencia creciente sus servicios sociales”. Pero en las 22 consideraciones finales, no se habla de expolio.

En cualquier caso, durante esos años, el tripartito alcanzó el poder. Y CiU se agarró a esas interpretaciones sobre el déficit fiscal para conseguir influir en el proceso del Estatut, que se comenzaba a negociar.

CiU, con el concierto solidario

Artur Mas hizo suya la bandera de una mejor financiación, para alcanzar un concierto económico a la catalana, con un fondo para la solidaridad, pero desde la reclamación de que todos los impuestos se deberían recaudar desde Catalunya. CiU ya había asumido esa reclamación, que defendió mientras estuvo en la oposición, tras las elecciones de 2003 y hasta 2010.

El PSC, siguiendo al entonces conseller de Economía, Antoni Castells, confió en el Estatut para poder modificar las reglas del juego. Y Castells acabó pactando con el Gobierno central un nuevo modelo de financiación en 2009, gracias a la palanca que supuso el Estatut, que logró disminuir en un 1,2% el déficit fiscal.

Pacto fiscal, una pretensión efímera

Mas se presentó en las elecciones de 2010 con el estandarte del pacto fiscal, al entender que el modelo de financiación era del todo insuficiente, en parte porque los ingresos habían caído de forma extraordinaria en toda España, y en parte por los incumplimientos del Gobierno central.

De ese pacto fiscal, que trató de negociar con el nuevo Gobierno de Mariano Rajoy, que surgió de las urnas en noviembre de 2011, Mas se olvidó rápidamente para apostar ya por una vía soberanista.

El independentismo de ERC

Y Esquerra, con el nuevo liderazgo de Oriol Junqueras, se acogió, tras el fracaso de los republicanos en las elecciones de 2010, a las cifras del déficit fiscal, los 16.000 millones que surgen del último cálculo de las balanzas fiscales con datos de 2009. Si Catalunya tuviera esos recursos, asegura, no se deberían acometer recortes sociales.

Y el “expolio” se ha generalizado entre los partidos nacionalistas, aunque Pons y Tremosa no lo defendieron. Y nadie en el mundo académico lo sustenta.

Bueno, tal vez hay uno: Xavier Sala Martín, que asegura que sólo hay un fenómeno igual. “Hay dos constantes en el planeta, la velocidad de la luz, y el déficit fiscal catalán”, asegura. Sala Martín se ha convertido el gurú del independentismo, y su nombre es garantía, para ese movimiento, de que es la verdad absoluta.
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