Manuel Ballbé: “El 9N ha sido un 2 de mayo en Cataluña”

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El catedrático de Derecho Administrativo sostiene que el PP y CiU han querido tapar sus relaciones de corrupción con un enfrentamiento inexistente entre España y Cataluña

Ballbé, durante la entrevista

15 de noviembre de 2014 (18:48 CET)

“Lo que sucedió en Cataluña el pasado 9 de noviembre marcará un precedente político y jurídico”. El catedrático de derecho administrativo, Manuel Ballbé (Barcelona, 1951), no tiene dudas sobre ello. Autor de libros de referencia, como Soberanía dual y constitución integradora, con ideas sugerentes sobre las reformas que serían necesarias en España para acomodar realidades como Cataluña, Ballbé se muestra contundente.

En una entrevista con Economía Digital, asegura que la consulta del 9N se debe considerar “como algo muy serio”. A su juicio, lo que se produjo fue una afirmación de los catalanes a favor de una “España integradora y una Cataluña plural”, con “un voto activo” que se tradujo en una clara abstención de cuatro millones de catalanes frente a menos de dos millones que apoyaron el sí.

La carga de la prueba

En realidad, la Generalitat lo planteó como un proceso participativo, concretado “nada menos que en un referéndum por la independencia, como Escocia o Quebec, saltándose la legalidad y las resoluciones del TC”, según Ballbé.

Pero en este caso, “la carga de la prueba la tenían que demostrar los que quieren separarse, y no al revés, o sea conseguir al menos cuatro millones de síes; pero no llegaron ni a dos. Es evidente que la mayoría de catalanes que no fue a votar rechazó este desafío desintegrador, con unos resultados muy contundentes”, asegura.

Según Ballbé, “el 9N ha sido un nuevo 2 de mayo, --1808-- no en Madrid, sino en Cataluña, con ciudadanos de a pie que han defendido con ‘seny’, con sentido común, la continuidad del Estado, mientras nuestros gobernantes abandonaban sus funciones, pactaban a escondidas y miraban hacia otro lado”.

Rebelión pacífica y campaña franquista

Este catedrático, activo militante progresista contra la dictadura, afirma que los catalanes que decidieron no participar, protagonizaron “una rebelión pacífica, sin tener apenas altavoces, y con una campaña de propaganda independentista monocolor y avasalladora, al más puro estilo franquista, porque no se dieron espacios electorales a las opiniones divergentes al sí, con la complicidad de los medios públicos y privados, subvencionados por el Govern”.

“Han sido los dos gobiernos, el español y el catalán, los que han incumplido el mandato constitucional que se plasma en el artículo 2 de la Carta Magna, cuando proclama que España es una unidad formada por ‘nacionalidades y regiones’ que la integran’”.

La idea de este profesor es que “han preferido el enfrentamiento por réditos electorales, teniendo a los ciudadanos como rehenes, en vez de afrontar los problemas con diálogo, responsabilidad y acuerdos transparentes”.

La sagrada familia Pujol-Generalitat

La cuestión central que Ballbé destaca, al ser preguntado sobre la influencia de los casos de corrupción en el proceso soberanista, es que se ha pretendido una confrontación artificial. Y no ahorra un ácido comentario:

“Estos gobiernos corruptos, con los escándalos conocidos, prefieren una confrontación dentro de Cataluña y de los catalanes con el resto de España. Les ha salido mal: cuatro millones no han seguido la consigna machacona de dos años de votar sí a la independencia, ni siquiera con la canción del ‘Madrid nos roba’, como si la ‘sagrada familia’ Pujol-Generalitat no hubiese extorsionado una cifra bárbara que deben devolver a los catalanes, y es que se ha promovido una pelea interna para que no reclamemos sus responsabilidades”.

La consideración de Ballbé es que el Gobierno “debería haber impedido la consulta desde el primer momento en que se anunció”, y que el Ejecutivo español “actuó con lentitud ‘premeditada’, cometiendo una dejación de funciones, y abandonando a los cuatro millones de ciudadanos que se resistieron a ir a votar, como el mejor voto de castigo a tamaña aberración jurídica y democrática”.

Convertir o no en víctimas a los promotores

¿Pero, y la segunda consulta? “En esa segunda consulta no había ninguna protección del derecho al voto, ni mesas por sorteo, ni interventores, ni una campaña neutral”. Asegura Ballbé que “en ningún país democrático se ha hecho una cosa semejante”.

Para Ballbé, una actuación justo antes, “la prohibición en el último momento, hubiera sido otra provocación, aunque luego nos hemos enterado que estaban en permanente conexión, --sobre las conversaciones entre Arriola (PP), Serrano (PSOE) y Rigol (CiU)-- y sabían que el 9N se lo dejarían hacer. Instrumentalizar ahora a los fiscales contra los promotores sería convertirlos en víctimas y ocultar que han sido los perdedores. Además aquí se ha dado una cooperación necesaria del Gobierno central por permitirlo”.

El proceso “no se puede relativizar”

Tras el 9N, las diferentes respuestas de todos los actores implicados han sido contradictorias. O se han tomado en serio o se han dejado de lado. Ballbé no quiere pasar página como si no hubiera ocurrido nada: “No hay que relativizar un proceso que forzaron, cuasi constituyente, pues si lo hubieran ganado habrían declarado unilateralmente la independencia, como pretenden hacer ahora con otras plebiscitarias”.

Por tanto, “nadie puede llamar ‘simulacro’, ni minimizar esta gran victoria del ‘no’ a la independencia, como hizo Rajoy, coincidiendo curiosamente con los independentistas derrotados y algunos catedráticos de derecho (in)constitucional que se arrogan la voluntad del pueblo y es que aunque renieguen de la victoria del 9N quedará un precedente en el derecho catalán, español e internacional”.

La pérdida real de soberanía

Mas y Rajoy deberían “haber felicitado a los cuatro millones de catalanes que han defendido la España integradora y pedir disculpas por haber promovido y tolerado un procedimiento electoral infame”.

Cataluña disfruta ahora de la máxima autonomía de su historia, pero para este catedrático, la soberanía hoy es económica, como expresó en el Parlament recientemente.

“Mientras nos peleamos por las banderas y la soberanía ‘formal’ hemos perdido la propiedad de multinacionales catalanas y españolas como Agbar, o Fecsa-Endesa, y ahora nos hacen pagar el proyecto Castor y estamos en vísperas de perder la valiosa Aena con el aeropuerto de Barcelona, que privatizarán a nuestras espaldas y regalarán --PP y CiU-- a los fondos buitre y bancos que llevan atacando especulativamente a España desde 2009”, asegura con contundencia.

El debate debería centrarse, en el conjunto de España, también en Cataluña, en la pérdida de soberanía, en la pérdida de poder “en favor de las grandes empresas y de los poderes financieros”.

El problema está en Europa

Por ello, a pesar de que se pretenda ridiculizar desde Cataluña, viéndolo como una expresión de que España está en decadencia, “Cataluña debería estar preocupada por el hecho de que España no tenga dos representantes en el BCE, como le tocaría, y que sea el ‘micro’ Luxemburgo de Juncker el que le haya robado el otro puesto que le corresponde”, asegura.

Porque lo que de verdad está en juego ahora, según Ballbé, es que tanto el PP como CiU han querido tapar “los casos de corrupción conjunta, que perpetraron durante la coalición PP-CiU, a partir de 1996, con las privatizaciones que se iniciaron entonces con los amigos de Aznar y con beneficiarios en el seno de la Generalitat”.

Un capitalismo de “amigotes”, entre Madrid y Barcelona, “que es la que ha expoliado nuestra soberanía real, la económica, mientras aquí nos marean con los sueños de la independencia en el país de las maravillas”.

La batalla final por los porcentajes

La conclusión de Ballbé, irritado incluso cuando se habla de porcentajes, es que “Mas debería dimitir”. “Con un 85% de participación en Escocia, dimitió Salmond, y eso que consiguió el 47% de apoyo. Aquí, con menos del 30% de apoyo al sí, Mas sigue sin dimitir. Es la democracia ‘estrellada’ catalana”.
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