Otro dilema para Sánchez: la reforma de la financiación autonómica. En la imagen, Sánchez en una comparecencia en la Moncloa. EFE/Juan Carlos Hidalgo
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El presidente del Gobierno ningunea la lista de peticiones que le entregó el titular de la Generalitat: "Fuera de la Constitución sólo hay monólogos"

Iván Vila

Economía Digital

Otro dilema para Sánchez: la reforma de la financiación autonómica. En la imagen, Sánchez en una comparecencia en la Moncloa. EFE/Juan Carlos Hidalgo

Barcelona, 28 de diciembre de 2018 (16:58 CET)

Pedro Sánchez cierra el año aplicando la ducha escocesa a Quim Torra. Tras el baño de agua caliente de la semana pasada, el presidente del Gobierno abrió el agua fría y negó al titular de la Generalitat la posibilidad de negociar su lista de 21 puntos. "Hay que pasar de la voluntad de diálogo al diálogo real", es decir, a discutir sobre propuestas que tienen cabida en la Constitución y el Estatuto, porque fuera de estos, dijo, solo hay "monólogos". 

Es en ese terreno, en el de los monólogos, en el que Sánchez enmarca el documento de Torra, que incluye entre las reclamaciones la de un referéndum de autodetermintación y la de que haya una mediación internacional que tercie entre la Generalitat y la Moncloa. Sánchez se mantuvo en la línea mantenida por el ejecutivo desde que Torra reveló la existencia de la lista de demandas y dejó claro que las ignora.

Sánchez, que compareció tras el último Consejo de Ministros del año para hacer balance de los primeros siete meses de su gobierno, justificó no haber hecho pública tras la reunión la existencia del documento porque ambas partes pactaron un texto conjunto, y eso, alegó, es lo que cuenta.

Un texto que recibió críticas porque en él no había ninguna mención explícita a la Constitución, y del que lo que Sánchez destaca es que dejaba claros los "fundamentos" que tienen que tener las conversaciones con el gobierno catalán: "ley y diálogo y acuerdos transversales"

Sánchez pide un gran acuerdo en Cataluña

En la línea del mensaje navideño del Rey, Sánchez insistía de esa manera por igual en el talante dialogante del Gobierno que en el respeto a la Constitucion como único límite al mismo, y advertía que la "solución política" va para largo y no llegará hasta que haya "un gran acuerdo en Cataluña que trascienda los bloques" en los que se ha polarizado la política catalana, porque cualquier fórmula que implique cambios estatutarios precisa del apoyo de dos terceras partes del Parlament, como enfatizó.

Los límites legales a los que el Gobierno acota el diálogo son los que esgrimió también el preisdente cuando le preguntaron por la iniciativa de la Generalitat de volver a recaudar impuestos estatales a través de la Agencia Tributaria Catalana (que después los deriva a la española), una potestad que fue retirada durante el periodo de aplicación del artículo 155. Antes de decidir si toma o no alguna medida para poner freno a esa reactivación, el Gobierno pedirá información sobre la iniciativa, de la que Sánchez dijo haberse enterado por los medios de comunicación.

Reconstruir la lealtad institucional

No quedar como el responsable de la falta de entendimiento cuando este no es posible es un clásico en política, así que, ante el callejón sin salida que suponen las conversaciones con Torra, el afán de Sánchez es que nadie pueda discutirle su buena disposición a llegar a acuerdos. Para el presidente, ahora lo que toca es reconstruir "los espacios de diálogo, de confianza y de lealtad" institucional, tres aspectos que han sido "puestos en cuestión" en Cataluña.

El presidente sigue sin descartar tampoco, al menos de cara a la galería, conseguir aprobar los Presupuestos Generales del Estado, para los que precisaría el apoyo de los independentistas de ERC y Pdecat, pese a que ambas formaciones ya han repetido por activa y por pasiva que no se los van a votar.

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