José Luis Ábalos, Cristina Narbona, Pedro Sánchez y Adriana Lastra en la reunión del Comité Federal del PSOE. Foto: EFE/PC
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El "Nuevo PSOE" presenta algunos vacíos que pueden lastrar la progresión electoral de Pedro Sánchez

Carlos Carnicero

José Luis Ábalos, Cristina Narbona, Pedro Sánchez y Adriana Lastra en la reunión del Comité Federal del PSOE. Foto: EFE/PC

Madrid, 19 de febrero de 2018 (04:55 CET)

En el texto del discurso que pronunció Pedro Sánchez en el Comité Federal del pasado sábado, solo hay una afirmación en la que pueden estar de acuerdo la mayoría de los españoles: "Mariano Rajoy es un lastre para España". No parece suficiente para "ser la primera fuerza" en las elecciones del 2019.

Unas elecciones no se pueden ganar solo por el desgaste de quien ocupa el poder. Hace falta crear expectativa de una España real, posible, atractiva e integradora. Ese fue el secreto que permitió ser presidente del Gobierno de España a Felipe González durante más de trece años. Claro, estamos hablando del PSOE, no del "Nuevo PSOE". Imposible encontrar a alguno de los que hicieron posible aquellas victorias en el PSOE de Sánchez. Ni siquiera quedan testigos.

Y el centro sigue siendo el eje en donde se ganan o se pierden las elecciones. ¿Elemental? Suponemos que no tiene discusión.

Quizá la prioridad de quien aspira a ganar y gobernar debiera ser un proyecto reformista para formular una España en donde se sientan cómodos todos los españoles y donde se reduzcan paulatinamente las desigualdades. ¿Es tan importante la etiqueta de "somos la izquierda" para un partido con casi ciento cincuenta años de historia y que además es el que más años ha estado en el gobierno en los últimos 40 años?

No se me ocurre la razón por la que Coca-Cola podría añadir en su etiqueta "Somos La Cola"; una explicación innecesaria se convierte necesariamente en una excusa.

En el léxico de Pedro Sánchez no hay puntada sin hilo

El "Nuevo PSOE", el de "somos la Izquierda" ya tiene un modelo orgánico a la media del líder supremo. Una aprobación a "la búlgara", expresión acuñada en los tiempos de la clandestinidad y la transición para hacer referencia a una unanimidad forzada por adhesiones indiscutibles donde no había coraje para manifestar discrepancia. En el "Nuevo PSOE" nadie vota en contra. Ni un solo voto. A lo más que se atreven algunos disidentes es a ausentarse de la sala a la hora de la votación. Algunos dirigentes territoriales, además con mando en plaza, ni siquiera asistieron a la reunión.

¿Por qué Sánchez dice que quiere ser "primera fuerza" en vez de proclamar su intención de "ganar las elecciones"? En el léxico de Sánchez no hay puntada sin hilo. Maneja los eslóganes y los conceptos sin tener que explicar su significado. "No es no" quizá sea el eslogan más simple y elemental del mundo. En el universo líquido y elemental en que vivimos, fue efectivo. Quizá haya que analizar la profundidad del pensamiento de quienes le apoyaron. Le sirvió para ganar unas primarias y asumir el mando de un partido que ha ejercido el "sí es sí" en el apoyo al 155. No es tan inexplicable y perverso coincidir con el PP por responsabilidad. Ahora Sánchez dibuja a Ciudadanos en la extrema derecha. Sin embargo, fue él quien suscribió un acuerdo de gobierno con Albert Rivera para presentar su investidura fallida.

Poco más sabemos del corpus político con el que pretende ser la primera fuerza. En Aranjuez, en el Comité Federal, no hubo pistas programáticas. Solo el anuncio de que el "Nuevo PSOE", se engrasa para las elecciones municipales, autonómicas y europeas del año próximo. Y que José Félix Tezanos, intelectual orgánico de Alfonso Guerra durante muchos años, será el ponente junto a la presidenta del partido, Cristina Narbona.

Algunas reflexiones sobre los vacíos del "Nuevo PSOE" que pueden lastrar su progresión electoral.

Sabemos que Pedro Sánchez es fanático de la instantaneidad. Pero se cansa enseguida de sus ocurrencias. En plena crisis catalana que tiene congelada la investidura de un Govern, ni una palabra sobre el asunto que es una de las mayores preocupaciones de los españoles.

Quizá sea demasiado complicado sintetizar el "sí, pero no" de Miquel Iceta. Desde luego los electores potencialmente socialistas catalanes no quedaron abducidos por las propuestas de Iceta.

Si la apuesta de Iceta fue un fracaso, no ha aparecido ninguna reflexión pública y autocrítica

Afloraron disidencias sobre la nueva trampa que ha planteado Mariano Rajoy en su pugna con Ciudadanos. El modelo educativo en Cataluña. Puede parecer coherente, sensato y legítimo negarse a que el artículo 155 sirva para establecer la elección del castellano como lengua vehicular en la educación. Pero hay que explicarlo, salvo que no se apueste por algo tan sencillo como imponer que se cumpla la ley y las sentencias del Tribunal Constitucional también en lo referente a la educación en Cataluña. No a la aplicación del 155, pero tal vez sí a un modelo catalán que permita estudiar en castellano además de en catalán.

¿Se imaginan que el partido Laborista del Reino Unido no defendiera la enseñanza en lengua inglesa en las escuelas de Gales, donde también tienen una lengua propia?

No hay otra interpretación a la marginalidad del español en Cataluña que la de un complejo frente a una lengua que hablan en el mundo casi quinientos millones de personas.

Si hasta hace unas semanas era cuestión mayor la reforma de la Constitución para establecer la "España plurinacional", esa apuesta instantánea ha perdido vigencia. Si la apuesta de Iceta fue un fracaso por su estancamiento con un aumento de la participación, no ha aparecido ninguna reflexión pública y autocrítica. Una apuesta que puede tener repercusiones electorales graves en toda España.

A Pedro Sánchez, diríase que le pueden los rencores. Y los acumula con la sola condición de que los depositarios sean críticos o discrepantes con él y con sus propuestas.

Elena Valenciano, que fue vicesecretaria general del partido en la etapa anterior, tiene posibilidades de ser la próxima líder del grupo socialista europeo. ¡Casi nada en vísperas de elecciones al Parlamento Europeo! Sin embargo, Valenciano carga con el estigma en el universo del "Nuevo PSOE" de haber apoyado a Susana Díaz en su pugna con Pedro Sánchez en las primarias. Y además es mujer, lo que debiera ser un valor absoluto en un hemisferio en donde el PSOE le ha negado apoyo a Luis de Guindos para el BCE, fundamentalmente por no serlo. Un mundo de paradojas construidas a partir de un cierto sectarismo en donde la adhesión al líder es el principio y fin de todas las cosas.

La receta de Ciudadanos parece sencilla: menajes directos sin titubeos

El partido está estancado en las encuestas, con un PP en declive, un Podemos paralizado a la baja y un Ciudadanos en crescendo. Hay trasvase claro del PP hacia Ciudadanos, pero también del PSOE hacia el partido naranja sin que se detecte que votantes de Podemos elijan ahora a los socialistas.

Sánchez seguramente se preguntará por qué el auge de Ciudadanos. La receta parece sencilla: menajes claros, directos sin titubeos para responder a las demandas de los ciudadanos sin preguntarles qué ideología tienen. El líder del PSOE arrastra varios records a la baja en las últimas elecciones. Se ha blindado con una tecnología que prima la pureza de sangre socialista y de izquierda a las adhesiones en la sociedad.

Es muy posible que su propuesta siembre el entusiasmo en la mayoría de los militantes; dudoso que enamoren a potenciales votantes que pretendan prioridad a un proyecto colectivo para una España más justa y atractiva a las etiquetas políticas.

Tal vez debiera averiguar qué le ha pasado al socialismo francés para ser borrado del mapa.

El PSOE es un partido con vocación de poder. Si pierde peso en las instituciones, se debilitará rápidamente.

La última paradoja.

Sánchez pone en valor el trabajo de los dirigentes en las instituciones municipales y autonómicas en donde gobierna el PSOE. Según él, esos resultados son la punta de lanza para ser "la primera fuerza". Sin embargo, los líderes regionales que son "punta de lanza" han quedado laminados en un partido que era federal y que se acaba de convertir en centralista.

Entre el líder radicado en Madrid y los militantes considerados individualmente no hay nada. Es difícil pensar que el PSOE no quiera convertirse en un movimiento populista con un caudillo al frente.

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