El presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC). EFE

Puigdemont pone a Torrent en una situación límite

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Junts per Catalunya se niega a pedir la sustitución de sus diputados suspendidos y Torrent se niega a que puedan votar para no desafiar a Llarena

Barcelona, 04 de octubre de 2018 (12:11 CET)

Junts per Catalunya (JpC) y ERC vuelven a llevar al límite su pulso por Carles Puigdemont y el resto de diputados suspendidos por el Tribunal Supremo (TS). O, mejor dicho, por los cuatro de la formación puigdemontista.

El encontronazo sobre este asunto que en julio propició dejar el Parlament dos meses y medio sin sesiones plenarias parecía superado con el acuerdo que el martes ratificó la cámara catalana. Pero no. Los dos socios del gobierno de Quim Torra siguen este jueves por la mañana enrocados en sus respectivas posiciones, sustentadas en lecturas antitéticas de ese pacto. Y la resolución del embrollo, que puede marcar la relación de los dos socios del gobierno Torra de ahora en adelante, es incierta.

Como ya se contó en episodios anteriores del culebrón, el pleno votó el martes dos cosas: primero, rechazar la suspensión dictada en julio por el juez Pablo Llarena y, acto seguido, una fórmula que permite acatarla, ni que sea con una fórmula ad hoc e incluso discutible legalmente, aunque avalada por los servicios juríridicos de la cámara: que los suspendidos puedan designar a otro miembro de su grupo parlamentario para que les sustituya. 

A la práctica, el mecanismo equivale a la delegación de voto que ya se estaba aplicando en el caso de los diputados procesados desde finales de mayo. Pero el texto aprobado el martes especifica que los diputados tienen que solicitar esa sustitución.

JpC se aferra ahora a la otra parte de la votación, la que rechazó la suspensión de Llarena. Los puigdemontistas se resisten a que esa decisión se quede en lo simbólico, y alegan que si Puigdemont y sus otros tres diputados procesados no están suspendidos, pueden seguir delegando el voto, como hasta ahora (o como hasta julio, porque desde entonces no ha habido votaciones).

La pugna ha llegado a la Mesa del Parlament que se celebra este jueves antes del inicio de la parte final del debate de política general, en la que toca votar las propuestas de resolución presentadas por los grupos.

El delicado papel de Torrent

Tras la advertencia del presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC) y los letrados de la cámara de que hay que solicitar por escrito las sustituciones, JpC ha presentado un documento firmado por su portavoz, Albert Batet, en el que comunica, que en base a la votación "que rechaza la suspensión de derechos y deberes parlamentarios de varios diputados", seguirá "votando en representación" de Puigdemont, Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sànchez, como ha hecho hasta ahora.

Batet ha acompañado la petición con los documentos en los que cada uno de ellos solicitaron la delegación de voto.  Pero no ha colado. Torrent alega un defecto de forma porque entiende que lo que tiene que hacer JpC es presentar escritos firmados por Puigdemont, Turull, Rull y Sànchez solicitando la designación de un diputado suplente, que es lo que se aprobó en la segunda votación del martes.

Así las cosas, y con la mesa ahora reunida, fuentes de JpC insisten en que los diputados no presentarán ningún escrito "dado que el pleno ha rechazado la suspensión de los diputados", que, diga lo que diga el pleno, llevan con el sueldo suspendido desde que el Parlament recibió en julio la resolución del TS.

En la mesa,que es la que tiene que decidir si autoriza la votación de Puigdemont, Turull, Rull y Sànchez, todo depende de ERC, que cuenta con dos representantes. Pero tanto en la formación de Oriol Junqueras (que sí ha solicitado la sustitución, como el otro diputado de ERC afectado, Raül Romeva) como entre los servicios jurídicos entienden que avalar los votos sin cumplir el requisito acordado por el pleno el lunes puede situar a Torrent en el terreno de la desobediencia a los tribunales.

Si no lo hacen, y JpC no cede, el bloque soberanista no podría contar con esos cuatro votos, lo que convertiría su mayoría en aún más precaria. Pero, además, la brecha entre ambos permanecería en carne viva y dejaria al gobierno que comparten pendiente de un hilo.

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