Soraya pierde la oportunidad de consolidarse como relevo de Rajoy

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Sánchez destaca pese a su falta de propuestas en un debate flojo, Iglesias mantiene el tipo y los nervios traicionan a un Rivera que ha tenido días mejores

Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Iglesias (Podemos), Albert Rivera (Ciudadanos) y Soraya Sáenz de Santamaría en el debate de Antena 3.

en Barcelona, 08 de diciembre de 2015 (00:44 CET)

Antena 3 presentó el debate de la noche del lunes como decisivo. Pero es posible que las dudas sigan planeando sobre los ciudadanos que todavía no saben a a quién votar en las elecciones del próximo día 20. El encuentro fue flojo, aunque los cuatro participantes, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Soraya Saénz de Santamaría, tuvieron ocasión de destacar en algún momento.

La vicepresidenta del Gobierno, que acudió al debate en lugar de Mariano Rajoy, no logró consolidarse como relevo del presidente. Iba preparada y cargada de datos y supo salir viva del tema más peliagudo para el PP, la corrupción. No obstante, estuvo nerviosa durante buena parte del coloquio, movió las manos de forma constante e incluso se confundió con las palabras en varias ocasiones.

Violencia machista

Saénz de Santamaría remontó al final del programa. Tuvo una buena intervención cuando se habló de la violencia machista y dirigió un mensaje directo y emotivo a las adolescentes españolas. También recuperó el tono en el diálogo sobre Cataluña al mostrarse muy firme en sus convicciones. Pese a eso, a Soraya no se la vio con la seguridad y entereza que suele ostentar en las ruedas de prensa posteriores a las reuniones del Consejo de Ministros de los viernes.

Es posible que muchas encuestas y analistas den a Pablo Iglesias como ganador del debate. El líder de Podemos no vaciló. Logró colocar sus mensajes, habló de corrupción, de recortes, de desahucios, de la reforma laboral, recordó el 15M y presumió de Manuela Carmena y Ada Colau. Pero pese a tener todo eso a su favor, Iglesias no consiguió presentarse como una alternativa realista de gobierno.

Tono mitinero

Como en otras ocasiones, a Iglesias le perdió en algunos momentos una cierta arrogancia. De los cuatro participantes fue el que más interrumpió a sus compañeros. Y en otros momentos, confundió una intervención corriente y moliente, que debería haber sido poco más que una propuesta o una respuesta, con un mitin.

Pedro Sánchez tuvo una de sus mejores actuaciones. El secretario general del PSOE fue el más tranquilo de los participantes. Esa calma le dio muchos puntos. Sánchez habló bien, sorteó los ataques de sus contrincantes siempre con una sonrisa en los labios y no perdió los papeles ni siquiera ante la moderadora, Ana Pastor, que parecía más arisca con él que con el resto de candidatos.

Falta de programa

El problema de Sánchez no es de saber estar, es programático. Sus oponentes presentaban propuestas a las que el socialista sólo contestó con agresiones a las políticas del PP y recatando del baúl de los recuerdos los buenos momentos de los primeros años del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sánchez tiene muy claro que derogará casi todas las leyes del PP, pero no acaba de transmitir qué legislará en su lugar.

A Albert Rivera le pasó todo lo contrario. El líder de Ciudadano ha tenido días mejores. Ayer se le veía algo nervioso, menos concentrado que en otras ocasiones. Sin embargo, Rivera se presenta a estas elecciones cargado de propuestas y eso le salvó. Defendió el contrato único, la mejora de las condiciones de los autónomos, sus propuestas de rebaja de impuestos y de reducción de la administración que se sabe de memoria. Pero le faltó un algo de esa convicción que ya le caracteriza.

Mucha campaña por delante

Aún así, como Saénz de Santamaría, Rivera remontó en las últimas intervenciones. Cuando habla de Cataluña, lo tiene todo a su favor al ser el único candidato catalán y saber llevar el agua a su molino. También destacó en la intervención sobre el terrorismo, quizá porque tiene las ideas muy claras en esta materia.

Se acabó el esperado debate y es probable que los ciudadanos mantengan sus dudas. Podrán aclararlas con los muchos actos de campaña que quedan por delante, con el cara a cara entre Sánchez y, esta vez sí, Mariano Rajoy y consultándolo con la almohada el 19 de diciembre.

 

 

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