Quim Torra, durante su comparecencia de este viernes en la Generalitat. EFE/Enric Fontcuberta
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El president recae en el tic de evitar a la prensa y anuncia su veto a la corona con una de esas comparecencias sin preguntas que Puigdemont convirtió en norma

Barcelona, 24 de junio de 2018 (04:55 CET)

Lejos quedan los tiempos en los que Artur Mas, al frente del gobierno catalán, se jactaba de aceptar siempre preguntas, a diferencia, se insistía en la Generalitat, del presidente Mariano Rajoy, tan aficionado a aparecer en las pantallas de plasma y a las oximorónicas ruedas de prensa sin preguntas.

El sucesor de Mas, Carles Puigdemont, periodista para más señas, empezó a dosificar los actos en los que se sometía al escrutinio de la prensa y a decantarse en cambio por dirigirse a la población de forma progresivamente recurrente mediante mensajes institucionales emitidos en directo por televisión. Y ahora, Quim Torra, parece preferir seguir por esa senda del plasma.

Declaraciones, sí; preguntas, no

El último ejemplo es la fórmula escogida para anunciar que finalmente Torra sí asistiría a la inauguración de los Juegos Mediterráneos, pero que la Generalitat vetará a la Casa Real y no acudirá tampoco a los actos que organice esta. Torra optó por una “declaración institucional” a la que invitó a la prensa, pero tras la cual, no hubo preguntas.

No es la primera vez que el president no acepta preguntas. Apenas cuatro días después de tomar posesión, en la visita que hizo el 21 de mayo a los líderes independentistas encarcelados en las prisiones de Estremera, Soto del Real y Alcalá-Meco, el president hizo declaraciones a la salida de los centros penitenciarios, pero sin atender a cuestiones de los periodistas.

En las jornadas del Círculo de Economía en Sitges, Torra, para sorpresa de los asistentes, no aceptó preguntas del público

Diez días después, el 31 de mayo, Torra asistió a las jornadas del Círculo de Economía en Sitges y, tras pronunciar su discurso, y para sorpresa de los asistentes, no aceptó preguntas del público. La condición, insólita en ese contexto, fue impuesta por el propio Torra, según aseguró en ese momento la organización.

En cambio, el viernes de la semana pasada, 15 de julio, en otra cita con empresarios, esta vez en la Seu d’Urgell, sí que respondió a los asistentes en el marco del debate posterior a su conferencia, y aprovechó para desmarcarse del plan de la ANC para promocionar a empresas afines al procés en detrimento del resto, que La Vanguardia había hecho público ese mismo día.

Comparecencias alemanas a dos voces

También las ha respondido en las dos ocasiones en las que ha visitado a Puigdemont en Alemania. Esas comparecencias a dos voces, de hecho, han sido lo más parecido a una rueda de prensa que Torra ha concedido desde que fue investido. Porque tampoco es Torra quien ha atendido a los medios tras las reuniones con los líderes políticos que el president ha ido manteniendo las últimas dos semanas, sino la portavoz y consellera de Presidencia, Elsa Artadi.

Que el o la portavoz  del Govern sea quien dé cuenta de esos encuentros ante la prensa no es nuevo, pero no siempre ha sido así

Que el o la portavoz  del Govern sea quien dé cuenta de esos encuentros ante la prensa no es nuevo. En la legislatura pasada ya se operaba de esa manera. Pero conste que no siempre ha sido así. Cuando Artur Mas se reunió con Xavier Trias tras ser escogido este alcalde de Barcelona, sí fue el propio president quien compareció tras el encuentro.

En cambio, cuando Mas se reunió con Ada Colau tras las municipales de 2015 en las que Trias perdió la alcaldía, ya fue la entonces consellera portavoz, Neus Munté, quien dio la versión de la Generalitat de cómo había ido el encuentro. Y, desde entonces, ese ha sido el protocolo que ha establecido el Govern en este tipo de citas.

Mensajes televisados

Mas se caracterizó por un muy alto grado de exposición pública, e hizo gala de responder preguntas en todas sus comparecencias, lo que desde su gobierno se remarcaba para trazar una comparación con Rajoy favorable a Mas por lo que respecta a la transparencia. Pero su sucesor redujo considerablemente el nivel de exposición. Sobre todo, a medida que el procés se aceleró  y se precipitó hacia la unilateralidad.

En el decisivo y confuso mes de octubre que arrancó con el referéndum y culminó con la declaración de independencia del Parlament y la aplicación del artículo 155, Puigdemont protagonizó cuatro declaraciones institucionales.

Puigdemont aún enviaría un quinto mensaje televisivo tras su huída y desde Bélgica, como reacción al encarcelamiento de Junqueras y otros ocho ex consellers

La primera fue el mismo 1-O, para evaluar la jornada. El día 4, Puigdemont compareció de nuevo para replicar el mensaje del Rey Felipe VI del día anterior; el 21, lo hizo para reaccionar tras el acuerdo del Gobierno, el PSOE y Cs para activar el 155, y el 28 de octubre, repitió tras haber sido cesado en virtud de la intervención de la Generalitat.

Cuatro días después, Puigdemont aún enviaría un quinto mensaje televisivo, este ya tras su huída y desde Bélgica, como reacción al encarcelamiento de Oriol Junqueras y otros ocho de sus ex consellers. De nuevo, sin periodistas matizando o poniendo en cuestión el mensaje. Como este viernes, casi ocho meses después, volvía a hacer Torra.

Cien días

De todos modos, el president, que comparte con su antecesor su afición al Twitter, otro ámbito que permite a los políticos enviar mensajes e incluso interactuar con su audiencia sin intermediarios, todavía tiene tiempo para mejorar la disposición de su antecesor a relacionarse con los medios.

Puigdemont tardó 100 días en conceder su primera rueda de prensa, en su caso, para presentar el plan de gobierno para la legislatura. Torra aún no ha concedido ninguna (encuentros alemanes con Puigdemont aparte), pero solo lleva 40.

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