Iryo, en shock
Carlos Bertomeu sufre la desolación de un segundo accidente y focaliza todos sus recursos en ayudar a los afectados
Carlos Bertomeu, presidente de Iryo y Air Nostrum, está en shock. Sus compañías están en shock. El empresario valenciano, con 32 años de experiencia en el transporte de personas, empezó el año sin haber sufrido ningún accidente. Primero Adamuz (Córdoba) y ayer Urda (Toledo) han azotado sin piedad a la compañía ferroviaria que, con su presidente a la cabeza, se puso ayer a disposición de los afectados.
Las declaraciones de Bertomeu en el lugar del accidente demuestran la responsabilidad y la incredulidad que tiene la compañía, uno de los dos operadores privados que operan la alta velocidad en España. Iryo ha sufrido los dos accidentes trágicos sucedidos este año en España. No se lo pueden creer. En ninguno han tenido responsabilidad de lo sufrido.
El estado de shock no derivó ayer en parálisis. La decisión personal de Bertomeu fue dar la cara. Cuanto antes, mejor. Con toda la intensidad que tiene la humanidad incapaz de comprender lo ocurrido. Toda su organización le siguió y él fue de los primeros en llegar.
Su tren estaba parado, cumpliendo la normativa y las indicaciones y un tren de Renfe le embistió. Dentro del Iryo siniestrado estaba la jefa de prensa de la compañía. Tuvo que ser hospitalizada. La situación dejó a Bertomeu a solas ante la nube micrófonos. Él llegó en cuanto pudo.
Hay palabras que duelen al oirlas. «Terrible dolor. Ha pasado esto, que no debería haber pasado nunca, otra vez«, fue lo primero que le salió de dentro a Bertomeu.
La parte de la responsabilidad le llevó al presidente de Iryo a transmitir lo importante a los medios de comunicación en dos minutos. «Estamos poniendo todos los medios que tiene la compañía para ayudar», dijo.
Con pesar y la voz quebrada, contestó a la pregunta antes de que se la hicieran. Mientras decía «no voy a contestarles a preguntas porque me van a preguntar por las causas, como ya pasó la otra vez «, se le notaba la frustación de tener la maldita experiencia de haber pasado ya por un accidente trágico. La experiencia le hizo esquivar polémicas para centrarse en lo que los políticos se escurren. Las víctimas son los muertos, sus familias, los heridos, sus círculos cercanos.
Dar la cara, estar y ayudar desde el respeto y el acompañamiento a los que de verdad han sufrido. El estado de shock se retroalimenta al sentir a tu alrededor tanto dolor. Este sentimiento invade las decisiones para focalizarse sólo en las personas. Nada que ver con intentar mantener una silla.
En el primer accidente se le intentó culpar a Iryo, cuestión que se demostró completamente falsa. Por si colaba, las primeras reacciones de Óscar Puente fueron decir que «no sabemos si ha sido el material rodante o la vía». Pero es que ahora el tren estaba parado. Detenido por una estructura que tiene en la pirámide de decisión al mismo ministro.
Esta parte, la de asignar culpa que forma parte de la prioridad del Ministerio de Transporte, para Bertomeu no competía con sus pensamientos ayer. Por eso dijo: «Las causas se investigarán, nosotros estamos a disposición de las autoridades, este es un sector regulado, ahora hay una comisión que estudia el accidente».
Aquello era una previa para volver a lo importante: «Pero el fin de la investigación es saber qué ha pasado para que esto no vuelva a pasar porque esto es sinceramente terrible y lo siento infinito por las víctimas».
No se lo cree. Los que han estado con él saben que no lo puede entender porque tampoco su entorno, que por naturaleza profesional tienen amplio conocimiento en transporte, es capaz de entenderlo. Las voces se rompen como la de Bertomeu. «Carlos está consternado con más de 100 muertos», dicen los muy próximos a él.
La costernación es absoluta. Ven las lágrimas a punto de brotar en parte de los responsables políticos y saben que esa parte será investigada. La experiencia y dedicación hace que ese apartado se quede en «tareas pendientes» porque hay demasiados afectados que han agotado sus lagrimales. Llegará, pero no aún.
El consuelo, estar en primera persona, ponerse a disposición, aguantar el abatimiento se entrelaza con la frustración de una vida dedicada al transporte que este año le golpea con saña. Se mezcla con la incredulidad del que sufrió el golpe dramático en Adamuz y ahora le deja en shock con el convencimiento de que no se ha producido un suceso por azar sino una gestión que choca frontalmente con los principios que rigen en la empresa privada.
¿Cómo no va a estar en shock? ¿Cómo no van a estar sus compañías en shock? Palabras pronunciadas cuando el coche vuelve con noche cerrada y que duele escucharlas: «Es que debería de funcionar, no debería fallar». Ante este dolor, la respuesta es la responsabilidad con la que la compañía debe atender y atiende y una enorme incredulidad porque hasta lo más extraño, inverosímil, inaudito e inexplicable ha ocurrido.
Y no una, sino dos veces. Iryo, en shock.