Bianca Dragomir (Cleantech for Iberia): «Nos protegen más los gigavatios limpios que los tanques»
Cleantech for Iberia advierte de los cuellos de botella para desarrollar proyectos renovables durante I Foro de la Energía de Economía Digital
Bianca Dragomir, directora de Cleantech for Iberia durante el I Foro de la Energía de Economía Digital
La directora de Cleantech for Iberia, Bianca Dragomir, defiende que la transición energética ha entrado en una nueva fase marcada por la competencia geopolítica y la política industrial. Durante su intervención en el I Foro de la Energía de Economía Digital, aseguró que el liderazgo en tecnologías limpias será determinante para la autonomía estratégica de los países y reclamó acelerar las inversiones que permitan a España consolidar la ventaja competitiva que ha construido en los últimos años.
«Estamos en un invierno geopolítico, en un nuevo orden global», afirmó Dragomir al inicio de su intervención. En este escenario, sostuvo que «hoy quien controla la energía controla el poder» y lanzó una reflexión sobre la soberanía estratégica: «Quizás hoy nos protegen más los gigavatios limpios que los tanques».
La responsable de Cleantech for Iberia defendió que España parte de una posición privilegiada gracias al peso alcanzado por las energías renovables en el sistema eléctrico.
Recordó que cerca del 65% del mix eléctrico procede ya de fuentes renovables, una circunstancia que, a su juicio, ha permitido al país afrontar las últimas tensiones energéticas en mejores condiciones que buena parte de sus vecinos europeos.
«España está mucho mejor posicionada que sus vecinos», afirmó. Según explicó, el desarrollo de las energías limpias ha evitado que la factura energética alcanzara niveles mucho más elevados.
«La factura del usuario final podría ser el triple de lo que es y eso es gracias a las energías limpias», aseguró, antes de poner como contraste el caso de Italia, cuya mayor dependencia de otras fuentes energéticas está teniendo un mayor impacto sobre los precios.
Sin embargo, Dragomir advirtió de que mantener esa ventaja exigirá ir más allá del despliegue renovable. «Lo que tenemos que hacer ahora es construir sobre esta competitividad», señaló, apostando por acelerar la llegada al mercado de tecnologías como el hidrógeno renovable, el almacenamiento de corta y larga duración, las redes inteligentes, los combustibles sostenibles y los modelos de economía circular.
«Sin industria local no hay autonomía», resumió. En este sentido, sostuvo que España reúne buena parte de los ingredientes necesarios para liderar esta nueva etapa. «Tenemos sol, tenemos tecnología, tenemos una buena base industrial y también tenemos apetito inversor», afirmó.
La directora de Cleantech for Iberia destacó que ese interés por invertir ya se está reflejando en los datos. La Península Ibérica registró durante el pasado año un récord histórico de inversión en tecnologías limpias innovadoras y, según explicó, esa tendencia continúa acelerándose en 2026.
«El primer trimestre de este año también es récord histórico trimestral en la Península Ibérica», señaló. Además, subrayó que mientras la inversión en tecnologías limpias cayó un 38% en el conjunto de la Unión Europea durante el último año, en la Península Ibérica aumentó un 24%.
«Estamos marcando tendencia, hay apetito inversor», resumió. Pese a este contexto favorable, Dragomir alertó de la existencia de una importante brecha de financiación que amenaza el crecimiento de las empresas tecnológicas más innovadoras. A su juicio, el principal problema no está en la creación de nuevas compañías, sino en su capacidad para escalar industrialmente.
Cuellos de botella en la financiación
«Hay un gap de inversión tanto pública como privada», afirmó. Dragomir considera que muchas empresas consiguen desarrollar sus tecnologías hasta fases avanzadas de madurez, pero encuentran dificultades para obtener el capital necesario que les permita construir fábricas, desplegar proyectos comerciales y crecer.
Ese cuello de botella provoca, en muchos casos, que las empresas desaparezcan o trasladen su expansión a otros mercados. «Las perdemos porque desaparecen o porque se van a escalar en otros países, que son los que crean empleo alrededor de ello y riqueza», lamentó.

Para evitar esa fuga de innovación, Dragomir defendió que el capital público debe actuar como palanca para atraer inversión privada. Recordó que alrededor del 80% de la financiación necesaria para alcanzar los objetivos climáticos de 2030 y 2050 procederá previsiblemente del sector privado, por lo que consideró imprescindible utilizar de forma más eficiente los recursos públicos.
Entre las herramientas que propuso destacó las garantías públicas para reducir el riesgo de los proyectos, los contratos por diferencias de carbono —ya utilizados en países como Alemania— y modelos de financiación combinada que permitan compartir riesgos entre administraciones, inversores privados y capital filantrópico.
Como prioridad inmediata, reclamó corregir la fragmentación de los instrumentos públicos destinados a impulsar la innovación. «Necesitamos solucionar la fragmentación del capital público para la innovación», afirmó.
En su opinión, las ayudas deben adaptarse mejor a las necesidades reales de las empresas que afrontan la fase de crecimiento industrial, facilitando que las tecnologías limpias lleguen al mercado y permitiendo que España convierta su liderazgo renovable en un liderazgo industrial duradero.