Renfe pierde más trenes Talgo y se acerca a una reducción de su oferta

La falta de recambios amenaza con obligar a la operadora a reducir su oferta de alta velocidad si continúan las retiradas

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Sede de Talgo

Renfe continuará retirando de la circulación los bogies de los nuevos trenes 106 de Talgo que presenten cualquier indicio que pueda comprometer su seguridad. La compañía pública ha establecido unos criterios especialmente estrictos para inmovilizar estas piezas, una decisión que podría terminar afectando a la oferta de servicios de alta velocidad si el fabricante no entrega los recambios necesarios a tiempo.

Fuentes de Renfe confirman que los bastidores de los bogies de los trenes 106 de rodadura fija que hagan saltar cualquier alarma durante las inspecciones serán retirados inmediatamente de la circulación. La compañía aplicará este criterio incluso cuando no se hayan detectado fisuras o indicaciones concretas de que estas puedan llegar a producirse.

Por el momento, esta situación no ha provocado una reducción de las plazas disponibles para los viajeros. Renfe ha podido mantener su oferta gracias a que los bogies que se han ido retirando han sido sustituidos progresivamente por otras unidades de repuesto. El problema es que ese margen se ha agotado: la operadora ya no dispone de más piezas disponibles y Talgo todavía no tiene preparados nuevos recambios.

19 bogies retirados en la línea Madrid-Valencia de Renfe

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El problema con los bogies de los trenes 106 se remonta al verano de 2025, cuando Renfe tuvo que apartar de la circulación ocho unidades en la línea Madrid-Barcelona después de detectar fisuras en sus estructuras.

Posteriormente, las inspecciones realizadas por la compañía han permitido identificar otros 19 casos en la conexión Madrid-Valencia. De ellos, tres bogies fueron retirados después de encontrar indicaciones durante las revisiones que aconsejaban su inmovilización.

Los otros 16 fueron apartados de manera preventiva, pese a que las inspecciones no habían encontrado indicios concretos de fisuras. Renfe ha optado así por aplicar un criterio de máxima prudencia ante cualquier señal que pueda generar dudas sobre la seguridad de estas piezas.

El umbral establecido actualmente por la operadora es especialmente exigente, por lo que la previsión es que puedan producirse nuevas retiradas en las próximas semanas o meses. De hecho, ya hay dos trenes completos que han tenido que ser apartados de la circulación.

La principal consecuencia podría llegar si Renfe no recibe nuevos bogies a tiempo. En ese escenario, la compañía tendría que ajustar su programación y reducir el número de trenes disponibles, con el consiguiente impacto sobre la oferta de plazas para los pasajeros.

La operadora, no obstante, mantendrá los actuales criterios de seguridad aunque eso implique reducir temporalmente sus servicios. Al tratarse de una empresa pública, Renfe prioriza la seguridad de las circulaciones frente a cualquier impacto que las inmovilizaciones puedan tener sobre su rendimiento económico.

Talgo investiga el origen de las fisuras

Las causas que están detrás de las fisuras y de los indicios detectados en los bogies todavía no están determinadas. Renfe, Talgo y el resto de las partes implicadas mantienen abiertas sus respectivas investigaciones para tratar de esclarecer el origen del problema.

Hasta ahora, las anomalías se detectaron inicialmente en trenes que circulaban por la línea Madrid-Barcelona y posteriormente aparecieron indicios en unidades que prestan servicio entre Madrid y Valencia. Además, el problema se concentra en un modelo concreto de tren fabricado por Talgo.

Se trata precisamente de los trenes 106, cuya llegada a Renfe estuvo marcada por importantes retrasos. Talgo entregó estas unidades con años de demora, una situación que terminó provocando que Renfe impusiera al fabricante una sanción económica de 116 millones de euros.

Los trenes también registraron diferentes incidencias durante sus primeros meses de servicio, lo que ha aumentado la presión sobre el fabricante mientras continúan las investigaciones sobre los problemas detectados en los bogies.

A la espera de conocer las conclusiones definitivas, los bastidores cuentan con una garantía de diez años. Esta cobertura se aplicaría en caso de que el origen del problema esté relacionado con la fabricación o con los propios componentes, aunque quedaría fuera si finalmente se determina que las fisuras tienen su origen en la infraestructura ferroviaria.

Mientras las investigaciones avanzan, Renfe mantiene su política de máxima prudencia. El objetivo es evitar cualquier riesgo para los pasajeros, aunque la falta de recambios pueda acabar obligando a la operadora a reducir su oferta de alta velocidad.

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