Una imagen aérea del Hotel Princesa Sofía.

El nuevo hotel Sofia se estrena con caídas del 30%

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El icónico establecimiento barcelonés sufre un descenso de las ventas por la inestabilidad política en Cataluña

Barcelona, 24 de febrero de 2018 (04:55 CET)

Los últimos meses de 2017 fueron malos tiempos para abrir un hotel en Barcelona. La inestabilidad política por la tensión independentista en las calles minó la llegada de turistas a la capital catalana y las cifras de ocupación se resintieron. Más todavía cuando se trataba de una marca que daba sus primeros pasos como el caso de Selenta Group y el entonces recién inaugurado hotel Sofia.

El consejero delegado de la compañía, Ramón Borrell, explica a Economía Digital que el alojamiento sufrió una caída del 30% en los últimos meses del año pasado. “En nuestro caso se juntó la crisis política con la nueva marca, que todavía frenó más la demanda”, lamenta.

No obstante, la tendencia comienza a girar con el inicio de 2018. “Ahora vemos como la demanda de grupos ya se recupera y los meses de febrero, marzo y abril ya los tenemos llenos”, ejemplifica. El cliente individual cuesta más de levantar y todavía no se recuperó del varapalo sufrido tras el 1-O.

La remodelación del hotel Sofia costó 60 millones de euros

Con el rebote de las llegadas, Selenta ya logra fijar un precio medio alrededor de los 270 euros por habitación. Un coste que va desde los 200 euros de la estancia estándar hasta los 12.000 euros que puede costar la noche en una de las suites más exclusivas del establecimiento. “La nueva marca no ha hecho que podamos subir los precios, lo ha hecho la inversión que hemos hecho en el hotel”, explica el ejecutivo.

La compañía pidió un crédito de 60 millones a las entidades financieras para pagar la ambiciosa remodelación. “Unos 30 millones se destinaron a las habitaciones y los otros 30 a las zonas comunes”, desgrana. El impulso sirvió para lavar la cara a un establecimiento que durante décadas fue un emblema de la capital catalana.

"Ahora tenemos el mejor producto de lujo moderno de la ciudad", celebra. Lejos de los excesos del Hotel Mandarin y el Hotel Arts. "Volvemos a ser el producto premium que eramos cuando abrimos", añade.

Abierto a la ciudad

Pero el nuevo hotel Sofia no quiere vivir sólo del turista. "Queremos crear un resort urbano y que el barcelonés pueda venir a comer en el establecimiento", explica. Por el momento, la apuesta funciona y el restaurante Impar multiplica por cinco la facturación que tenía antes de la reforma.

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