Fachada del edificio Planeta en la Diagonal barcelonesa. EFE

Los Lara pagarán alquiler a Blackstone: ¿quién gana y quién pierde?

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Blackstone adquiere el icónico inmueble por 210 millones a la familia Lara, pero el mercado duda de que lo pueda rentabilizar

Barcelona, 12 de julio de 2018 (21:02 CET)

De consultoras a fondos de inversión, la conclusión era idéntica: “El edificio Planeta no vale lo que la familia Lara pide por él”. El escepticismo era la constante y el sector daba por hecho que el inmueble terminaría en manos de Banc Sabadell para condonar la deuda. No obstante, este miércoles Blackstone lo adquirió por 210 millones de euros. Con el grupo editorial Planeta como inquilino, la rentabilidad de la operación para el fondo estadounidense no llegará al 4%.

Para comparar, la rentabilidad de Blackstone será inferior a la que obtiene cualquier particular que alquila su vivienda en Barcelona, con unos ratios superiores al 5%. Así, el fondo de inversión aspira lograr un mayor negocio con el inmueble a pesar que existen tres argumentos para dudar de su éxito.

Mientras Planeta se mantenga como el inquilino, las zancadillas se podrán disimular, pero si las oficinas salen al mercado, segarán el interés de los posibles interesados.

Los tres argumentos para la duda

El primero de todos es el estado del edificio. Construido en 1978, el bloque de nueve plantas necesita de una importante inversión para adecuarse a los deseos de las empresas a día de hoy. Fuentes del sector estiman en “15 o 20 millones de euros” el coste de las reformas necesarias para adecuar el inmueble a los estándares actuales.

El segundo argumento es el alto precio que supone mantener verde su fachada, como explicó El Confidencial. Es otro de los factores que golpean la rentabilidad de la operación.

La tercera duda radica en la arquitectura de las plantas, un pero que ya afecta el alquiler de la Torre Glòries. Al ser octogonales quedan muchos metros cuadrados sin aprovechar, por lo que las necesidades de espacio son mayores que con otro diseño.

Por estos motivos, el consenso era que el valor del edificio era lejano a los más de 200 millones que pedía la familia Lara. De hecho, los estudios de Banc Sabadell cifraban el activo en 170 millones de euros.

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